En la fiesta de la cerveza de Frankfurt 2009 hubo confluencia de personajes uruguayos que bebían cosa exagerada

Aquí se ve al Pepe (pero otro D. pepe) degustando exageradas cervezas alemanas, menos mal que la mitad es gas.

cerveza alemana
cerveza alemana

Se trata de un conocido científico uruguayo, estanciero y editor de un semanario local que pretende pasar desapercibido.

En la misma reunión de carácter gran cultural, la Oktoberfest de la Cerveza de Frankfurt, y con fines exclusivamente de documentarse e intercambiar impresiones se encontraba Danilo Astori, ministro de economía y vicepresidente del Uruguay, (el gafotas de chupa roja) que estudia en la foto un destilador de alcohol para hacer Schnapps, tecnología que bien se puede implantar en Uruguay.

Astori en la Oktoberfest
Astori en la Oktoberfest

Ahora entienden porqué los uruguayos que rodeaban a Astori mientras complotaban bebían cerveza en cantidades tan exageradas, las pagaba él.  Bueno, él !!  Pero no le discutimos la necesidad que tiene el gobernante de documentarse y adquirir experiencia internacional, que hemos sabido Astori y yo comer codo con codo en el McDonalds que está al lado de la universidad, el hombre ha pasado a cosas mejores.

Placeres más pequeños.

Un Quinto de Cerveza, o sea 200 ml es el tamaño pequeño a la izquierda.

Un zurito, es un vaso muy pequeño de cerveza o en copa muy pequeña por ejemplo 75 mililitros.  Es muy normal en las Provincias Vascongadas, porque les gusta ir de bar en bar y si en cada uno consumieran mucho se acababa pronto la fiesta.  Así que hacen el txikiteo, o sea vasos chiquitos de vino o cerveza para prolongar la fiesta.

Este control es el consumismo es muy recomendable, y además de por moral, y por higiene, es que de la cerveza lo que nos gusta son los primeros sorbos.  Luego de esa impresión agradable, los tragos que siguen ya no saben igual -haga Ud la prueba y sienta, saboree en el paladar los primeros tragos, verá qué sensación. Luego ya no.

Philippe Delerm lo tiene escrito en su famoso libro La Première Gorgée de bière et autres plaisirs minuscules:

C’est la seule qui compte. Les autres, de plus en plus longues, de plus en plus anodines, ne donnent qu’un empâtement tiédasse, une abondance gâcheuse. La dernière, peut-être, retrouve avec la désillusion de finir un semblant de pouvoir… Mais la première gorgée! Gorgée ? Ça commence bien avant la gorge. Sur les lèvres déjà cet or mousseux, fraîcheur amplifiée par l’écume, puis lentement sur le palais bonheur tamisé d’amertume. Comme elle semble longue, la première gorgée! On la boit tout de suite, avec une avidité faussement instinctive. En fait, tout est écrit . la quantité, ce ni trop ni trop peu qui fait l’amorce idéale ; le bien-être immédiat ponctué par un soupir, un claquement de langue, ou un silence qui les vaut; la sensation trompeuse d’un plaisir qui s’ouvre à l’infini… En même temps, on sait déjà. Tout le meilleur est pris. On repose son verre, et on l’éloigne même un peu sur le petit carré buvardeux. On savoure la couleur, faux miel, soleil froid. Par tout un rituel de sagesse et d’attente, on voudrait maîtriser le miracle qui vient à la fois de se produire et de s’échapper. On lit avec satisfaction sur la paroi du verre le nom précis de la bière que l’on avait commandée. Mais contenant et contenu peuvent s’interroger, se répondre en abîme, rien ne se multipliera plus. On aimerait garder le secret de l’or pur, et l’enfermer dans des formules. Mais devant sa petite table blanche éclaboussée de soleil, l’alchimiste déçu ne sauve que les apparences, et boit de plus en plus de bière avec de moins en moins de joie. C’est un bonheur amer : on boit pour oublier la première gorgée.

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Por Armando

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