‘El Sueño de España’, un poema que debería ofendernos por tratarnos de lerdos y atorrantes sin remedio este tuberculoso poeta finlandés

Este poema fue traducido, con ciertas ayudas, por Antonio de Zayas, poeta y diplomático franquista, miembro de la nobleza y facha perdido.

Gryppenberg, lo llama así De Zayas, cuesta encontrarlo con ese apellido equivocado, en la Wikipedia en francés tiene un esbozo de artículo con su verdadero nombre, Bertel Gripenberg, 1878-1947.

Emilio Quintana tiene un buen estudio sobre el libro de Zayas, «Noches Blancas» donde traducen -el plural se impone, porque se lo tradujo otro- a Carl Snoilsky y a Bertel Gripenberg.

Veamos lo que dice De Zayas en Noches Blancas sobre los elevados pueblos nórdicos, transido de sentimientos muy justos de inferioridad …

Triste hubiera sido también, no obstante, todo libro que tratase de estudiar el progreso escandinavo; desolador comparar, por ejemplo, el florecimiento de la higiene en la casa solariega de los godos, con la criminal indiferencia que a los españoles merece tan copiosa fuente de energía; amargo un parangón entre nuestro concepto y el concepto sueco de la política; abrumador observar el contraste entre nuestra indocilidad nativa y el hondo respeto al principio de autoridad que labra la ventura de los pueblos del Norte.

Vaya, así que los godos verdaderos se bañaban, y los maragatos -o sea los moros gatos de España no, oye, así cualquiera.

El sueño de España

de Berthel Gryppenberg, :-(( traducido por Antonio de Zayas, duque de Amalfi

En un hondo letargo de desierto

duerme el pueblo español altivo y rudo:

para las lides del Progreso muerto,

la vida acepta con desprecio mudo.

 

Soñar con el pasado le divierte

y con la gloria que alcanzara un día:

es su sueño el que acaba con la muerte

y su paz la que sigue a la agonía.

 

En un silencio de desierto, España

toda labor fructífera desdeña,

del sol en la alba claridad se baña,

y siempre altiva e indolente, sueña.

 

Sueña a la falda de desnudos montes

bajo laureles, junto a exhaustos ríos,

mientras borra sus torvos horizontes

el tórrido vapor de los estíos.

 

No turban la vejez de sus solares

que se derrumban al trepar la hiedra,

ni consiente clamores populares

ni el humo fértil del carbón de piedra.

 

Hombre del porvenir, vano es tu empeño

de despertar la España legendaria

que, refugiada en la región del sueño,

aún tiene para ayer una plegaria.

 

No despiertes, España, del profundo

sopor de las pretéritas edades

aunque el cimiento a conmover del mundo

sientas venir tremendas tempestades.

 

Duerme, duerme, país maravilloso,

bajo el azul intenso de tu cielo,

que es tu atávico sueño más hermoso

que de otras razas el febril anhelo.

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Ciertos progresos hubo, es notorio, desde ese principio del siglo XX que escribía de Zayas, el duque de Amalfi, en 1905, precisamente por gente que no se tiraba a la bartola, gente que sabía que los españoles en el siglo XIX ese del que habla el tuberculoso poeta finlandés pero los españoles trabajaban hasta los domingos -de Zayas parece que tampoco lo notaba, como era rico y poeta y duque se levantaba tarde de la cama- querían progreso, justicia y libertad y si no hubiera sido por la bestialidad de la iglesia y de las clases superiores que querían dormilar y que todo siguiera como siempre, no hubiera habido ni guerra civil ni retraso.

Zayas, duque de Amalfi, por supuesto coincidía con esa visión retrógrada de España, es lo que era él.

En un silencio de desierto, España

toda labor fructífera desdeña,

del sol en la alba claridad se baña,

y siempre altiva e indolente, sueña.

¡Anda, si hubiera escrito yo eso en vez de Gripenberg y el duque de Amalfi, lo que dirían de mi, de anti-español lo menos que me dirían.

Ahora que perece España y vivimos en el Reino Bananero Africano de Sinapia, esta gente votó precisamente a lo peor y más ladrón del país, a lo de siempre, esto que se vive son los resultados y cuando voten a la duquesa de Aguirre, otra tan progresista como el Duque de Amalfi, cosa segura, a peor aún.

 Para saber más

El modernismo desde Suecia. Noches blancas (1905) de Antonio de Zayas (1),

por Emilio Quintana

☼  Bertel Gripenberg

Antonio de Zayas-Fernández de Córdoba y Beaumont, duque de Amalfi

☼ Carl Snoilsky

,,

Por Armando

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