Roman Abramovich disgustado porque no le entregan a tiempo el yate más grande del mundo para ir al mundial de fútbol en Sudáfrica

Roman Abramovich es un oligarca ruso que puede valer su fortuna 15 mil millones de dólares, en un día malo.  Como todos los oligarcas de la Rusia post-soviética, donde hace 20 años no había ni un millonario, Abramovich es judío.  Lo que no es racismo ni antisemitismo, sino demostración de que en esta vida, el que vale, vale y el que no vale, a guardar coches y mangar dinero para vino en las esquinas de Montevideo o cualquier otra ciudad africana.

Le están construyendo su ECLIPSE el yate más grande del mundo jamás hecho, en los astilleros alemanes Blohm & Voss en Hamburgo que construyeron el acorazado Bismarck.  El Eclipse es un poco más corto que el Bismarck, y dicen que tiene dentro un submarino y está armado con misiles antiaéreos.

Oficiales, marinos y soldados rusos lo manejan
Oficiales, marinos y soldados rusos lo manejan

El Eclipse cuenta con dos helipuertos, dos piscinas, 24 suites para sus amigos y el dormitorio de Abrámovich y su novia Daria Zhukova tiene un techo deslizable, para que los triunfadores puedan hacer el amor bajo las estrellas.

La construcción va un poco retrasada, por los detalles de lujos -oro, maderas finas, jaspe y alabastro- y el dueño del club de fútbol Chelsea se ve obligado a usar su otro yate, el Sussurro, de apenas 50 metros y a veces usa el yate que le entregó a su mujer Irina al divorciarse, el Pelorus de 115 metros.

También va retrasada la construcción en Bremerhaven, Alemania, de otro yate que encargó, el Luna de 114 metros.  Abramovich tenía cuatro yates, pero vendió hace poco el Ecstasea pensando que le iban a entregar a tiempo el Eclipse, le regaló Le Grand Bleu, a su socio Evgeny Shvidler, el Pelorus para la mujer y se ha quedado limitado mayormente a usar el Sussurro.

Teniendo en cuenta que al caer el comunismo Abrámovich era un huérfano sin estudios perteneciente a una minoría racial denostada, esto de él es una especie de justicia divina y no tenemos más remedio que desearle una buena singladura.

Por Armando

Un comentario en «Los Yates del Oligarca»

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