Un ejemplo argentino de cómo cagar más gordo que el culo

Con perdón, oiga.  Pero es que esto no puede ser.  Si al público se le proponen disparates y claro nada se hace porque el disparate es imposible, la gente llega a la conclusión de que es todo pura charla barata. La opinión pública pesa mucho en esto como en todos los temas.

En el diario La Nación de Buenos Aires publican un plan de planta energética Solar de Potencia combinada, pues con lo que se le ocurra con el rimbobante y patriótico titular

Una iniciativa argentina en energía solar térmica

El artículo empieza lleno de envidia hacia España, que hace las cosas como se pueden hacer, pero naturalmente los argentinos lo van a hacer mucho mejor que nosotros, dónde va a parar.

Conocí en la feria Innovar de hace unas semanas a Martín Sánchez de 33 años, licenciado en Administración en la UBA. Estaba mostrando en un gran LCD un novedoso proyecto de energía solar como los que vimos que hacen los españoles.

Tuve luego la oportunidad de tomar un café con Martín para que me cuente en detalles este fascinante proyecto pensado de manera sustentable en prácticamente todos sus aspectos.

Así que este coso no es ingeniero, pero es fascinante con un cafelito el administrativo.

Martín estaba preocupado por la racionalización de electricidad aplicada al noroeste del país en las épocas de calor agobiante. Me contó que muchas fábricas debían cortar la producción para que la Capital Federal pudiera prender sus aires acondicionados.

Siempre egoístas los porteños y a los pajueranos les mandan apagar la luz para que ellos estén frescos mirando la tele. Y la mitad ni pagan la luz por todo el morro, o sea.

Primero analizó la energía fotovoltaica, pero los precios resultaron prohibitivos. La eólica tenía precios más razonables, pero la región no cuenta con vientos fuertes o constantes. Terminó por estudiar la energía solar térmica e inspirándose en los proyectos SEGS del desierto del Mojave y en Andasol 1 en España, optando por la versión de espejos cilíndricos parabólicos como la más conveniente y comercialmente explotable.

Luego de haber realizado investigaciones sobre la insolación en la Argentina, encontró una zona en la provincia de Catamarca que recibe más de 2250 kW/m2/año, una insolación con un 15 por ciento superior a los lugares donde están ubicadas las centrales termoeléctricas cilindro parabólicas solares en España.

La energía solar tiene una clara desventaja sobre otras: el sol solo brilla algunas horas por día, lo que hace difícil amortizar la turbina de vapor generadora de electricidad, uno de los componentes más costosos de la central.

Y, de noche te vas a dormir y desconectas la tele y el vídeo.

«¿Dada la zona, cuál sería la alternativa más ecológica para tener prendida la turbina día y noche?» se preguntó Martín. Tanto el gas como la biomasa podrían ser opciones válidas, aunque escasos en la zona; pero Martín quedó hechizado con las celdas de hidrógeno. La primera dificultad con la que se encontró es que en la Argentina no se genera hidrógeno a gran escala.

Ya me puso de los nervios el administrativo.  No existen pozos de Hidrógeno en el mundo, ya empezamos con la trola del Hidrógeno.

Un sistema de celda de combustible que incluye un «reformador de combustible» puede utilizar el hidrógeno contenido en cualquier combustible -desde gas natural hasta etanol, e incluso gasolina-. Debido a que la celda de combustible depende de la química y no de la combustión, las emisiones de un sistema de este tipo serían mucho menores que los procesos de combustión de combustibles más limpios. Por lo tanto, se optó por el etanol que podría provenir de la caña de azúcar, un cultivo común del noroeste del país y que daría la oportunidad de reactivar dicha producción. Tendríamos entonces una central termoeléctrica funcionando las 24 horas utilizando dos combustibles renovables: la energía solar y un biocombustible reformado a través de una celda de hidrógeno.

¿Encima ni siquiera tiene caña de azúcar?  Y tampoco industria fermentadora, ahí es nada.

Pavadita que tienen que hacer.  Diseñar (que no saben, en todo caso pagarle a los ingenieros) la central solar, comprar el terreno (pagando), construir (pagando) los parabólicos y edificios (pagando a los arquitectos), comprar (pagando) la turbina,

no sé si Ud ha notado que yo insisto en «pagando», porque a los argentinos les gusta la ambigua palabra «adquirir».  A un argentino le dices de «pagar» y le has tirado un gato a la cara

pagar por sembrar, cosechar la caña, pagar el transporte en camiones, pagar sueldos, construir (pagando) trapiches y purificadoras, construir y pagar por Planta de Fermentación y Destilación, pagarle a productores, cañeros, pagarle a técnicos, ingenieros, químicos y un largo etc y eso antes de sacar un kilovatio.

Luego pone un dibujo, que la estampita es a colores.

El papel aguanta todo lo que le echen
El papel aguanta todo lo que le echen

Los Argentinos llevan treinta años, capaz que ya son cuarenta, sin poder terminar Atucha II porque no hacen maldita la cosa bien hecha.

☼  En 2005 dijeron que la acababan para este año.

☼  En el mundo nadie se cree que los argentinos acaben Atucha II nunca jamás.

El disparate dibujado arriba no se puede hacer y no se hará nunca.  Porque lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible.

España ha hecho las cosas, razonablemente, investigando durante una generación cuando nadie tenía interés en el tema (desde 1973), creando experiencia, formando técnicos –no se sabe en el mundo pero España tiene muchos miles de especialistas en energías alternativas, formados durante más de veinte años de formación a costa del Estado.  Y ahora Marruecos construye DIEZ gigantescas Centrales de Energía Solar para exportar electricidad a Europa, con ayuda de España y a través de la Red de Alta Tensión Española.

Esto del Sr Administrativo es simplemente una milonga.

Por Armando

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