Como en 1909, cuando se publicó ‘The Great Illusion’, creen en Europa que las guerras ya no son posibles

Cuando Norman Angell, periodista, aventurero y eventualmente diputado inglés, publicó su panfleto The Great Illusion hacían furor en Gran Bretaña novelas y panfletos de histérica literatura invasionista, o sea que en cualquier momento los alemanes se apoderaban de la isla por un golpe audaz, ayudados por quintascolumnas (el nombre es anacrónico, ya lo sé) de espías y agentes secretos.

Esta literatura que creó escuela y se alimentó de los miedos imperiales a la rebelión de sus súbditos y especialmente al resentimiento y rivalidad de otras potencias mundiales puede decirse que nació con The Battle of Dorking, de 1871 (imagina una invasión alemana a Gran Bretaña).

Uno de los mejores autores de ese tipo de novela fue Erskine Childers y su The Riddle of the Sands (1903); William LeQueux se hizo rico con novelitas de tenebrosos espías teutones que amenazaban la tranquilidad del inglés tomador de té con leche, e incluso HG Wells con su The War of the Worlds , The War in the Air, y especialmente The Land Ironclads (que prefigura a los tanques que serían realidad al final de la guerra) alimentó estos miedos a una conflagración europea y mundial con sus obras truculentas.

Angell con su libro pretendió acabar con esta histeria (y en cierta forma tuvo éxito, esta literatura entró en desprestigio tras su libro) mostrando que las relaciones económicas entre las potencias europeas eran tan íntimas y sus bancos, sus empresas, sus familias gobernantes estaban tan íntimamente entrelazadas que una guerra europea y mundial era imposible y que de ocurrir se agotaría a las pocas semanas por agotamiento del capital.

John Keegan dice en su libro The First World War

EUROPEAN HARMONY

«Europe in the summer of 1914 enjoyed a peaceful productivity so dependent on international exchange and co-operation that a belief in the impossibility of a general war seemed the most conventional of wisdoms. In 1910 an analysis of prevailing economic interdependence, The Great Illusion, had become a best-seller; its author Norman Angell had demonstrated, to the satisfaction of almost all informed opinion, that the disruption of international credit inevitably to be caused by war would either deter its outbreak or bring it speedily to an end.

It was a message to which the industrial and commercial society of that age was deeply sympathetic.

After two decades of depression, precipitated by an Austrian bank failure in 1873 but sustained by a fall in the prices to be had both for raw materials and manufactured goods, industrial output had begun to expand again in the last years of the nineteenth century.

New categories of manufactures –electrical goods, chemical dyes, internal combustion vehicles– has appeared to tempt buyers; new sources of cheaply extractable raw materials had been found; so, too, had new deposits of precious metals, above all in South Africa, to fertilise credit.

Rising population /…/ sharply enlarged the size of internal markets; emigration /…/ increased demand for goods there also, while the enormous expansion of overseas empires in Africa and Asia, drew millions of their inhabitants into the international market, both as suppliers of staples and consumers of finished goods»

J. Keegan, The First World War, p. 10, Hutchinson.

Armonía Europea

«Europa en el verano de 1914 gozaba de una productividad pacífica tan dependiente del intercambio internacional y la cooperación, que la creencia en una imposibilidad de una guerra generalizada parecía la sabiduría más convencional. En 1910 un análisis de la interdependencia económica prevaleciente, La Gran Ilusión había sido un best-seller;  su autor, Norman Angell, había demostrado a satisfacción de casi toda la opinión bien informada, que la ruptura del crédito internacional que una guerra traería o la impide o la trae rápidamente a un final.  

Era un mensaje para la sociedad comercial e industrial de la época muy atractivo.

Tras dos décadas de depresión traída por la quiebra de un banco austríaco en 1873, pero continuada por una caída de los precios de materias primas y manufacturas, una nueva expansión industrial ocurría al final del siglo XIX.

Nuevas categorías de productos –aparatos eléctricos, colorantes químicos, vehículos de combustión interna–  habían aparecido para tentar al público;  nuevas fuentes de materias primas baratas de extraer se encontraron y nuevos depósitos de metales preciosos, especialmente en Sudáfrica, para fertilizar el crédito. 

La población en expansión … aumentó mucho el tamaño del mercado interno; la emigración … aumentó la demanda de bienes allá mientras que la enorme expansión de los imperios ultramarinos en África y Asia llevó a millones de sus habitantes al mercado internacional, como suministradores de bienes y consumidores de productos.»

El texto de The Great Illusion, que doy el enlace abajo trae las críticas más entusiastas; en el momento de la publicación -1910- llegó a ser comparado con El Origen de las Especies !! tal era la originalidad, la fuerza y la convicción de sus argumentos de que la guerra mundial ya era imposible –pero ocurriría en 1914-1918 y sumergió al mundo en una carnicería de la que la Segunda Guerra Mundial fue la continuación muy agravada.

Comienza La Gran Ilusión:

The author challenges this whole doctrine. He attempts to show that it belongs to a stage of development out of which we have passed; that the commerce and industry of a people no longer depend upon the expansion of its political frontiers; that a nation’s political and economic frontiers do not now necessarily coincide; that military power is socially and economically futile, and can have no relation to the prosperity of the people exercising it; that it is impossible for one nation to seize by force the wealth or trade of another—to enrich itself by subjugating, or imposing its will by force on another; that, in short, war, even when victorious, can no longer achieve those aims for which peoples strive.

He establishes this apparent paradox, in so far as the economic problem is concerned, by showing that wealth in the economically civilized world is founded upon credit and commercial contract (these being the outgrowth of an economic interdependence due to the increasing division of labor and greatly developed communication). If credit and commercial contract are tampered with in an attempt at confiscation, the credit-dependent wealth is undermined, and its collapse involves that of the conqueror; so that if conquest is not to be self-injurious it must respect the enemy’s property, in which case it becomes economically futile. Thus the wealth of conquered territory remains in the hands of the population of such territory. When Germany annexed Alsatia, no individual German secured a single mark’s worth of Alsatian property as the spoils of war. Conquest in the modem world is a process of multiplying by X, and then obtaining the original figure by dividing by X. For a modem nation to add to its territory no more adds to the wealth of the people of such nation than it would add to the wealth of Londoners if the City of London were to annex the county of Hertford.

The author also shows that international finance has become so interdependent and so interwoven with trade and industry that the intangibility of an enemy’s property extends to his trade. It results that political and military power can in reality do nothing for trade; the individual merchants and manufacturers of small nations, exercising no such power, compete successfully with those of the great. Swiss and Belgian merchants drive English from the British Colonial market; Norway has, relatively to population, a greater mercantile marine than Great Britain; the public credit (as a rough-and-ready indication, among others, of security and wealth) of small States possessing no political power often stands higher than that of the Great Powers of Europe, Belgian Three per Cents, standing at 96, and German at 82; Norwegian Three and a Half per Cents, at 102, and Russian Three and a Half per Cents, at 81. The forces which have brought about the economic futility of military power have also rendered it futile as a means of enforcing a nation’s moral ideals or imposing social institutions upon a conquered people. Germany could not turn Canada or Australia into German colonies.

«El autor desafía toda esta doctrina.  Intenta mostrar que pertenece a una etapa de desarrollo ya superada;  que el comercio y la industria de una nación ya no depende de la expansión de sus fronteras políticas;  que las fronteras políticas y económicas de una nación ya no coinciden necesariamente;  que el poder militar es  social y económicamente fútil y no tiene relación con la prosperidad del pueblo que lo ejerce;  que es imposible para una nación apoderarse por la fuerza de la riqueza y el comercio de otra  –enriquecerse subyugando o imponiendo su voluntad por la fuerza sobre otra nación;  que, en fin, la guerra incluso victoriosa ya no puede lograr esos fines que buscan los pueblos. 

El autor establece esta aparente paradoja, que en lo que al problema económico concierne, la riqueza en el mundo civilizado se basa sobre el crédito y el contrato comercial  (éstos siendo la resultante de una interdependencia económica debida a la división del trabajo y a la extraordinaria mejora de las comunicaciones).  Si el crédito y el contrato comercial son interferidos intentando confiscarlos,  el colapso de la riqueza dependiente del crédito  también castiga al conquistador , así que si la conquista no se quiere que resulte en un daño propio debe respetar la propiedad del enemigo, en cuyo caso es fútil.  Así la riqueza del territorio conquistado permanece en las manos de la población de tal territorio.  Cuando Alemania se anexó Alsacia ningún alemán se apropió de un solo marco de propiedad de Alsacia como despojos de guerra. 

Para una nación moderna ampliar su territorio no aumenta nada su riqueza, como no aumentaría la riqueza de los londinenses si la ciudad de Londres se apropiara del condado de Hertford.

El autor también muestra que las finanzas internacionales se han vuelto tan interdependientes y tan entremezcladas con el comercio y la industria que la intangibilidad de la propiedad de un enemigo se extiende a su comercio.  Resulta entonces que el poder político y militar no puede hacer nada por el comercio;  los  comerciantes e industriales de países pequeños que no  tienen tales potencias compiten  con éxito contra las grandes potencias. Los comerciantes suizos y  belgas expulsan a los ingleses del mercado colonial británico.  Noruega tiene, en relación a su población, una marina comercial mayor que la Gran Bretaña;  el crédito público (un indicador aproximado de la seguridad y la riqueza) de pequeños países a menudo superiores a los de grandes poderes europeos /…/ .  Las fuerzas que han traído la futilidad económica del poder militar también lo han vuelto un medio fútil de imponer los ideales morales de una nación, o imponer sus instituciones sociales a una nación conquistada.  Alemania no podría transformar Canadá o Australia en colonias alemanas».

(Ambas dos citas copiadas y traducidas directamente de ambos libros, que tengo sobre el escritorio).

La situación hoy. Las palabras hace poco de Angela Merkel advirtiendo sobre los peligros para la paz europea y mundial de un colapso del euro, ni digamos de la Unión Europea merecen considerarse a la luz de estos importantes documentos que se refieren a una etapa histórica, la de la paz mundial del siglo XIX -de la Segunda Mitad del Siglo XIX, rota sí por conflictos a veces muy importantes como la Guerra de Crimea y la Guerra de los Boers- muy comparable a la situación de paz, de prosperidad y de interconexión de nuestras economías.

Está claro que hoy, igual que en 1914 la guerra no puede mejorar ni mantener nuestra prosperidad ni la del mundo occidental.

Y sin embargo…

Como no tenemos a mano o no han sido escritos ¿aún? textos profundos por el estilo del de Norman Angell -la intelligentsia española por supuesto apenas existe, y la mundial quizás dormita- os presentaré, queridos lectores un material rastrero, popular y malo, pero el tipo de bazofia que en Inglaterra –el Reino Hundido– leen millones de personas o han leído, y que en las Penínsulas desconocen.

No digo que valga nada, digo que esto lo publican, y la comparación con la Literatura Invasionista que cité arriba vale en este caso.

29 Octubre 2018, Francia y Rusia invaden el Reino Hundido

Europe at war 2018: German troops storm Greece. Putin’s tanks crush Latvia. France humbles the British Army. Unlikely, yes, but as Merkel says euro meltdown endangers peace, a historian’s imagination runs riot…

From the killing grounds of Belgium to the scarred streets of Athens, a continent continues to bleed. And, in the east, the Russian bear inexorably tightens its grip, an old empire rising from the wreckage of the European dream.

Less than ten years ago, millions still believed in a peaceful, united Europe. How did it come to this?

When future historians look back on our humiliation, they will surely judge that the turning point was the last week in October 2011.

«Octubre, 2018.  De los campos de guerra de Bélgica a las calles arrasadas de Atenas, un continente continúa desangrándose. Y, en el Este, el Oso Ruso inexorablemente aprieta su abrazo, un viejo imperio que se alza de las ruina del sueño Europeo.

Hace menos de diez años millones todavía creían en una Europa unida y pacífica.. Cómo llegó a pasar ésto.

Cuando futuros historiadores estudien nuestra humillación sin duda juzgarán que el punto sin retorno fue la última semana de Octubre 2011.»

Vale, Dominic Sandbrook no es un historiador y el Daily Mail es un panfleto risible, pero creo que este material perfectamente desconocido para el público hispanohablante puede ayudar a entender muchas cosas que están pasando, y cuya perfecta tiniebla nuestros deplorables diarios, televisiones y hombres de pensamiento, catedráticos, comentaristas (lo normalmente conocido como La Intelligentsia) ignoran del todo.  Al público inglés se le atosiga hoy con estas bazofias y muchos hasta se las creen.

En 1910 cuando La Gran Ilusión se publica, realmente Europa, y el mundo, vivían bajo la esperanza de paz y la creencia en un mundo de prosperidad, la continuación de una prosperidad y la paz y el progreso que habían conocido y deseaban.

Eso fue despedazado por una tragedia enorme, La Gran Guerra, que quizás las generaciones actuales conocen mal; peor aún y menos aún lo conocen en España, ya que en Inglaterra y en Francia no hay ciudad ni pueblo que no tenga un monumento a los muertos, una lista de bronce con los nombres de los caídos propios nacidos en esa localidad –monumentos y listas en bronce en las iglesias, que luego se ampliarían con la Segunda Guerra Mundial.

Igualmente hoy pensamos y queremos creer en esta Grande Ilusión: que la paz europea y mundial es inevitable, que la guerra por exactamente las mismas razones que expuso Norman Angell –la guerra no da nada a ganar; la guerra destruye y no conquista ni convence; la guerra es imposible por los lazos económicos, culturales, personales, de comunicación y de conocimiento mutuo de los pueblos y de sus líderes.

Pero todo eso también era muy cierto en 1914 y La Gran Guerra ocurrió.

ConclusiónThe Great Illusion desmonta completamente la idea vulgar de que las guerras se hacen para ganar riqueza.  No se gana nada con las guerras y se pierde y destruye mucho. Y sin embargo las guerras ocurren aunque en este tiempo la humanidad se haya vuelto buena (a ver si dura eso) y no se mata tanto como antes.

Pero esto puede ser confundir el interés general (para el pueblo no hay interés en la guerra, pierde siempre) con el interés del General, que seguramente no es el mismo, y con los intereses de plutócratas, el llamado Complejo Militar Industrial denunciado por Eisenhower cuando ya se iba del gobierno, cuyo interés en general no coincide con el abstracto interés general.  Contando además con obscuras razones psicológicas de los pueblos, por ejemplo tanto los ingleses como los alemanes se apuntaron voluntarios a ir al matadero a millones, y aunque en España se fijan en incidentes de revueltas, la realidad es que en su tiempo la Guerra de Cuba fue popularísima y cuando se perdió el gobierno español ni siquiera cayó.

Para saber más

☼ El texto completo de The Great Illusion puede descargarse gratis del Internet Archive.  Este libro era muy odiado por los nazis, que lo quemaron de sus bibliotecas.

☼  Enero, 2012.  Gutenberg publica The Great Illusion y se puede descargar gratis de

The Great Illusion
A Study of the Relation of Military Power to National Advantage

http://www.gutenberg.org/ebooks/38535

☼ La película francesa La Gran Ilusión toma de este libro el título, quizás el espíritu de esperanza también. Es obra maestra del cine francés y estuvo prohibidísima y perseguida por tiranos nazis y sus cómplices.  Es muy tierna y se puede conseguir en Internet.

☼ Literatura invasionista

☼  Homo sapiens et bono hodie

☼  La quiebra de una gran ilusión

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Por Armando

6 comentarios en «La Gran Ilusión, la Paz Europea»
  1. Es lo que pasa en Inglaterra cuando se acaba el Seis Naciones, que les da por estas cosas.

    En cualquier caso, no es descartable nada, y menos viendo el panorama con Irán y el clima prefascista que empieza a calar en Europa. Recomendaría también Los cañones de agosto, de Barbara Tuchman, como buena lectura sobre los antecedentes de la I Guerra Mundial.

  2. Pobre Inglaterra-… pues ojala que Sarkozy y Putin tengan y que algun dia se los coj4nes como hicieron los yanquis con los japoneses. Nada le vendría más bien a la civilización que eliminar la barbarie britanico-estadounidense, acabada ella acabada la Crisis.
    Pero yo me imagino el futuro Reino Unido y Estados Unidos van a ganar cualquier Guerra, y es más se van a dar el gusto de despedazar a Europa por completo. Eliminada Europa ya no se van a sentir impotentes, y al morir el competidor, por más incompetentes que USA y Uk sean no se va a notar. Pero como seguramente, los ingleses lustra de los yanquis, seguramente van a tener las finanzas más fuertes, más capital humano que Estados Unidos, van armar una especie de Guerra Fría y despedazarlos a ellos también, así como despedazaron a Irak. Lo más probable que en el futuro el mundo quede en Estados Unidos / China separados con un muro, y despues Japon y Latinoamerica, desempeñano algun papel secundario.
    Pero de todas formas UK/USA ya iniciaron la guerra contra Europa y la están supergando, se ve por ejemplo en el hecho de que Italia un país con más solvencia que Reino Unido tiene que pagar intereses africanos por deuda, mientras que Uk y USA, los países con las peores deudas globales del mundo se financian a tasas chicas.

    Europa será el Imperio de Japon del Sigloxxi

  3. La Crisis tiene su origen en el Pico Petrolero y lo que tiene que hacer Latinoamérica, y Argentina en especial es seguir aquel buen consejo de Voltaire, «cultivar su propio huerto», y eso en todos los sentidos de la palabra.

  4. Tienes razon Armando no quise ofender a los ingleses, ni a los norteamericanos, son hombres como cualquier otro, pero me imagino a Murdock, Buffett, Soros, gozando y especulando con gran sarcasmo con total necrofagia, las miserias que ocasionaron con la ruina económica. Por que si el pico petrolero va a destruir todo, pero en vez de aceptar la realidad, no quieren sangre,miseria, desesperación,sufrimiento y muerte, y luego que dejen todo despedazado ahí van a dejar cultivar si es que si se va a poder, capaz que gente como este Murdockk antes de enfrentarse al peal oil prefiere una guerra nuclear.
    En fin mis disculpas a la gente de reino unido, y si el colapso se da, ojala sea suave para todos.

    Saludos!

  5. Buen post Armando,tu seguramente conoces bien el asesinato del archiduque,yo no me acuerdo mucho ahora pero si recuerdo que fue la suma de varias casualidades,Princip era un don nadie pero lo que hizo cambio la historia,eso va paro los que dicen que no podemos cambiar el destino,aunque sea para mal.

  6. Hace poco me enteré de que el Archiduque llevaba un chaleco antibalas, de seda, muy equivalente a los de kevlar de ahora pero eran carísimos; los había inventado un cura.
    Pero Prinzip le metió el balazo en el cuello, a lo mejor sabía o sospechaba lo del chaleco, ahí otra casualidad infausta.
    Prinzip y los otros de su banda La Mano Negra eran tuberculosos, unos tipos que no tenían nada que perder.

    No demasiado diferente de los terroristas islamistas que leemos ultimamente, captados entre la escoria social; uno un negro delincuente que le comieron el coco y se quería volar avión y todo con unas zapatillas explosivas, otro con unos calzoncillos explosivos algo así; Antonio Mas Mas, el verdugo tupamaro era un emigrante esquizofrénico, y los de Madrid también eran de la última bazofia emigrante,
    ¿Habrá alguna Mano Negra, hoy?

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