Ya avisé yo hace años que en Uruguay, 2010, ocurriría el Colapso del Uruguay: ocurre

El Contrato Social -para los que fuimos educados en la muy roussoniana sociedad uruguaya anterior- consiste en que los ciudadanos delegan en el Estado el monopolio de la violencia y desisten de tomar la justicia por su mano.

un acuerdo real o hipotético realizado en el interior de un grupo por sus miembros, como por ejemplo el que se adquiere en un Estado en relación a los derechos y deberes del estado y de sus ciudadanos. Se parte de la idea de que todos los miembros del grupo están de acuerdo por voluntad propia con el contrato social, en virtud de lo cual admiten la existencia de una autoridad, de unas normas morales y leyes, a las que se someten. El pacto social es una hipótesis explicativa de la autoridad política y del orden social. El contrato social, como teoría política, explica, entre otras cosas, el origen y propósito del Estado y de los derechos humanos. La esencia de la teoría (cuya formulación más conocida es la propuesta por Jean-Jacques Rousseau)

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Los Comunistas uruguayos, gente malvada e ignorante, y su brazo armado los Tupamaros brutales criminales salidos de la hez de la sociedad, o que a ella regresaron por nostalgie de la boue, han transformado al Uruguay en una versión del Tombstone de Wyatt Earp:  pero sin el sheriff.  Alcanza con señalar que un diputado de ellos un anciano y delincuente por supuesto, dijo que ante los asaltantes que los mataran a balazos que él llevaba pistola.

Esto es lo que un uruguayo degradado puede entender por Sociedad Ideal: un país habitado en plan Buen Salvaje, donde las mujeres embarazadas porten pistola, el fuerte mande sobre el débil porque es más fuerte, el criminal sea impune si es de su banda o al mandamás de turno le conviene -«no toquen el fútbol, que ahí hay votos y nos perdemos papa» es su modo de medrar. Salidos de la cárcel y puestos en el gobierno por un pueblo gandul, estúpido y miserablemente pobre  -ahora mismo hay tres o cuatro huelgas, y mañana otras tantas: el mismo Presidente Mujica desde su diarrea oral en la radio llama a la gente a a la revolución y a levantarse y protestar. ¿Contra quién, contra él?

He aquí un editorial del diario El País/Monty.  Estas cosas no las cuenta Soledad Gallego Díaz en El País/Madrid

[EDITORIAL]
Itinerario criminal

El espectador podía quedar enajenado. Estaba viendo el informativo de la tarde en televisión y debió enfrentarse a un balance de los hechos delictivos ocurridos pocas horas antes, panorama cuya acumulación era capaz de abrumar a cualquier público, a pesar de que el montevideano ya está prevenido desde hace tiempo por el oleaje de violencia que invade gradualmente a esta sociedad. Pero la suma que surgió de las noticias el viernes pasado, desbordaba esos antecedentes y parecía marcar la gráfica ascendente que recorren los hechos delictivos en un medio donde antes eran sucesos ocasionales pero ahora son cada día más frecuentes y cada día más cruentos.

No hace falta estar dotado de una imaginación extraordinaria para calcular que esa curva en ascenso no se detendrá y que el futuro puede ser temible ante una legión de asaltantes que solían limitarse a robar a sus víctimas, pero ahora también disparan sus armas sobre ellas, aunque hayan recibido previamente el fruto (en dinero o en otros bienes) de su rapiña. Ese nuevo factor de la violencia -es decir, el peligro de muerte- caracterizaba en el pasado cercano a otros medios de mayor crispación criminal, como Río o Buenos Aires, pero también ha llegado (para quedarse) a Montevideo, multiplicando el temor de la gente ante la eventualidad de un asalto a mano armada y ante sus consecuencias a nivel personal o familiar.

De hecho, entre el cúmulo de episodios registrados por los noticieros del viernes, hubo una panadería que volvió a ser rapiñada -ya lo había sido en oportunidad reciente- a punta de revólver, con el previsible pánico de las empleadas del lugar y la brutal incertidumbre con que en adelante concurrirán a su trabajo. Hubo asimismo tres estaciones de servicio igualmente saqueadas, en una de las cuales el par de asaltantes empuñaba dos revólveres por cabeza, en un ejemplo de exhibicionismo cuyo origen podría rastrearse en los abundantes ejemplos de violencia delictiva que figuran en la programación cinematográfica de los canales de televisión. Empujados por un medio social lleno de carencias o por el apremio para lograr dinero destinado a la compra de drogas, delincuentes menores o mayores de edad salen a conseguir fondos velozmente, y lo hacen a sangre y fuego.

Por si faltaba algo, el viernes se agregó algún reflejo de los actos vandálicos cometidos en torno al partido clásico pocos días antes, donde se destruyeron instalaciones del Estadio Centenario y se dañaron seriamente varias unidades del transporte colectivo de pasajeros, como claros ejemplos del desenfreno que parece dominar a ciertos sectores de la afición futbolística. Por culpa de ellos, lo que solía ser una fiesta va convirtiéndose en una batalla campal donde ya no basta con hablar de inadaptados -que es la palabra preferida de los observadores más indulgentes o quizá más optimistas- sino que es preciso hablar de una profunda degradación de la cultura de este pueblo y de una desfiguración alarmante de las costumbres colectivas, mayormente a escala juvenil por lo visto. Con eso hay que contar para saber que la acción de los «inadaptados» seguirá condicionando el paisaje de las grandes convocatorias deportivas.

Por razones demográficas, la mayoría de los nacimientos en el Uruguay se producen en franjas socio-económicas marcadas por graves necesidades y un relativo desamparo, entorno que sin embargo no disminuye el afán reproductivo de parejas de progenitores a veces adolescentes y a menudo cercanas a la penuria, sin proyecto alguno para guiar la vida futura de su descendencia. Allí se genera una parte de los impulsos violentos que pueden derivar hacia el campo del delito, aunque desde luego haya honrosas excepciones a la triste regla. La urgente atención oficial sobre ese medio debe figurar entre las maneras futuras de remediar los grados de peligrosidad, para velar así por los márgenes de seguridad que el resto de la población merece y por el momento no obtiene. No hay tiempo que perder, según puede verse.

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Por supuesto los uruguayos, todos, todos incluyendo al editorialista del mejor diario del Uruguay NO se dan cuenta de donde viven, carecen de los instrumentos de conocimiento necesarios, o sea que de lo social no entienden nada, porque en gran parte los uruguayos SIMULAN el conocimiento.

Ni aun cuando va en contra de sus mismos y claros intereses se dan cuenta, porque analizan todo en una visión idealizada de un pasado que se les vino abajo.  Cuento un caso concreto.

Cuando discutieron la legislatura pasada de una ley de Aborto Libre y Gratuito, este mismo diario pelucón y de derechas estuvo en contra.  Por supuesto que sus hijas e incluso sus mujeres abortan si les conviene, pero la hipocresía nacional no deja admitir lo por por todos sabido.

Es mucho mejor matar a esos fetos de delincuentes en la concha de su madre -por humanidad-  que tener que matarlos después.

Es la razón admitida del descenso de la criminalidad en New York: la ley de 22 Enero 1973 extendida por la Suprema Corte a todos los EEUU tras el caso  Roe v. Wade.

Perfectamente explicado con lujo de estadísticas en el capítulo 4, Where Have all the Criminal Go? del libro Freakonomics, de Levitt y Dubbner.

¿ Que Ud no puede ir a la librería y comprarlo?  A mi qué me importa que Ud es pobre e ignorante y simula entender de las cosas.

Por Armando

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