Encima de que los uruguayos que viven en Uruguay -hay que hacer esa distinción, porque a este paso la mitad van a estar afuera matándose el hambre- viven a costa de sus emigrantes, por remesas de dinero y bienes, aún les roban a los afuerinos -neologismo de uso en Perú, agradecedme el rasgo cultural.

Lo que tenéis que hacer los uruguayos que os larguéis es llevaros hasta la urna con las cenizas de la abuela y si los uruguayos quieren plata que laburen, gandules. Que se busquen la vida , como te la tienes que buscar tú.

El diario nos cuenta hechos que oscilan entre la aberración administrativa y el robo de la administración pasando por la estafa criolla de un país de estafadores.

Estafan a emigrantes con envíos en contenedores
Maniobra. Uruguayos que engañan a uruguayos en EE.UU.
Las autoridades investigan a varias organizaciones de uruguayos que operan en Estados Unidos y Canadá estafando a otros uruguayos que quieren enviar bienes y valores a familiares en Uruguay.

Hay más de una manera de engañar en su buena fe a emigrantes uruguayos que quieren hacer envíos desde el exterior a sus familiares.
Una forma consiste en empresas que contactan a compatriotas que quieran enviar objetos a familiares en Uruguay. Los estafadores ofrecen un espacio en los contenedores para cargar bultos que cobran, por ejemplo, a US$ 2.000.
a US$ 120. Entonces ofrecen el espacio a otros uruguayos que deseen mandar bultos a cambio de una paga de US$ 120 por bulto, como ocurrió en una maniobra recientemente detectada. Pero esta persona no puede declarar esos bultos porque no le pertenecen y no podría así ampararse en la Ley de Migraciones y traer sus cosas sin pagar impuestos. Por lo tanto no las declaran.
Pero al ser detectados, esos efectos que no figuran en las guías exigidas son incautados por Aduanas y paradójicamente las pertenencias de las personas que estafaron a sus compatriotas, sí les son devueltas.
En las últimas horas una mujer estafó así a decenas de uruguayos de California en una maniobra que le redituó unos US$ 14.000.
En ese contenedor se incautaron 939 kilos de ropa usada, 342 pares de calzados, 900 prendas nuevas, 130 carteras y 1.280 artículos electrónicos y herramientas.

Estafa que por supuesto cuenta con la inefable y necesaria cooperación de los coimeros de Aduana.
¿Se acuerdan Uds. del caso, era Stirling Ministro del Interior con Sanguinetti, más bien hacía de? Y descendió desde Paraguay una columna de camiones, cargados de bagayos, cruzando las pampas telúricas, protegidos por los aduaneros que iban apartando, en dirección a Montevideo.
Se pone en marcha el Ejército uruguayo, se arma una balacera, los aduaneros huyen en 4×4, protegiendo su retirada a balazos.
Stirling no echó a nadie, porque hubiera tenido que echar a todos y además las leyes en Uruguay protejen al delincuente, es que sin delincuentes Uruguay no puede vivir.

Vean la lista de bienes usados que los pobres emigrantes les envían a esos desgraciados que están ahí. Qué pueblo mendicante.
Y no me toquéis las narices que si los españoles en Uruguay, porque a los pobres desgraciados viejos españoles que cometieron el inmenso error de emigrar al Uruguay les estamos dando de comer nosotros, y por supuesto comen de esa ayuda sus inútiles descendientes, y como esto del dinero son vasos comunicantes, todos los uruguayos por lo tanto comen de España.
¡ Y lloran ! Qué pueblo llorón.

Teneis que hacer lo que hizo San Vicente Ferrer, hace 500 años. Lo habían expulsado de Valencia al santo, a él y a su cuadrilla de monjes pedigüeños y malvivientes.
Se para en una colina, a la vista de Valencia, se quita las espardeñas (alpargatas en castellano, que era santo, no usaba zapatos ni calcetines) y las sacude golpeando
– «¡De Valençia ni la pols!» dijo el santo, en dialecto. Que traduciendo, dice, «De Montevideo, ni el polvo».
Aunque luego regresó, nos pasa a muchos santos.

Por Armando

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