Lo conocimos por primera vez cuando estudiantes de la Facultad de Humanidades y Ciencias. Venía rodeado de fama, era joven, tenía pinta así como a Django -alguna me entenderá- había estudiado en Francia y hecho descubrimientos en Bioquímica.
Estuvo cobrando como profesor un año y cuando empezaron las clases, nos dio un par de clases y renunció.
Normal en los médicos uruguayos, casi todos acumulan media docena de empleos, los vas a buscar a A, no esta salió para B, donde no está, aún no llegó a C. Y en ese plan.

Lo hacen todos, ellos se lo tienen montado así. Lo hace hasta el Presidente Vázquez, médico en activo y es el único Presidente de un país del mundo que trabaja a tiempo parcial.
Es la cultura que tienen todos esos que mandan ahí y por eso tú eres pobre: el pluriempleo y el no rendir, pero cobrar.
Cuando lo tuve de Profesor en el Departamento de Bioquímica, y era jefe además de media docena de cosas más, además de sus negocios privados, venía a principio de curso, repartía las tareas, se reservaba la clase inaugural, «vos te encargás de las prácticas, vos de DNA,».
Nunca más lo veías, o aparecía alguna vez, frotándose las manos, simpatía pura.
Era de una capacidad de expresión fuera de serie, incluso en un país como Uruguay, lleno de picos de oro y charla baratas. Capaz de explicar y hacer entender temas muy difíciles, donde otros que sabían más se hacían un lio.
Y no era celoso de su habilidad, explicaba a sus papanatas subordinados, nosotros ellos, en que consistía saber dar una clase memorable.
Como médico una vez una funeraria le dio un premio por haber sido el médico que le había mandado mas pacientes: lo rechazó indignado, pero hay que explicar que eran de cancer y ahí no se salva casi nadie, digan lo que digan.
Pasaron los años, y medró bien, pero entró en conflicto precisamente con el que ahora es Presidente, su colega y rival del cáncer.
Se había casado con una política del partido Colorado y los Frenteamplistas (los comunistas, para simplificar) le montaron un pitoste con un tal Nicolini, un corrupto, falsario, que en base a documentos falsos y mentiras medraba de la política.
Logró hundir a nuestro héroe, sin embargo.
Nicolini, a su vez y poco después, tras otras trapisondas y delitos, queda empapelado el Senador «cenador», porque se hizo una operación y para no pagar presentó carnet de pobre.
En Uruguay los Cenadores ganan bien.
Corrupción, sí, pero que chiquita y ridícula! Y es que en Uruguay no se dan cuenta que están rascando el fondo del cubo de la basura.
Fuese el médico entonces a Puerto Rico donde montó laboratorio, y trataba enfermos terminales de cancer.
Nos enteramos que en el juicio criminal que le han metido, se declara culpable de haber usado tratamientos, en este caso vacunas, no autorizados en EE.UU.
Varios años de carcel, casi a los 70 años.
A esa edad en España un médico menos capaz tiene una sólida posición.

Esto de irse a Puerto Rico a buscarse la vida me ha recordado la novela de Quevedo, «Historia de la vida del Buscón». Con tanto uruguayo que se va a buscar la vida conviene saberlo.
El Buscón de Quevedo, tras aventuras en la España del Imperio, a cual peor aventura, y cerca de ser ahorcado, se va de España.
«Y fuese a América, donde no le fue mejor, porque nunca mejoró quien mudó sólo de lugar y no de vida y de costumbres», escribe Quevedo.

¿Y esos deliciosos altibajos de la fortuna, qué? Esas experiencias valen mucho y muchos se darían con un cantico en los dientes porque los mandaran a una carcel en Estados Unidos ya en su vejez.

Una historia de sudacas, como hay tantas.

Por Armando

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