En Uruguay las «Iglesias Evangelistas», Pare de Sufrir y similares son negocios que se lucran del fanatismo, la pobreza, el desempleo y la desesperación. Aparte de engañar no dan nada

Con el Colapso del Uruguay que ocurrió en los años 70 y la degradación de toda su vida social florecen una serie de Asociaciones para Delinquir que la van de Iglesias, Templos y Religiones.

No me refiero a las religiones establecidas y de toda la vida, como la Católica, y los Judíos e incluso alguna protestante decente hay, sino a una ola de necedad histérica que se ceba en el desempleo, la pobreza, el crimen, la droga, y la desesperación.  Llegados generalmente de Brasil, o imitándolos, estos predicadores sacapesos les prometen a los necios incautos del lumpen uruguayo Un Milagro.  A cambio de dinero por supuesto, envíen su donación e fará o milagro.

La lista es casi interminable y asombrosa; llega uno a la conclusión que contra la visión triunfalista que la clase profesional tiene de su país, el Uruguay es un pueblo de idiotas estafado por seres sin escrúpulos, ante la risa cómplice de Sanguinetti y de todos los demás gobernantes nefastos y estafadores que ha tenido el Uruguay desde que volvió la democracia y sobre el pueblo engañado cayó una bandada de ladrones numerosa.

La cretina Inteligentsia uruguaya tiene mucha culpa de esto. Dedicados a deplorar los males que ellos mismos causan escriben con desprecio sobre estas lacras sociales sin que ninguna acción positiva del gobierno al menos palíe tanto descaro y sin aportar ideas que palíen tanto desmán.

Ocurre que en Uruguay las iglesias no pagan impuestos (simplifico un poco, pero en esencia es así), ley que pudo ser buena cuando a principios del siglo XX la católica y algunas protestantes decentes eran lo único que imaginaba la Inteligentsia colorada de entonces.

Pero las cosas cambiaron; los ladrones vieron aquí una oportunidad de medrar, políticos colorados corruptos también vieron en los Moonies otra fuente de coimas, en Umbandá una fuente de votos, y una jauría de lobos se ceba ahora sobre un pueblo atontado, mientras los comunistas miran para otro lado: no, peor, ellos mismos medran de esta bazofia social.

Veamos lo que escribe uno de la Inteligentsia uruguaya, un asqueroso comunista de estos que deploran los males que ellos mismos causan :

No se puede hacer nada, quizá, contra los estafadores profesionales que fundan iglesias: la ley protege la libertad religiosa. Pero el crecimiento de estos grupos de criminales protegidos por la Constitución es posible porque disponen de víctimas. Y disponen de víctimas porque lo que se podría hacer no se hace: educar para dar herramientas críticas a las personas, estimular su independencia intelectual, su creatividad y su inteligencia.
[ vaya blableta, siempre la blableta uruguaya de educar; cuando el lumpenaje con 13 años balea trabajadores impunemente esto no es cuestión de la enseñanza ]

El vaciamiento del espacio central de la ciudad es parte del fenómeno. Pero los grupos de estafadores profesionales se legitiman también de otras maneras.
La adquisición de una centralidad espacial es importante en el plano simbólico, aunque el centro haya perdido, para una parte de la población, la capacidad de representación espacial de la comunidad. Si bien las iglesias de la estafa mantienen sedes en los barrios, es decir, cerca de donde viven sus víctimas, han venido haciendo un notorio esfuerzo por asentarse en el centro de la ciudad. Por un lado existe la ventaja de la buena comunicación a través de la red pública de transporte; por otro lado, la tugurización del centro ha aumentado allí la densidad de habitantes de bajos niveles económicos y educativos; pero lo más importante es el prestigio que adquiere la iglesia que se instala en el centro. Es una conquista, una avanzada, una apropiación de territorio.

El otro ingrediente fundamental para la legitimación de los vendedores de milagros (una de estas iglesias entrega a sus fieles una libreta como la de los viejos almacenes montevideanos, donde se van anotando los favores recibidos, y en una columna parelela, el costo del Señor, en pesos) es su absoluto dominio de las radios. A las diez y media de la noche, de 21 radios AM en el aire, 9 tienen programas religiosos. A las dos de la mañana hay 14 radios emitiendo, todas con programas religiosos (aunque dos de ellas encubiertos en forma de secciones de periodísticos)

Un caso de centralidad mediática similar al del fenómeno urbano es el de una radio de gran audiencia, que durante el día apunta a un público con cierto nivel educativo y capacidad de juicio crítico. Desde las dos de la mañana la emisión la ocupa una iglesia cuyo discurso se articula en torno a dos temas: el descrédito y el ataque sistemático a los políticos; y el ataque histérico a los homosexuales. Salvo por un interés sociológico de los oyentes, difícilmente la audiencia diurna coincida con la que escucha la emisora a partir de la madrugada. Pero esta iglesia insiste en pagar cerca de un centenar de miles de dólares -al contado, y por adelantado- al año para mantenerse en esa radio de gran alcance y audiencia.
Tanto en la búsqueda de centralidad urbana como de centralidad mediática, obviamente el resultado económico es positivo para estas empresas productoras de salvación eterna, otorgadoras de pasaportes al paraíso a precios módicos.

La demanda de milagros
Hay una demanda, dirán los dueños de las radios a quienes les llegan fondos crujientes como lechuguitas tiernas, de manera que sería tonto -y hasta antidemocrático, pardiez- negarles el espacio. Así les va a esas radios que se mantienen empecinadamente exentas de milagreros: a esas, sólo un milagro las va a salvar.
Por otra parte, la censura sería, además de un atropello inaceptable, completamente inútil. La emergencia de este fenómeno no depende de los medios, sino que obedece a una energía imposible de parar: la energía de la desesperación, de la miseria, de la ignorancia.
La política educativa del Estado no parece encaminada a solucionar esto, sino más bien a profundizar la indefensión. Su objetivo explícito es formar personas que puedan acceder al mercado de trabajo cada vez más jóvenes. Eso significa sacrificar humanidades a favor de manuales de operación de un surtido de dispositivos. Menos capacidad crítica, mayor facilidad para la aceptación, un estado anímico de dependencia, y por lo tanto de desesperanza, campo propicio para estos pescadores de billeteras.
Las medidas directas sobre la realidad que toman los gobiernos, si no atacan el origen de los problemas, están destinadas al fracaso. El esfuerzo de la Intendencia de Montevideo por recuperar el centro recibe un golpe de mínima energía con máximas consecuencias: el cine Trocadero convertido en iglesia corre hacia la Ciudad Vieja la desmantelada zona exterior a Ejido. La disolución funcional del edificio del diario El Día, la desertificación de las galerías comerciales entre Ejido y Yaguarón, y ahora la avanzada territorial de la pandilla de dios, terminarán por condenar una cuadra clave del centro de la ciudad.

Pero realmente eso no tiene importancia, y más bien es positivo, porque permite ver con más claridad la realidad: que somos unos brutos, unos inocentes; que no nos decimos la verdad; que nos gusta creer que somos cultos; que protegemos con la Constitución a los más despiadados estafadores imaginables, aquellos que engañan a quienes quisiéramos mantener descentrados: los miserables, ignorantes, analfabetos, desesperados, la enorme mayoría de nosotros, los otros.

Y quienes escribimos de estas cosas, para decirlas o callarlas, no somos menos torpes e incultos: cerramos los ojos, nos tapamos los oídos, o gastamos aire en exclamaciones airadas cuando unos brasileros que te sacan lo mismo un demonio que una almorrana no nos dejan ver la última de Walt Disney.

Henciclopedia, Exorcista

Háblame, Musa, de aquel varón de religioso brío y poderosa carga hormonal, que con dionisíaca gestualidad y ditirámbica labia estremece las noches pelágicas de la radio.

Hoy escuché sólo cinco exorcismos.
¡Sai demonio, sai, sai, sai demonio! ¡Deixa livre esa povre criatura! Con esto, en una batahola de alaridos, suspiros de agonía, y lejanos ululares de la multitud estremecida en la platea, el primer demonio abandonó el cuerpo de una joven que, ya liberada, expresó: ah, ya fui revelada. ¿Se siente mejor ahora?, preguntó entonces el exorcista; sí, ahora estoy perfectamente; aquello era imposible, la verdad, respondió la desposeída. ¡Alabado sea el Señor!, gritó entonces el técnico en extracciones satánicas. Los otros cuatro demonios salieron por efecto de trámites parecidos. Sai demonio, estoy revelada, gracias; sai, sai, sai.
Fue una noche intensa. Nadie sabe que significa estar revelado, pero no importa.

Normalmente, escucho como máximo tres exorcismos cada noche. Pero los tiempos son difíciles, el fin está cercano, los demonios acechan debajo de cada baldosa suelta.
Los exorcismos se propalan en Montevideo a través de tres o cuatro radioemisoras. En cambio, el hardcore de la fe se desarrolla durante tres horas ininterrumpidas en una sola radio. Música y alabanzas al Señor, con historias de milagros y conversiones emocionantes a la fe verdadera. Como plato principal, un discurso grabado de un eclesiástico.

Los temas son variados: Satanás acecha en forma de culo sabroso; Satanás, en forma de culo sabroso, acecha; Satanás, sabroso, acecha en forma de culo; en forma de culo sabroso, acecha Satanás; acecha Satanás en forma de sabroso culo.

Quisiera poder expresar con justicia el color marrón viscoso de sus discursos.

Henciclopedia, Hardcore de la fe

UNA MODESTA PROPOSICIÓN, de armandobronca

Como comprueban los mismos que lo critican dicen que no se puede hacer nada, porque Uruguay es el país del no se puede, y para más no poder eligieron a un viejo inútil y a su vieja inútil.

OBRA SOCIAL EN TODAS LAS IGLESIAS.  Esta es mi proposición: que para continuar con su corruscante exención de impuestos (en un país con 22% de IVA, e irpf) todas las iglesias deben tener Obra Social, es decir, dar de comer a hambrientos, de dormir en locales apropiados a niños de la calle, repartir de ropas y frazadas, educar y en general ayudar a la población.

Como los católicos y protestantes decentes y los judíos ya lo hacen, esto obligará a las iglesias del robo. Y por supuesto se les debe controlar sus dineros, con inspectores apropiados.  Sí, ya sé que los coimearán, pero una coima es una especie de impuesto por funcionario cobrado directo.

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La gente se está muriendo de hambre y frío y los niños delincuentes duermen en la calle. Haz algo, viejo gandul, inútil total.  ,,

Por Armando

Un comentario en «Uruguay: Exigir a las Religiones, Obra Social»
  1. Por suerte el cine Trocadero ya lo dejan.
    En verdad que ha sido una buena noticia poder recuperar aunque sea un pedacito de ciudad.
    En Los Angeles tomaron el Million Dolar Theatre en el Downtown y generaron un ejército de vagabundos como no había en la época del auge del teatro.
    En Almería ingresaron a fines del 2007 y se instalaron en el Centro Administrativo en un local de planta baja.
    Creo que la fe mueve resortes positivos en la gente,pero realmente creo que estas personas juegan con la desesperación de la gente y aniquilan su independencia.

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