D’Elía es un piquetero (=un terrorista) argentino muy famoso en su país por apalear opositores al gobierno de turno, él y su banda de terroristas.
Salta a cierta notoriedad internacional porque Mario Vargas Llosa se refiere a semejante bárbaro tras sufrir la violencia terrorista en Argentina: unos piquetes enviados por el gobierno de los Kirchner apedrearon el autobús donde iban a unas conferencias, esos peligrosos intelectuales.
Lo comenté en
Vargas Llosa agredido
http://35.181.69.170/la-decadencia-de-argentina-vista-desde-rosario-por-un-intelectual-latinoamericano-testigo-de-excepcion/

Ahora publican en Argentina que este criminal, asaltante de comisarías y todo, ES MAESTRO y lleva 20 años cobrando sin trabajar.
terrorista y ñoqui
http://www.lanacion.com.ar/EdicionImpresa/politica/nota.asp?nota_id=1008051&pid=4350092&toi=5940

Delincuente al mando del poderoso de turno, ahora sus colegas argentinos se rasgan las vestiduras; pura envidia, ellos harían lo mismo si pudieran.
Como todos los maestros no valen para terroristas, incluso si son argentinos, se dedican a formar a otros para que lo hagan por ellos, ensalzando continuamente la violencia, el crimen, el robo y el delito.
Es la Formación del Espíritu Nacional Argentino.
A ver si se habían creído que esa gente sale de la nada. El argentino sale de la escuela ya bien formado y para toda la vida.

Como comenta Vargas Llosa D’Elía odia a todos los blancos. El es blanco, claro. Pero a la hora de robar las razones son un detalle:

«¿Cuál revolución? La del odio. Lo explica muy bien el líder piquetero Luis D’Elía, afirmando que la culpa de esta movilización de agricultores contra el gobierno la tienen “los blancos“. Añade que él “odia” a los blancos del Barrio Norte y quisiera “acabar” con todos ellos. Pregunto a mis amigos argentinos qué quiere decir el líder piquetero con aquello de “blancos”. Porque, por donde yo miro, en la Argentina, por más esfuerzos que hago, sólo veo blancos. ¿Quiere acabar, pues, el piquetero con 40 millones de sus compatriotas? No veo argentinos negros, ni cholos, ni indios, ni mulatos, salvo turistas o inmigrantes: ¿únicamente a ellos está dispuesto D’Elía a salvar de sus fantasías homicidas y racistas?

Unos días más tarde, tengo ocasión de inspeccionar muy de cerca a un par de centenares de piqueteros que emboscan el autobús que me lleva, de la Bolsa de Rosario al local del Instituto Libertad, que cumple 20 años, un aniversario que un buen número de liberales del mundo entero hemos venido a celebrar.
Como quedamos inmovilizados por la joven hueste de don Luis D’Elía -o tal vez alguna peor, pues ésta es sólo ultra, y en la Argentina hay ultra-ultra y más- entre 10 y 15 minutos en la Plaza de la Cooperación, mientras ellos, imbuidos de la filosofía de aquel mentor, destrozan los cristales del autobús y lo abollan a palazos y pedradas y lo maculan con baldazos de pintura, tengo tiempo de estudiar de cerca las caras furibundas de nuestros atacantes.
Son todos blanquísimos a más no poder. »
M V Ll

Por Armando

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