Esta macumba de comunistas que está destruyendo el Uruguay se mete con la Educación, a destruir porque no valen para nada. Manga de bestezuelas ignorantes, arramplan con libertades, derechos y con todo en su sedienta búsqueda de poder.

El artículo del artista dos veces presidente es muy bueno y si El País/Monty tuviera su página como mandan los cánones pondría simplemente un enlace activo pero lo copiaré a la vuelta y alguno lo leerá que no lo hubiera leído.

Desertando del futuro

JULIO MARÍA SANGUINETTI – Ex Presidente de la República [agl. dos veces, eso es valer.]
Si algo ha mostrado el Informe Pisa de la OCDE, es que el cuello de botella del desarrollo está en la educación. Evaluados los jóvenes de 15 años, ese informe revela, invariablemente, que los mejor preparados son los de Finlandia, Irlanda y Corea. Alterna en ocasiones Japón. Están siempre por encima de las potencias culturales: EE.UU., Inglaterra, Alemania y Francia. Y da la casualidad que son los «milagros» económicos de la época de la globalización. Razón por la cual no hace falta recurrir a la lógica de Kant para concluir que las naciones con sus jóvenes mejor preparados en conocimiento científico, matemática y su propia lengua, son quienes más ventaja cobran. Como dijo H.G. Wells: «La historia se ha transformado en una carrera entre la educación y el desastre».

Está claro entonces que nuestro país, sin demora, tendría que centrar todas sus preocupaciones en la calidad de la educación y al mismo tiempo abalanzarse sobre la experiencia de aquellos países. Todos los partidos políticos estaríamos prontos, no tengo la menor duda, para ahondar en el tema y encontrar los mejores caminos. La discusión de la proyectada ley de educación es -todavía- la gran ocasión para ello, pero lamentablemente llegamos a esa instancia con las peores perspectivas. Luego de un año largo de debates quedó claro que las gremiales de docentes están fanatizadas en el co-gobierno, en despojar al poder público de la dirección y administración para concentrarlo en sus manos, como hace años ocurrió en Secundaria y UTU, con el resultado de una politización que llevó a la fractura de la sociedad uruguaya.

Lo triste es que el proyecto ha quedado entre fuego cruzado. Las gremiales consideran que tener dos representantes en los 5 del Codicen y que se precisen 4 votos para nombrar el resto de los Consejos (con un voto gremial decisivo), no es suficiente. La consigna es la histórica («todo el poder a los soviets») de modo que las directivas gremiales no aceptarán nada que no sea su mayoría. A ello se añade, curiosamente, que el propio Codicen oficialista, expresa sus reservas, preocupado por la creación de una multitudinaria Comisión Nacional de Educación, uno de los astros de la constelación de nuevos organismos, que según Yarzábal es «inquietante» porque introduciría una especie de parlamento revisor de la vida del Codicen. En el otro extremo estamos quienes, desde la oposición, impugnamos el gravísimo error de quitar a la representación auténtica de la ciudadanía, la conducción del proceso más esencial en la vida colectiva.

Como las corporaciones protestan, igualmente se le hacen concesiones conceptuales reñidas con la institucionalidad democrática nacional:

1) La Constitución impone la «formación del carácter moral y cívico de los alumnos». Nada dice la ley al respecto. Sólo se detiene reiterativamente en la formación en «derechos humanos», que fueron despreciados históricamente por todas las organizaciones autodenominadas de «izquierda» por considerar «libertades burguesas» a las establecidas en la Constitución. Cualquier ley sobre la materia debe partir inequívocamente, de los principios sustanciales de la Constitución, o sea garantizar la protección a «la vida, honor, libertad, seguridad, trabajo y propiedad», que son los derechos fundamentales del ciudadano (art. 7 de la Constitución).

2) No hay norma que condene la violación al principio esencial de laicidad, fundamental en nuestra República. La Carta es terminante en considerar «ilícito» el «proselitismo de cualquier especie» en los establecimientos públicos y muy especialmente en los centros educativos, donde «la independencia de la conciencia» del educando es el objetivo. Este debate debería estar cerrado, pero todos los días se reabre a través de intentos legitimadores del pasado de violencia que sufrió el Uruguay.

3) Se dispone la «libertad de cátedra», de modo que el docente «es libre de planificar sus cursos realizando una selección responsable, crítica y fundamentada de los temas y las actividades». Este principio, que es fundamental en la educación superior, resulta muy peligroso en la educación primaria y media si no se establece -como dice la ley actual- que el docente deberá actuar «dentro de la orientación general fijada en los planes de estudio y cumpliendo con el programa respectivo».

4) Se desplaza la habilitación de los centros educativos de enseñanza primaria y media a los Consejos Desconcentrados, que fijarán los lineamientos y «procedimientos». En ellos, la visión corporativista siempre está más presente, acentuada en ese caso por una mayor representación de gremios que notoriamente son contrarios a la educación privada.

5) Se legisla sobre los centros privados «preescolares» avasallando de modo inequívoco la libertad de enseñanza prevista en la Constitución, pues el Poder Ejecutivo -y no la autoridad autónoma de educación- se arroga el derecho de habilitarlos, más allá del contralor de higiene, moralidad y orden público que es el único ámbito en que podría actuar.

Podríamos seguir señalando otros defectos tan sustanciales como los referidos. A ello les añadimos que la ley genera una inverosímil creación de organismos, costosísimos y engorrosos. Hoy existen 6 organismos con 28 integrantes en total y ahora se proyectan 19 con 99 miembros, en una verdadera maraña burocrática, confusa y reiterativa.

Lo más grave, sin embargo, es que la ley ni insinúa una orientación sobre la calidad requerida en la educación. Instaura un organismo evaluador, pero nada establece sobre qué parámetros trabajará. Desgraciadamente todo esto ha sido, y es, una discusión sobre el poder. Nadie se planteó en el llamado «debate educativo», ni se plantea en el proyecto, el desafío de mejorar de verdad la calidad para afrontar el mundo globalizado (ese «horror»…). Por supuesto, no se precisaría una nueva ley, pero como todo ha de «refundarse» en este período, tendremos que estrenar ley. Aunque ella no apunte a enseñar más y mejor y de ese modo desertemos de la convocatoria del futuro.

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Una sola objeción le haría al buen Dr. y es que nombra Potencias Culturales a EE.UU., Inglaterra, Alemania y Francia y no nos nombra a nosotros los payos.

Vale, así que los españoles no somos potencia cultural del mundo. Pero a cambio tenemos muchos más albañiles, mozos de bar y camioneros que todos los demás juntos, qué tontería con la educación y la cultura.

Por Armando

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