Entre los diabéticos es una especie de chiste amargo: «dentro de cinco años, viste».  Siempre salen descubrimientos médicos muy prometedores, de universidades norteamericanas o inglesas, incluso de universidades argentinas, que para dentro de cinco años se va a solucionar la diabetes, por transplante de células, por ingeniería genética, por xenotransplantes de páncreas de cerdo.

Pasan esos cinco años, y veinte y cuarenta y siempre la solución está, ahí, en cuanto se solucionen pequeños problemas, dentro de cinco años.   No es que no haya avances, ciertos progresos pero se trata de perfeccionamientos técnicos, agujas más finitas o productos menos rechazados por el organismo.  La solución final, dentro de cinco años.

Lo mismo ocurre con la energía.   La fisión nuclear, es decir la unión de núcleos de hidrógeno o de sus isótopos, promete una fuente inagotable y segura de energía para la humanidad.  Creo que desde 1957 vengo leyendo -yo fui un lector temprano y voraz- que para dentro de cinco años.

Cincuenta años después la solución se encuentra muy cercana, para dentro de cinco años.  O sea, tan lejana como siempre.

En la política pasa más de lo mismo y los partidos nos prometen que si los reelegimos -o elegimos- van a solucionar estos graves problemas.  Para dentro de cinco años.  No les alcanzaron los cinco anteriores, para dentro de cinco años la solución.

Por Armando

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