Odia como Graham Greene

Propósito.  En esta serie espontánea e irregular presentaré experimentos en la filosofía de las cosas diarias, ejemplos aprendidos en mi pasaje  por los templos y escuelas filosóficas de Oriente y aprendidos entre los pueblos africanos y asiáticos y por la reflexión sobre los descubrimientos de las Ciencias Biológicas.

El fin es lograr ese sentimiento de extrañeza, de sorpresa y admiración, ese milagro de lo imprevisto. Hay muchas acciones que llevamos a cabo diariamente sin pensar que pueden ser el punto de partida de esa admiración y desconcierto que es el punto de partida del pensamiento filosófico.

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Experimento 3

Odia como Graham Grene

Graham Greene se enseñaba a odiar de esta manera.

Ves a un cine o al teatro y siéntate en una de las últimas filas, disimulado.

Mira adelante, a otro espectador seguramente desconocido pero acaso sea un vecino o conocido detestable, mejor aún.

Míralo intensamente y deséale la muerte. Imagina que muere de las maneras más horribles. O que lo matas.

Regodéate en los detalles del homicidio, en el descuartizamiento o disposición del cadáver. Enséñate a regodearte en estos crímenes imaginarios y a recordarlos con satisfacción en el futuro.

Sin duda la sociedad hace bien en prohibir el crimen y el asesinato.  No deja de ser un inconveniente, hay tantos seres que merecen lo peor.

Clava tus ojos en su nuca y haz crecer en tu interior un odio feroz hacia ese espectador que no sospecha que un espíritu maligno ronda su entorno.

Odialó, más y más.  Un odio incesante, que te quema, te seca la boca, te hace doler los antebrazos y crispar los puños.

Notarás que el objeto de tu experimento se pone nervioso.  Es imposible que te vea o te distinga pero algo intuye, ese sexto sentido animal que nos avisaba cuando éramos primitivos que un animal de presa nos acechaba.

Se revolverá en su asiento finalmente y mirará su alrededor, procura que no distinga tu vista clavada como un picahielo en su nuca.  Disimula, desvía la mirada.

No tengas temor de despertar en ti impulsos asesinos, cuando acabe el experimento tu objeto sigue tal cual; se trata de un experimento inofensivo.

Graham Greene a quien algunos toman por un escritor católico -pero hacia el final las jerarquías de la Iglesia se sintieron inquietas por él, notaron que los estaba engañando.

Es un ejemplo de escritor que odia a su público que es enemigo de ellos y procura hacerles el mal; y no es opinión gratuita mía puede leerse en su biógrafo

GRAHAM GREENE – The  Man  Within by Michael Shelden

Author as Enemy of the Reader pp.  243, 250

Greene llega a escribir en su diario de juventud que practicó la ruleta rusa, pero no se voló la cabeza de puro azar.

Nunca lo hizo, son todo mentiras de él.  Lo escribió así con la intención de que algún joven con problemas lo imitara y se pegara un tiro.

SERIE FILOSOFÍA EXPERIMENTAL

1. Beber un vaso de agua mientras orino
2. construir una lista de espera

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Por Armando

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