En un pequeño pueblo de Burgos se quedaban sin escuela porque no había niños, sólo quedaban tres niños en el pueblo. Hicieron un llamado a familias inmigrantes que quisieran ir a vivir ahí.
Seleccionaron a una familia uruguaya, que ya vivía en las Islas Canarias. Tienen cuatro hijos, tres en edad escolar.
Les proporcionaron vivienda nueva y cómoda, y empleo al padre.
En la radio entrevistaron a la madre, que estaba muy contenta, porque aunque Las Canarias le gustaban, le preocupaba el tema vicio y droga, tan abundante en lugares de turistas.
Le preguntaron sobre el Uruguay y se despachó a gusto.
Dijo que la miseria era espantosa, que no se podía comer ni había trabajo y que si no se iban todos de Uruguay era por no tener donde ir.
Aun descontando un normal resentimiento, justificado y comprensible contra el país y el gobierno, estas voces de los uruguayos más desamparados deberían hacer recapacitar al gobierno uruguayo sobre una línea económica que fracasa.
Claro que muchos personajes del gobierno por primera vez están en una nómina y siguen aquel refrán, que comido yo, ha comido todo el mundo.
Que la gente huya desesperada, se la suda.

Por Armando

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