Propósito.  En esta serie espontánea e irregular presentaré experimentos en la filosofía de las cosas diarias, ejemplos aprendidos en mi pasaje  por los templos y escuelas filosóficas de Oriente y aprendidos entre los pueblos africanos y asiáticos y por la reflexión sobre los descubrimientos de las Ciencias Biológicas.

El fin es lograr ese sentimiento de extrañeza, de sorpresa y admiración, ese milagro de lo imprevisto. Hay muchas acciones que llevamos a cabo diariamente sin pensar que pueden ser el punto de partida de esa admiración y desconcierto que es el punto de partida del pensamiento filosófico.

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Entra en la mente de ese otro, tú mismo

Introducción. Ya es posible leer la mente de otro. Sabemos que los pensamientos comienzan en un área del cerebro, el Área de Wernicke -que contiene imágenes, olores, emociones y ciertos significados básicos- y se transportan al Área de Broca -donde el habla se procesa en lenguaje y fonemas, algo como sílabas- que envía impulsos motores a la corteza y el habla es producida en la garganta, labios y coordinada con la respiración.

(disculparán que presente este esquema en inglés tomado de New Scientist, no tengo tiempo de modificarlo o dibujar otro parecido y este es muy bueno)

click en la imagen para verla a mayor tamaño, es muy ancha

Ya es posible detectar fonemas formados en la Zona de Broca, usando Electrocorticografía y  MRI, máquinas muy sensibles, y los científicos confían en que pronto podrán leer la mente de una persona  -lo que presenta interesantes cuestiones sobre la libertad y el individualismo, cuando el policía nos haga una pregunta y la respuesta aparezca en la pantalla antes que la hayamos pensado, pero eso no nos interesa ahora.

☼ El Experimento:  Entrar en zonas profundas de la Personalidad y la Conciencia

Tiempo: Media hora

Material: Una habitación silenciosa

Siéntese de forma cómoda.  Respire sin ansiedad.  Va a penetrar Ud dentro de la mente de otra persona y esa persona es Ud mismo.  Preste atención al silencio durante unos minutos.  El silencio va a ser roto por la palabra.

Llámese: Pronuncie su nombre en voz bastante alta, como si se llamara de una esquina de una plaza a otra.

En voz alta, casi gritando, llámese. Siga, repita su nombre, llámese.

Al principio no pasa nada, siga llamándose: veinte o treinta veces así.  Su voz suena en la estancia vacía, el silencio es roto por una voz -la suya- que llama .., ¿a quién?

Al otro, al mismo.  Pero el otro no responde, ni escucha siquiera.

Poco a poco notará una sensación de extrañeza.  Sentirá a alguien que está despertando de una profundidad, alguien que siente que lo llama, que alguien, que ese otro lo llama.

Siga llamando, siga pronunciado su nombre en voz alta.

Usted ahora se sentirá consciente de que alguien -Ud- lo está llamando -a Ud- con su voz de Ud.

Y ahora, imperceptiblemente pero cada vez con mayor certeza Ud siente que ése que le llama es otro que lo llama, a Ud.

El que llama -Ud- es el mismo y no es el mismo que el que es llamado -Ud.

Ud normalmente no se llama por su nombre, ese nombre es el que usan otros para referirse a Ud y ahora siente cada vez con más fuerza que el individuo que responde al nombre -Ud- es el mismo y es diferente que el que escucha el nombre, el que es llamado por su nombre -Ud.

Continúe unos minutos en este filo de la navaja, en esta situación -se sentirá algo mareado.

Continúe llamándose, grite su propio nombre, manténgase en esta situación inédita durante unos minutos.

Y ahora desde la profundidad de este extraño estado de conciencia debe regresar al mundo normal.

Responda, en voz bien alta y firme,

-¡Sí, ya voy!

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Por Armando

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