¡ Un mendrugo de pan y un vasito de agua de mar !

Queridos uruguayos eso es lo que les daba Felipe II a los que remaban en las galeras.
Vuestros antepasados. Bueno, antepasados de algunos nada más será, no exageremos.
Cuestión que ese pan marinero, la galleta marina, que yo tantas he comido en Uruguay, en España es desconocida. Y eso que es de ahí, propia del Río de la Poca Plata. Era ese pan «bizcocho», es decir, bis-cocido, por lo tanto duro como una piedra y que aguantaba las largas travesías.
Para ablandarlo el rudo marinero -la vil chusma de proa, como les califica las reales ordenanzas, y eso porque dormían a proa- lo mojaba en agua de mar. Y de ahí viene la expresión, que doy fe que se usa en Alicante y el Mediterráneo, de
¡ Un mendrugo de pan y un vasito de agua de mar !

Esa vil chusma de proa se afincó en Montevideo, que empezó como destacamento naval, y comían lo que estaban acostumbrados, la galleta marinera.
Cuestión que un «argentino» se ha espabilado y lo ha devuelto a España. Con alguna modificación para aggiornarlo, viste, alguna variante con harina de algas, más yodo.
Espíritu industrial comercial, que le dicen.
Os pego la curiosa noticia por si le interesa a alguien. Salió en El País de Madrid.
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Las galletas de la Armada Invencible
una empresa de Lugo recupera la fórmula del ‘pan mariñeiro’ que fabricaban panificadoras a sueldo de la Casa Real y le añade harina de algas

Todo empezó hace unos cinco años, cuando los hermanos Lamazares viajaron a Buenos Aires. Hacía entonces dos décadas que Manuel, uno de los seis, todos varones, había emigrado a Argentina y, con el tiempo, terminó por montar con un socio una panificadora, GyM (Gustavo y Manuel), especializada en un pan seco de gran consumo en Suramérica.
«Pues estas tortas», les vino a decir el emigrado a sus hermanos turistas, «vienen de allá. Se llaman marineras porque las trajeron los barcos ya en tiempos de los Reyes Católicos».
De vuelta en Galicia, el clan de los Lamazares, que hacía tiempo le daba vueltas a diversos proyectos empresariales, con la idea de crear un negocio en el que todos los trabajadores participasen del capital social [agl. ver aclaración más abajo], buscó referencias bibliográficas de las famosas galletas transatlánticas y, efectivamente, comprobó que el origen de las tortas se perdía a este lado del charco.

Según cuenta Xosé Lois, coordinador de Daveiga, la empresa que al fin montaron en Chantada (Lugo) en 2005, «en la costa gallega», tras el descubrimiento de América y el esplendor de la flota española, «surgieron cantidad de fábricas de carácter familiar que vivían de producir pan mariñeiro para los navíos del rey. Y enseguida se extendió la manera de fabricar un pan de larga duración con un horneado largo que le hacía perder toda el agua».

Hoy, la fórmula se mantiene en América y los Lamazares la han recuperado para Europa donde, aseguran -aunque en Inca (Mallorca) perdure uno muy parecido-, son los únicos que fabrican este pan.
«En Alemania o Reino Unido, incluso en Italia, se comen muchos crackers. En los supermercados hay lineales completos, pero la diferencia es que el nuestro es un pan convencional, con levadura y no hojaldrado, que sabe a pan y que simplemente se cuece más tiempo». Cada hornada dura 16 minutos y las tortas miden dos milímetros de grosor, «lo que equivale a varias horas de cocción de un pan tradicional».

El sabor del pan seco
La última referencia de una panificadora que trabajaba a sueldo de la Casa Real, fabricando tortas desecadas para los que se echaban al mar, la encontraron en el municipio coruñés de Neda. La zona, hoy, todavía es famosa por su pan y muchos aseguran que debe su buen sabor al agua. Una paradoja, si se tiene en cuenta que el negocio comenzó con el pan seco. A caballo entre los siglos XVI y XVII, la panadería de Neda, bajo la protección de Felipe II, se repartía con otras muchas de la costa la fabricación de galletas marineras para los 137 buques de la Armada Invencible.
Los 30.000 hombres que llegaron a formar parte de las tripulaciones de estos navíos tenían este pan entre sus alimentos básicos, pero al llegar a puerto preferían el pan fresco. La afición, en tierra firme, no llegó a cuajar, pero esto no arredró a los Lamazares, que están convencidos de que el modo de vida actual, la procura de lo práctico y la ley del mínimo tiempo perdido que impera en la cocina, están transformando las despensas caseras, cada vez más parecidas a las de a bordo.

Presentación en Alimentaria
Estos días, después de visitar hace dos semanas la Biofach alemana, la casa Daveiga presenta su último grito en la feria Alimentaria 08 de Barcelona.

Rizando el rizo, han ahondado en el mito de la galleta marinera creando las primeras tortas con harina de algas. Son verdes, llevan el 3% de wakame seco y molido y saben claramente a mar, aunque todavía no es fácil catarlas porque no han llegado a las tiendas.

A esta empresa de la Galicia sin mar, la harina de algas se la sirven dos empresas de la costa. De momento, mientras abre mercados (acaba de cerrar acuerdos con Carrefour y El Corte Inglés), Daveiga fabrica unos 300 kilos diarios, pero tiene maquinaria capaz de producir 3.000.
«Las perspectivas son muy buenas», asegura Xosé Lois. Y quizás en pocos meses se verán obligados a duplicar la plantilla y continuar la jornada por la tarde. Eso sí. Organizarán dos turnos y respetarán esa jornada continua que acordaron al principio los 10 trabajadores.
«Tenemos ventajas iguales a las de los funcionarios. Incluso transporte colectivo y excedencias como las de la Administración», presumen.
«Aquí todos somos socios. Los hermanos, la cuñada, los sobrinos y Pepe y Amador, los dos que no son de la familia».

PS. Astuto el gallego. «todos los trabajadores participasen del capital social».
Esto, que suena a comunismo, es una astucia empresarial para quitar cargas sociales. Si la empresa va mal, son socios y no trabajadores y no tiene que pagar despidos y cuestiones.

Por Armando

2 comentarios en «La galleta marina regresa a España»

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