Tombstone, pero sin el shériff

Uruguay discutía en sus parlamentarios -discutían al santo botón, porque en Uruguay de la discusión entre ineptos brota la parálisis- la ley de Seguro Obligatorio de Daños a Terceros para automotores:  Sí, esos asalvajinados por no tener no tienen ni eso.

Esos que al país lo hacen bosta, y se lo comen
Esos que al país lo hacen bosta, y se lo comen

Por supuesto este seguro es de clara responsabilidad social, pero como llega el año electoral -siempre llega justo a tiempo para que ya no se pueda hacer nada, qué macana- y perjudicaría (es un decir, ellos creen que pagar perjudica) a los conductores, pues carpetazo al asunto, y la modernidad y la civilización que esperen.

Es claro que el que no puede pagar un seguro de responsabilidad civil lo que tiene que hacer es no conducir coche, porque es un pobretón y los pobres a caminar.  Es así de simple.

¿Que en los países desarrollados mucha gente conduce sin el seguro obligatorio, y no cumple la ley?  Eso es otro problema, también está prohibido robar, y violar y saltarse la luz roja, fíjate hay gente que lo hace.  Pero los reglamentos están ahí, el infractor será pasible de multas, sanciones, lo que le corresponda.

Pero una cosa muy distinta es que no exista la ley, eso es propio de países africanos de los peores (que en muchos existe) como el Uruguay.

Lo notable es el contraste entre la brutal realidad del Uruguay de hoy (donde en tres meses asesinaron a tres taxistas para robarles, entre incontables actos diarios de crimen y violencia) y los ditirambos a las glorias uruguayas que hacen los culpables, como el Dr. Sanguinetti, por nombrar a quien fue dos veces Presidente y es tenido en Europa por una gloria, y suele escribir en los papeles.

¿Qué hubiera escrito el Dr. Samguinetti en su incomparable estilo?

«la excepcionalidad de la República territorialmente más exigua de Sudamérica, que en ese primer medio siglo XX construyó por vez primera en Occidente lo que después se llamaría Estado benefactor, socialdemocracia o Estado providencia y que, en Uruguay, se ha denominado desde entonces “Estado Batllista”, aludiendo a José Batlle y Ordóñez, aquel formidable estadista, nieto de un comerciante catalán, que encabezó a la sazón una verdadera revolución pacífica. » /…/

«Cierto que en un siglo quienes continuamos la obra de aquel excelso legislador no tuvimos tiempo de aprobar una ley de Seguro Obligatorio de Daños a Terceros para automotores.  No lo hicimos los civiles abrumados por el peso de nuestra tarea pero tampoco lo hicieron los militares, que en horas aciagas del destino del país, tomaron las riendas de nuestra nación.  Lo cual es prueba cabal de que los uruguayos no valemos para nada de que se trata de una legislación puntillosa y difícil, pero que sin duda será aprobada durante este siglo XXI -que se nos promete tan lleno de exaltantes vivencias.  Y si no en el siglo XXII.»

Por Armando

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