El anciano, 72, y candidato se hace un autoatentado como Mitterrand

El ministro uruguayo de economía, Astori, un ambicioso anciano de 72 años que lo digitaba el Presidente Vázquez para candidato del Frente Amplio en las próximas elecciones, fue derrotado sonoramente en el congreso de su(s) partido(s).  Quedó cuarto en esa votación, que ganó otro ambicioso anciano de 72 ó 73 años, el Sr Mujica: tupamaro, fuguista, pistolero y estanciero.

Tras la derrota, y quizás llevado por los nervios o la bebida fuerte, dijo que lo habían intentado asaltar unos muchachos en la puerta de la casa, que le robaron la cartera y a quienes puso en fuga.
Menuda patraña, si yo lo conozco a Astori de vista de la Universidad y es un anciano petiso y flaco que no tiene media hostia.  Este quiso imitar a Mitterrand que se inventó una patraña parecida cuando era candidato fracasado socialista en Francia.

Ocurre que en ese Congreso, aparte de las maniobras que hubiera, Astori no podía nunca ser votado sin repugnar a los votantes, porque ninguno de ellos es un bichicome, un rapiñero, una prostituta, gandul y pongo la mano, dame algo pa vino.  Esos son los únicos que se han beneficiado de los desmanes de este hombre.  Todos los que estaban ahí trabajan  -o al menos están en una nómina, luego hacen como todos los uruguayos, hacen como que trabajan-  y tienen que vivir de un sueldo, rebajado a menos de la supervivencia por las alegres incompetencias de este señor.

Una anécdota que me contó una profesora uruguaya anoche mismo que hablamos por teléfono entre los dos continentes y que os muestra como vive la gente que trabaja.

-«Vuelvo al salón de profesores y estaba Alicia desesperada, a cuatro patas por el suelo, mirando por los cajones, por todas partes.  ¿Qué te pasa?, la digo.»
– «Es que dejé 20 pesos arriba de la mesa y fui al baño y ahora no los encuentro.»
(Un dólar son 24 pesos, es decir, que la profesora había dejado unos centavos, pero para ella eso era vital para pasar el día).
– «Que los necesito para el boleto del autobús y comprarme un bizcocho para comer, que no he comido nada en todo el día.»

Angustiada por el grave drama de su colega profesora, R. que siempre sale de casa con 100 pesos por las dudas y emergencias, la dice
-«Oye mucho dinero no tengo, pero te presto 20 pesos hasta mañana.»
Al final Alicia encontró los 20 pesos en otro bolsillo de la túnica.

-«Otro profesor aquí, se tiene que ir en bicicleta a casa porque no tiene dinero para el ómnibus.  Estamos muriendo de hambre, yo hay días que no como.»

Así viven en Uruguay empleados públicos, de la docencia y de todo.  Y por eso no lo votaron al Sr Astori, un inútil total y patrañuelo, y prefirieron votar a un impresentable como Mujica, e incluso a otros dos más por arriba del Ministro de Economía.

Una descripción más técnica de los anti-logros del Ministro Astori se puede encontrar en
http://www.elpais.com.uy/08/12/19/predit_388260.asp

En su gestión, la deuda del país, diferida en el tiempo, no abatida ni amortizada, creció en un 30% en comparación a la registrada el lo de marzo de 2005. Dispuso la emisión de obligaciones del Estado en pesos uruguayos, y ahora, al desvalorizarse la moneda respecto del dólar se ha perdido una fortuna. Las deudas pagadas al FMI y al Banco Mundial generaban un interés de un 4% a 5% y del 7% al 8 % respectivamente. Al emitir bonos en moneda nacional, sumando la inflación en pesos, la variante del tipo de cambio, y los intereses, esa tasa de interés creció considerablemente.

En 15 años el país se endeudó en 8.520 millones de dólares. Con Astori, en 15 meses nos endeudamos en 3.600 millones. Agréguese a ello el aumento sensible del gasto público. El ministro anunció un «espacio fiscal» (?) máximo de 319 millones de dólares en la Rendición de Cuentas. Hubo que sumar para el Carnaval electoral 40 millones más, y hay quienes aseguran que el aumento global del gasto superará los 100 millones de dólares al monto previsto.

Y en el sentir de la gente, el mazazo de la reforma tributaria fue decisivo para el descrédito, exprimiendo los bolsillos de los trabajadores para repartir el producido entre quienes no trabajan ni les conviene trabajar.

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Por Armando

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