Simplemente es un país muy grande, en tamaño, y casi deshabitado por suerte para ellos

Solamente la mentalidad enana que sus políticos le han inculcado para aprovecharse de ellos les hace creer que son pequeñitos y que no sirven para nada.
(Entre pistoleros y sofistas no se enteran.)
Uno de los más elocuentes y responsables de esa falacia ha sido el Sr. Sanguinetti.
Un pequeño grande

Julio María Sanguinetti El País/Madrid Lunes 21 de marzo de 2005

En su célebre Historia del Siglo XX, Eric Hobshawn, al abordar las Américas en el periodo que va hasta la Segunda Guerra Mundial, escribe: «La lista de estados sólidamente constitucionales del hemisferio occidental era pequeña: Canadá, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos y la ahora olvidada ‘Suiza de América del Sur’ y su única democracia real, Uruguay».
Este juicio de un historiador marxista apunta a la excepcionalidad de la República territorialmente más exigua de Sudamérica, que en ese primer medio siglo XX construyó por vez primera en Occidente lo que después se llamaría Estado benefactor, socialdemocracia o Estado providencia y que, en Uruguay, se ha denominado desde entonces «Estado Batllista», aludiendo a José Batlle y Ordóñez, aquel formidable estadista, nieto de un comerciante catalán, que encabezó a la sazón una verdadera revolución pacífica.

Su legislación humanística comenzó con la abolición de la pena de muerte (1906), la prohibición de las corridas de toros (1912), la regulación de la investigación de la paternidad (1914) y el divorcio (1907), que alcanzó una particularidad inédita: darle a la mujer el derecho de disolver el vínculo matrimonial sin expresión de causa, en un procedimiento no contencioso que impedía al marido oponerse, pretendiendo así mitigar el desbalance moral que significaba para la mujer aportar pruebas de testigos sobre su condición de víctima de malos tratos o cosas parecidas (lo que hoy se llamaría discriminación positiva por razón de género).

El proceso de secularización del Estado, que ya venía dándose desde 1876, con la escuela laica, gratuita y obligatoria, alcanza bajo el liderazgo de Batlle y Ordóñez la profundización definitiva, cuando comienza por retirar los crucifijos de los hospitales públicos (1906), en dura polémica con el escritor José Enrique Rodó, diputado de su partido, y culmina en 1917 con la definitiva separación de la Iglesia con el Estado. Ello condujo hasta el cambio de los nombres religiosos en el calendario oficial, que aún hoy llama a la tradicional Semana Santa como Semana de Turismo, cosa popularmente aceptada, y al de Navidad, Día de la Familia, lo que nunca se hizo hábito.

La legislación social irrumpe pioneramente con la ley de 8 horas y descanso semanal (1911), la de prevención y seguro de accidentes de trabajo (1914) y sigue en aquel tiempo por todas las modalidades hoy usuales del derecho laboral.

El proceso del intervencionismo económico arranca con medidas de protección arancelaria y emprende luego la construcción de una suerte de capitalismo de Estado que empieza con el monopolio portuario (1908), sigue con la nacionalización del Banco de la República (1911), el monopolio estatal de los seguros (1911), el monopolio de la navegación de cabotaje (1911), la nacionalización del préstamo sobre hipotecas (1912) y el monopolio de la energía eléctrica (1912), entre tantas otras acciones que configuraron aquel Estado que pretendía la adaptación de la filosofía liberal con la aspiración solidarista.

Este proceso, que hoy puede ser mirado con ojo crítico para la mentalidad actual, fue el que expandió la clase media, al integrar a la sociedad a los inmigrantes, especialmente españoles e italianos, y desarrollar una distribución del ingreso que continúa como la más equitativa de toda América Latina. Así lo dicen los números de CEPAL, a través del famoso coeficiente GINI, aún en el ominoso 2002 de la crisis.

Esta democracia se vio alterada por la irrupción, en los años sesenta, de un fenómeno de violencia política que terminó desestabilizando al país para caer, en 1973, en la oleada de golpes de Estado que se expandía por la región. Fueron años terribles, especialmente para una sociedad no acostumbrada a la privación de sus libertades. Pero en 1984 se retornó a la democracia con amplitud y sin la recaídas que tanto mortificaron a la vecina Argentina y a otros Estados vecinos. El país fue creciendo bajo varios gobiernos hasta que en el 2002 la crisis argentina arrasó con la banca uruguaya, generó una caída económica del 14 % del PBI en un año, un aumento de la pobreza y, naturalmente, un malestar profundo, especialmente en esas clases medias en que se reclutaba la mayoría de los ahorristas perdidosos.

No era de extrañar entonces que en la elección de 2004 ganara la oposición, en este caso una coalición de izquierdas (Frente Amplio, Encuentro Progresista) que ya había roto el histórico bipartidismo de colorados y blancos cuando en las elecciones de 1994 y de 1999 había estado muy cerca de la victoria. Su crecimiento electoral fue paralelo al abandono de la vieja actitud revolucionaria para sumar fuerzas diversas, unas de retórica marxista, otras más moderadas, pero todas coincidentes en dos circunstancias: una oposición sistemática y una defensa acérrima del statu quo del viejo Estado Batllista. En momentos en que los partidos tradicionales, encabezados por el propio Partido Colorado, proponía reformas en ese Estado para adaptarlo a estos tiempos de competencia, la coalición se ubicaba en la intransigente defensa de aquel viejo Estado interventor, dejando a los herederos de su creador como parricidas.

El hecho es que el 1º de marzo la coalición asumió el Gobierno del país bajo la presidencia del Dr. Tabaré Vásquez. Y que ello ocurrió sin la menor inquietud en ningún ámbito, desde el cambiario hasta el militar. Testimonio llamativo de lo que es la reconquistada solidez institucional de esta república, presidió la sesión parlamentaria inaugural un viejo guerrillero que en 1984, cuando se recobró el sistema, estaba preso y juzgado, no por la dictadura sobreviviente después, sino allá en 1972 por la justicia ordinaria.

Todavía sobreviven secuelas sociales de la crisis del 2002, pero el año pasado, el 2004, cerró con un crecimiento económico del orden del 12 % y una temporada turística brillante, que marcan un momento expansivo y abren esta nueva etapa bajo buenos vientos. El presidente Vásquez vive el desafío de armonizar su propia fuerza, entre el nuevo ministro de Economía, un viejo demócrata cristiano de línea moderada, con las corrientes más radicales. Las primeras definiciones se han puesto ya en la línea de la continuidad con el vilipendiado pasado. Pero sobre todo esto hablarán los tiempos y los días. Lo realmente trascendente es que luego de 20 años de la restauración democrática, pasados tres gobiernos colorados y uno blanco, accede ahora una fuerza que nunca había estado en el poder y el Uruguay lo vivió aún con más tranquilidad que, cuando en el lejano 1958, ganaron los blancos luego de 93 años de gobiernos colorados. La vieja democracia que Hobsbawn veía como única, preserva, más allá de todos sus avatares, su tradicional espíritu.

Julio María Sanguinetti es ex presidente de Uruguay

Esbozo de un comentario
Armando Gascón Lozano. Buckingham, Reino Unido

Los temas tocados en este artículo merecen un análisis cuidadoso, sería interesante referirse a los resultados de los dos gobiernos del Sr. Sanguinetti, que si observáis, con una delicadeza que le honra, fruto de su reconocida hombría de bien, se abstiene de señalar que en esos veinte años fue presidente dos veces, y hombre poderoso ahora y siempre: alguna responsabilidad tendrá.

Un problema es que, como sagazmente apunta Borges, los uruguayos no conocen para hablar de sus cosas otro estilo que el ditirambo. Es significativo que el ditirambo era un elogio desmedido ante las victorias de caudillos triunfantes, callando realidades incómodas.

Apuntaré aquí que el título ya es falaz: «Un pequeño grande». Uruguay no es pequeño: es tan grande como Inglaterra, Gales y Bélgica juntos, que gozan de un standard de vida unas veinte veces superior y habitados por más de cincuenta millones de personas. Esa relación de bienestar era inversa en 1949, por ejemplo. Esa decadencia es culpa del gobierno y del Estado Batllista, que lo llama Sanguinetti y que otros conocemos como «Comunismo Chapa 15», y de sus efectos sobre la mentalidad de la ciudadanía.

Otra falacia Sanguinetera sobre el tamaño del Uruguay es que sea el país más democrático de América Latina y «territorialmente más exigua» de Sudamérica, cambiando astutamente la referencia geográfica, lo que no será percibido por el español que leyera el artículo. Costa Rica y otros de Centroamérica son más pequeños que el Uruguay, pero si dice que es el más pequeño de Sudamérica, no de Latinoamérica, sería cierto porque Ecuador es más grande. Pero está engañando en plan trilero, porque el europeo ha entendido mal, ha entendido otra cosa: No lo que realmente es, sino lo que el Sr. Sanguinetti -una argucia de abogado- quería que creyera, que el Uruguay sería así como el país más pequeño de Latinoamérica, lo que no es el caso, y de esa manera disculpar carencias: Decir que el Uruguay es un país pequeño es como llamar  ‘el enano más grande del mundo’ a una persona de estatura normal.

Pruebas
He aquí una lista de países más pequeños que el Uruguay y ciertamente nada insignificantes.

Uruguay el más grande

[(*) Eran en Irlanda (República o Eire) 3,5 millones como Uruguay, pero por la inmigración de ‘polacos’ Irlanda tiene un brusco aumento de población: edad media 33 años. ]

* Que Surinam, que está en Sudamérica continental, es un país más pequeño que el Uruguay. Así que de ninguna de las maneras es Uruguay el país más pequeño de Sudamérica.
* A notar que Inglaterra más Gales y Bélgica sumarían más de 65 millones de habitantes en un territorio casi del tamaño del Uruguay con un standard de vida incomparablemente superior. Qué decir de Inglaterra, un país importantísimo, mucho más pequeño que Uruguay, con más de 50 millones de habitantes y todos comen de lo suyo: Inglaterra exporta carne vacuna a Europa. [Escribo Inglaterra y eso quiero decir. Gran Bretaña es más grande que el Uruguay porque incluye Escocia y Gales. Entre los tres son el doble del Uruguay aproximadamente.]
* Que Portugal es casi la mitad de grande que Uruguay, con 10 millones de habitantes, es un país muy pobre -muchos portugueses no tienen zapatos, que lo he visto yo con estos ojos: y carteles que decían “Governo mata de fome a o povo” he visto- y están invirtiendo en Uruguay, habitado por el Homo batllista y benedittesco.

* Que Israel cabe dentro de Tacuarembó e Israel está lleno de uruguayos que se han largado, hartos de batllismo, pero en Uruguay se quedan los judíos comunistas, funcionarios universitarios escribiendo disparates.
* Que Islandia es mucho más pequeño que Uruguay, está en el Círculo Polar, no crecen ni árboles, la mitad del año bajo hielo, la tierra es pobrísima, sólo tienen un poco de bacalao y volcanes, y son más ricos que la Unión Europea.
* Que Cuba es mucho más pequeña que Uruguay, con casi cuatro veces más habitantes.

Este el estilo del fino abogado Sanguinetti, y esto de minimizar el tamaño del Uruguay es además habitual en el uruguayo, que no quiere enterarse por ejemplo de que Israel es diez veces más pequeño que el Uruguay o que Islandia es una pequeña isla cubierta de hielo pero ahí la gente no mata y muere por una botella de cerveza como pasa en el Uruguay post-batllista o sea comunista.

Es como grotesco cantar loas de 1906 -aún existía hasta el Imperio Austro Húngaro, el Imperio Inglés, hasta Bélgica tenía un imperio en 1906- para ocultar la incapacidad de resolver los problemas del 2005.
Es contar y no acabar: el Comunismo Chapa 15 ha construido y ha destruido a su país; esas cosas pasan: tal como el filósofo Cioran dijo de la España de los años 40 «que valía la pena ir a conocer un país construido y destruido por la Iglesia». En este caso, el Uruguay ha sido construido y destruido por el Batllismo/socialismo.

El Homo batllista.
El hecho es que el Comunismo Chapa 15 ha creado un tipo humano en su país que me adelanto a bautizar como el Homo batllista Gascón, 2005.
Reclamo la absoluta paternidad del concepto, y su nombre que por primera vez leéis. Ya me extenderé sobre las características del Homo batllista en un ensayo que estoy escribiendo. Como todas las especies tuvo su apogeo, ahora está en decadencia y quizás ya sea una especie en peligro de extinción.

Está clarísimo que el Batllismo como ideología gobernó siempre -sea directamente o porque el Homo batllista ya no puede concebir alternativas’ también durante los gobiernos del Partido Nacional o de los militares. Es extraordinario que los guerrilleros que atentaron contra la democracia batllista, hoy dicen que son batllistas, pero ya señaló el Premio Nobel Naipaul en The Return of Eva Peron with The Killings in Trinidad (seguro que en Uruguay ocultan que ese libro existe, y que trata del Uruguay) que la rebelión de los Tupamaros era el coletazo agónico del batllismo, hijos del Comunismo Chapa 15.

Me explicaré con una parábola.

Había una vez un señor que hizo una película pero fue un fracaso, no gustó, la gente no la quería ver. Eso lo enfadó mucho.
» Escribo el guión, dirijo la película, trabajo como actor principal yo y mi señora y mis hijos, hago la fotografía, creo y ejecuto la banda musical, hago yo el montaje, me encargo de la propaganda y la distribución. ¡ Y lo primero que sale mal me echan la culpa a mí !»

[nota. Este artículo reemplaza otro del año pasado que por querer insertarle la tabla estadística como un gráfico, para que se viera mejor, se me hizo polvo todo. Válate dios la hornada, Jesusín, como le dijo el cura gallego a un muerto que lo quemó en un horno.]

Por Armando

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.