De diarios españoles:

» En octubre pasado, la solicitud de la Justicia española de captura y extradición de Gómez Rivero por los delitos de robo agravado y daño contra el patrimonio histórico quedó en manos del juez federal Rodolfo Canicoba Corral. Mientras tanto, el ciudadano uruguayo devolvió ocho mapas del siglo XV en el juzgado que preside Ariel Lijo, que inició una investigación por la venta en Argentina de los documentos robados.

A la espera de lo que decida la justicia argentina, Gómez Rivero goza de libertad vigilada. Una vez al mes debe dejar su chalé en una urbanización privada de Pilar (50 kilómetros al norte de Buenos Aires) para presentarse en el juzgado de Lijo. En una de esas ocasiones, este periodista lo abordó en los pasillos de los tribunales. Hombre alto, robusto -cuando robó los mapas, los escondió bajo la ropa-, calvo y de tez ligeramente morena, cambió su expresión despreocupada y respondió de mal modo: «No hablo con la prensa». Siguió entonces su camino. «¡Me voy a quejar ante el juez!», vociferó creyendo que está prohibido el ingreso de periodistas a los tribunales.

Gómez Rivero tampoco quiere atender a la prensa en su urbanización, La Delfina. Un guardia armado dice que el «señor no está» e impide traspasar la barrera por la que se accede a las 50 hectáreas repartidas entre chalés, gimnasio, sauna, salones de recreación, dos piscinas, cuatro canchas de tenis y una para fútbol o hockey. Y lo mismo ocurre con su abogado, Fernando Soto, que no ha respondido a las numerosas llamadas que se le han hecho.

El juez Lijo debe tomar la decisión de si procesa o no a Gómez Rivero por estafa, que es el delito que corresponde a la venta de objetos ajenos. Se presume que Gómez Rivero vendió en Argentina los dos mapas de la Biblioteca Nacional que aparecieron en Nueva York y Sidney, y que además puso a la venta los otros ocho documentos que luego terminó devolviendo. La pena por estafa en Argentina es de tres meses a seis años de prisión, aunque si le caen menos de tres años puede no cumplirla. En España le investigan por robo, sancionado con una pena de dos a cinco años de arresto, y por un delito contra el patrimonio histórico, castigado con entre uno y tres años de cárcel.

Gómez Rivero cambió de estrategia de defensa en la causa por estafa. Cuando devolvió los mapas en octubre, presentó un escrito al juez Lijo para que lo eximieran de prisión, del que se deducía la confesión de la sustracción de mapas en España. En noviembre, cuando fue citado a declarar se negó a hablar y sólo presentó otro escrito en el que aseguraba que no sabía que los documentos eran robados. [Los había robado él]

Hay otras dos personas investigadas en Argentina porque presuntamente ofrecían en Internet los mapas sustraídos: Daniel Pastore, dueño de la tienda de libros antiguos Imago Mundi, y Washington Pereyra. [Otro que con ese nombre y apellido debe ser uruguayo]. Ninguno de los dos quiso declarar ante Lijo y presentaron escritos diciendo que desconocían que los incunables hubiesen sido robados. En Imago Mundi, la Justicia secuestró recibos de la presunta venta de los mapas. Estos días se espera el resultado del peritaje para saber si están firmados por los acusados.»


Estos son los intelectuales uruguayos que van por España, se hacen las víctimas, los han perseguido los militares, la justicia capitalista, son comunistas perseguidos, dicen; libertarios, dicen -de liberar lo ajeno .
Luego quejaos que os llaman sudacas.
Cada vez que un español lee de un latinoché, es ladrón, torturador y delincuente.
Esta es la gentuza que nos habéis mandado.
De los muchos miles de españoles que tras la Guerra Civil fueron a Montevideo, Buenos Aires, etc ¿Cuántos se dedicaron en esas ciudades, a asaltar bancos, robar y delitos de todo tipo?
Sabéis perfectamente que ninguno, porque esos tales fueron vuestros padres y abuelos.
No es la genética entonces.
Es el medio ambiente cultural.
Sociedades como la sociedad uruguaya que exalta el crimen, el robo, el delito, la estafa, la revolución, las asonadas y todo tipo de salvajismos, y eso desde la escuela, y lo podéis comprobar si alguno no me cree, visionando la estatuaria El Entrevero, luego pasa lo que pasa.

Por Armando

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