Siguiendo los pasos de sus mentores Vázquez y Arana que han hecho de Montevideo una asquerosa ciudad tercermundista -sucia, peligrosísima, sin atractivos, carísima para sus habitantes- el intendente (alcalde, en castellano) Ehrlich, bioquímico peor que mediocre que se aupó aduciendo persecución política en otras épocas, va camino de superar lo peor de los otros.
En Montevideo hay cientos de autos abandonados en la calle. La Intendencia (Ayuntamiento, en castellano) no los retira, porque dice que no tiene grúa para hacerlo.
Mentira, lo que no tiene Ehrlich es vergüenza.

Para pasear por el mundo a costa de la intendencia, para eso sí que tiene.
Para pagar a miles de empleados comunistas con sueldos fastuosos, para eso sí que tiene.
Para cargar a los montevideanos con impuestos excesivos pero sin contraprestaciones, para eso sí que tiene.

No se crean Uds que esto no causa crimen, decadencia, desasosiego y desaliento entre la población.
Es lo que se llama la teoría de los cristales rotos.
La pueden leer en The Tipping Point, de Malcolm Gladwell, libro que tengo en este momento sobre este escritorio.
Libro que ni Ehrlich ni Vázquez ni (ponga aquí el nombre de cualquier fama oriental) ha leído ni nada que se parezca.
No es de extrañar que con ignorantes y gandules gobernantes comunistas como éstos, Uruguay se transforma en un valle de lágrimas.

Los delincuentes, a diferencia de lo que suponen muchos, son personas exquisitamente sensibles a su entorno social y ambiental. Quizás más sensibles que los que no somos delincuentes y vamos por la vida sin prestar atención.
Nosotros vamos a lo nuestro, ellos van a por lo de los demás, por eso van con los clisos bien abiertos. [clisos: ojos, en idioma gitano]
Está demostrado por estudios sociológicos que los delincuentes sí prestan atención. Que cuando ven en un barrio, «cristales rotos» en las casas o en coches abandonados (de ahí el nombre de la teoría) inmediatamente depredan. Porque esos cristales rotos, ese abandono, le indican -tal como a las fieras las huellas de sus presas- que pueden actuar impunemente, que ahí a nadie le importa un pijo de nada.
Y en Montevideo a Ehrlich o a Vázquez les importa un pijo de nada.

Esto es una buena Teoría, no una mala ocurrencia. La diferencia entre una Teoría y una Hipótesis u ocurrencia, es que la Teoría tiene una base fáctica y unas consecuencias que pueden ser estudiadas y demostradas, o no.
Actuando sobre la Teoría de los Cristales Rotos, en ciudades de EE.UU. como Nueva York la administración inmediatamente acudía a solucionar esos aparentemente pequeños detalles (cristales rotos en edificios abandonados, coches abandonados en la calle, otras señales de decadencia social) e inmediatamente la criminalidad descendía. Muchísimo.

EE.UU. no es ningún paraíso, pero hace mucho que dejó de ser Tombstone mientras que Uruguay lo sigue siendo entre el abandono, la impavidez y el «pásate el día que otro vendrá, que yo cobro buen sueldo a fin de mes» que es la actitud de sus gobernantes. En EE.UU. los problemas se estudian por gente competente y soluciones se implementan.
En Uruguay no se hace ni una cosa ni la otra, que el gobernante considera que él está ahí para mamar a cambio de no hacer nada luego de venderle ilusiones a una ciudadanía confusa y sin esperanzas.

SOLUCIONES. Sería yo otro charlatán como Ehrlich y los demás si no contara cómo se hacen las cosas en los países donde se hacen cosas, porque este problema está en todas partes, y se soluciona en todas partes menos en el Montevideo de los comunistas.

* Privatización de la grúa. Esto me pasó a mi: Un medio día en Alicante aparqué mi coche en lugar prohibido (yo lo sabía perfectamente) junto a entonces Galerías Preciados, ahora Corte Inglés. Compré rápidamente lo que necesitaba, y fui a mi coche, justo cuando paraba la grúa. Me metí en él y me aspiriné frente a la mirada rabiosa de los gruístas.
El alcalde ha privatizado este servicio, y los de la grúa van como aves de rapiña recorriendo los lugares que saben. Te cargan el coche en un periquete y lo llevan al depósito, donde tienes que pagar una bruta multa para retirarlo, o te lo venden, o destruyen, y te multan más aún.
En Inglaterra, también es privado, te ponen un cerrojo en la rueda, «clamp», y si no pagas no te lo quitan. Y si no llamas con rapidez y pagas, se te llevan el coche, multa enorme y si no pagas, son capaces de mandarte preso o confiscarte la vivienda.
* Hacer trabajar a sus miles de inútiles. Con la cantidad de empleados que tiene que no hacen nada, que los mande a llevarse los coches a empujones. Así bajan de peso y crían menos sebo, mamones.
* Carritos folclóricos. A los 9 mil bichicomes del carrito -su existencia es cosa única en el mundo y culpa entera y total de los comunistas- los autorice a llevarse los tales coches abandonados y venderlos de chatarra y pagarles a ellos la multa condigna.
Te limpian las calles en un periquete.
(Admito que esta última solución puede dar lugar a ciertos excesos de celo por parte de los esforzados del carrito, pero no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos.)

Ehrlich para qué va a solucionar nada si cobra mucho a fin de mes por no hacer nada. Es para lo que valió toda su vida para no hacer nada haciendo como que hace algo.

Por Armando

Un comentario en «Ehrlich, el Incompetente de Montevideo»
  1. Tengo que reconocer que aunque nos da con un fierro, tiene ud. toda la razón. Es lamentable que Uruguay, teniéndolo todo para estar mejor, esté como esté por los tejes y manejes de esa gran manga de inútiles (todos, porque son todos iguales) que nos hemos dedicado a perpetuar en el poder. Pero, ¿de quién carajo es la culpa?? De los uruguayos, que se ve que nos encanta mantener a parásitos y bichicomes y que encima nos la metan doblada…. Triste, pero cierto. En fin, ya se sabe, sarna con gusto ….

    Un saludo

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