Cinco libros de viajeros ingleses por el Cono Sur

V. S. Naipaul The Return of Eva Perón
P Theroux The Patagonian Express
Toby Green Saddled with Darwin. A Journey Through South America on Horseback
BChatwin In Patagonia
B. Keenan y J. McCarthy Between Extremes

La Literatura de Viajes es en el Reino Unido una industria cultural floreciente y una tradición cultural antigua y muy respetable, con obras de gran calidad imprescindibles de conocer por la persona culta. Los mejores periódicos publican suplementos con artículos de espontáneos y de profesionales, de calidad muy variable -sea familia numerosa de compras por Benidorm, o bravo viajero por Afganistán, o hedonista y vividor en Las Vegas: de todo y para todos los gustos. Muchas veces el viajero curioso e inquisitivo -no siempre inofensivo, como veremos- deja una obra que trasciende esta literatura consumista y profundiza en lo local y universal. Los libros que reseño a continuación se han ocupado del Cono Sur, algunos también se han detenido en Uruguay y han reflexionado sobre las causas profundas de ciertos desastres y sobre el modo de vida de nuestros países; otros, los más simpáticos, cuentan lo que ven sin entrar en juicios de valor.

☼  El premio Nobel de literatura Naipaul revolucionó el periodismo con su libro The Return of Eva Peron. Viajó a la Argentina y estudió al Uruguay en “los años del plomo” -como ahora quieren llamarlos. Es un libro incómodo para el rioplatense (de izquierda o de derechas: y también sea de la orilla izquierda o de la orilla derecha del Rio de la Plata) por su descarnado análisis de la decadencia de unos países que quisieron ser otra cosa y no supieron, y Naipaul, algo así como latinoamericano era la persona más adecuada en el mejor/peor momento: pues es nacido en Trinidad, pero de ascendencia hindú, vegetariano (debe haber pasado mucha hambre en Buenos Aires; sin duda vería a los argentinos más que como a carnívoros, devorando animales sagrados), visitante de color oscuro en Argentina, un país muy racista, y educado en Oxford, ve a ciudadanos descendientes de europeos, degradados, de mentes muy enturbiadas hundirse en la barbarie, deplora el comportamiento sexual del hombre argentino, sobre el que tiene palabras muy duras. Se extiende mucho sobre la sexualidad del argentino, se nota que estaba bien documentado y no sólo en papeles: luego supe, años después de leer su libro, que tuvo muchos años hermosa amante argentina en Londres, además de a su santa, y era obsesivo habitué de casas de lenocinio. No le gustaba Borges ni como escritor ni como persona: lapidariamente, lo consideró ‘un irresponsable’. (Irreverente, años después, el español Pérez Reverte a Borges lo llamó ‘gilipollas’).

☼  Desde las nieves de Boston el norteamericano Theroux toma el tren y se lanza con energía yanqui hacia el continente al Sur del Norte. Theroux fue en su entusiasta juventud miembro del Cuerpo de Paz norteamericano, esa ilusión de Kennedy por la mejora del mundo (aunque su experiencia docente fuera en Africa, en Malawi, y al Africa vuelve regularmente). Theroux es algo como muy discípulo de Naipaul y The Patagonian Express puede leerse, al menos en su parte argentina, como un anti-Naipaul: lo quiere enterrar al maestro. La emulación de Theroux ha llegado a la rivalidad y más tarde a abiertas peleas, pero aquí la discrepancia es sutil: todo lo sutil que puede ser un norteamericano: no muy sutil el americano, todo lo que a Naipaul le disgusta de la Argentina a Theroux le gusta. A Theroux le gustará el régimen de Videla, ve a la Argentina de los 70 como una gran cosa, elogia a Borges con desmesura (quizás ve en el mejor escritor argentino alguien inalcanzable, por eso opta por presentarlo como una especie de intelectual anglosajón: Borges era más que eso) y con ímpetu inagotable se lanza hacia la Patagonia a toda pastilla.
Es precisamente ésta la parte más decepcionante del libro; las vastas, monótonas distancias, la carencia de puntos de referencia se muestran superiores a su visión apresurada y a su escaso trabajo previo en documentarse: cuenta lo que ve y lo cuenta bien, pero en profundidad no sabe nada. Naipaul viajó menos pero vio más.
Theroux es a menudo un viajero hostil que arrastra su condición norteamericana sin salir de ella; donde Naipaul -muy superior, como hombre educado en varias culturas – es imparcial e incisivo, como el naturalista que observa unos ejemplares interesantes, unos interesantes ejemplares de la especie argentina, Theroux es superficial, lamenta que un revisor de trenes argentino gane muy poco, se asombra de que un viajante argentino lea un cómic. Está muy agradecido, tras descender por los Andes, de llegar a la Argentina: al fin ha dejado atrás a los hombres sin cuello, dirá.
Theroux al descender al sur pasó por Nicaragua en plena revolución sandinista: se ve que los graffitti antinorteamericanos en las paredes le ofendieron y escribe, resentido y ninguneando, que los países dan los escritores que se merecen y que Nicaragua, un país pobre y salvaje, sólo ha producido en su historia un poeta, y además mediocre.
Ni lo nombra: es Rubén Darío.

☼  Entusiasta, obsesivo, excéntrico y medio loco son calificativos que le cuadran bien a Toby Green, que fue profesor de inglés en Chile, se consiguió una beca y con su novia deciden recorrer a caballo la ruta que hizo Darwin un siglo antes por Sudamérica. De ahí Saddled with Darwin: Montado con Darwin. Para el que lo ignore, Darwin recorrió desde Brasil hasta Chile, incluyendo las Malvinas; pero fue en el siglo XIX, Darwin disponía de un buque de la Armada, Darwin era rico, y por entonces no había camiones que te tiraran a la cuneta.
Toby compró tres caballos en Uruguay, fue a lo de Máspoli a que le hicieran unas sillas, incluyendo una de carga para el tercer caballo (un desastre, lo engañaron) y con su novia y los caballitos se recorrieron el Uruguay hasta el rio-frontera con Argentina.
Esta parte del libro es deliciosa para el uruguayo y más si es naturalista y alguna vez montó a caballo y no puedo elogiarlo lo bastante: haced un esfuerzo por conseguirlo.
Toby es un loquito lindo, y viajar así realmente enseña. No es el intelectual ácido Naipaul ni el cagaprisas de Theroux, que sabe que al final de su viaje tendrá otro best-seller. Toby come ovejas que le carnean, le gusta muchísimo el Uruguay, divaga, es muy sucio a la fuerza, lee y comenta a Darwin, a Lamarck, se pierde, a la novia la tira el caballo a cada rato, y cuando llega a la Aduana ¡¡¡ le dicen que si quieren exportar a sus caballos a la Argentina !!!
Con los aduaneros hemos topado, amigo Toby.
No le quedó más remedio que vender sus tres caballos y enviar a la novia a Inglaterra, pues una caída más y enviudaba antes de casarse.
Estuvo en Mercedes, os transcribo una línea: “Todos los que viven ahí llaman a Villa Darwin, Sacachispas.”
Pero llegó al monumento a Darwin, orillas del Río Negro: “Darwin 1832-33”.
Cuando cruzó a la Argentina, bien recomendado, los de la Asociación Rural deploraron el abuso que los uruguayos habían cometido con él e inmediatamente, para que se note el poderío, ché, le regalaron un par de caballos:
“Cuando baje a la Patagonia me los deja en la estancia, m’hijo,” le dijeron.
Y ahí fue, el Toby. Recorrió miles de kms, vio y cuenta cosas maravillosas y cosas espantosas y cosas de monotonía, fiebre y delirio. Por abajo de Carmen de Patagones la silla que le había hecho Máspoli le dio mataduras a su caballo y tuvo que abandonarlos en una estancia.
Y siguió a pié, sólo, delirando, miles de kms a pata, al sur, siempre al sur.
Un monumento a la tenacidad y un documento estremecedor, incomparable, de un hombre de la raza de Scott y Livingstone.

☼  veces Toby Green en su viaje se refiere a su muy famoso predecesor, Bruce Chatwin y a In Patagonia, un libro que revolucionó la literatura de viajes: hay un antes y un después del libro de Chatwin.
Chatwin estaba obsesionado con la Patagonia desde muy niño: el primo de su abuela, el Marino Charley Milward encontró el ‘brontosaurio’ en Punta Arenas, tras su naufragio. Un trozo de la piel del brontosaurio estaba en el aparador, pero cuando falleció la abuela y Chatwin fue a pedirlo lo habían tirado. Este brontosaurio no era el tal reptil de la era Secundaria sino un Mylodon o Perezoso Gigante, cuyos huesos están en el Museo de Historia Natural de Londres, La Plata tiene otros muchos.
Chatwin viajó muchas veces a la Patagonia y conocía su historia y geografía mejor que nadie. Viajaba con las comodidades posibles (tampoco muchas) y sin prisas, con la parsimonia del que desea dejar una obra duradera y no lo apura nadie ni se le acaba la plata: Este es el libro que lo haría famoso.
Su relato es detallado pero sin la excesiva verborrea que es achaque común a la literatura de viaje, pues algunos se creen obligados a contarnos cada árbol, cada iglesia, cada fuente. Chatwin nos dará el diálogo vivo del paisano, la historia cruel o pintoresca, el pingüino en la gris costa patagónica y más historia trágica de naufragios y desastres: es curioso que Patagonia una tierra tan vacía tenga tan mala historia o quizás es por eso.
Pero donde Toby Green tiene el sano entusiasmo y la ingenuidad del profesor y naturalista aficionado, Naipaul el desapasionado análisis del intelectual educado en Oxford, en frías aulas centenarias, Theroux la ambición, envidia y apresuramiento del yanqui cagaprisas, en Bruce Chatwin hay ‘algo de la noche’ en él: algo oscuro, algo no enteramente sano.
(Something of the night, llaman así en Inglaterra a tener una turbia disposición.)
Chatwin murió del sida, era homosexual pasivo, (nada de eso se nota en este libro, pero el saberlo cambia su lectura y a veces la hace ambigua) pero años más tarde, cuando su enfermedad era evidente, declaraba que era una infección por un hongo que se agarró al comer un huevo de cien años en China: tal plato existe pero yo no quiero probarlo.
Y Chatwin era espía. Gran Bretaña tiene una gran tradición en escritores espías (una lista de los bien conocidos sería sorprendente) y está claro que muchos practicantes de esa rara profesión son ayudados a publicar, el sueldo no les da para mucho y un best-seller ayuda en los gastos necesarios.
Escribe muy bien, es un gran estilista y se nota la elaboración, el gran trabajo en lograr la expresión justa y el buscado tono espontáneo.
Otro libro famoso de Chatwin, What Am I Doing Here? (¿Qué estoy haciendo aquí? Es un interrogante común en los viajeros) recoge buenos ejemplos de su prosa elegante.
In Patagonia es un libro del tamaño exacto, tal como las patas de un caballo deben ser justo de largas como para alcanzar hasta el suelo. (Los norteamericanos tienen un refrán parecido, pero es con las largas piernas de Lincoldn). Tiene 187 páginas y es un alivio, cuando deplorables escritores nos sacuden tomazos de 700 páginas, leer a quien cuenta justo y bien lo que nos quiere contar.

☼  393 páginas y lindas fotos en color tiene Between Extremes y se nota que Keenan y McCarthy lo escribieron transcribiendo sus cuadernos de viaje y con apresuramiento: si lo hubieran escrito sin tantas prisas le podían haber quitado 100 páginas y el libro sería aún mejor.
Keenan y McCarthy se habían pasado cuatro años secuestrados en una mazmorra de Beirut (a Keenan los palestinos le encontraron un pelo falso, un transmisor de radio era) y en su cárcel injusta y medieval soñaban con los amplios espacios y las libres repúblicas donde el hombre respira a pecho abierto. Cinco años después, ambos a caballo por la Patagonia chilena, por Santiago, los Andes, Chiloé, la Patagonia, su libro es un tributo a la amistad y la libertad. No son severos intelectuales ni cuidados estilistas, ni están imbuidos del espíritu de Darwin (aunque algo se refieran a él, inevitable en un inglés en la Patagonia) disfrutan de la vida, de comidas nuevas y de la bebida que compran por el camino; sus observaciones son amistosas y si superficiales también se agradece: a Naipaul sólo se le puede tomar en traguitos muy pequeños, como a las vitaminas concentradas.

COMENTARIOS
En Argentina corre una versión paranoica de malos designios del Norte hacia la Patagonia: hablando rápido y mal, que se la quieren quedar para cobrarse la deuda externa. Yo diría (disculpadme mi sarcasmo habitual) que a los acreedores se les podría engañar así, pero me temo que no tragarán. La Patagonia tiene una larga historia de fracasados intentos de desarrollo, Toby Green y Chatwin nombran muchos por parte de ingleses y franceses. A esta lista de guiris equivocados y delirantes yo podría agregar el de nuestro pintoresco escritor valenciano Blasco Ibañez, que también organizó una colonia, allá por principios del siglo XX, y tras el fracaso los valencianos le fueron a prender fuego a la casa.
Leyendo el delicioso libro de Toby Green, que literalmente se pateó la Patagonia a pata, y nos cuenta de la creciente aridez y desertificación, de una pobreza y soledad aplastante, de unas dificultades sobrehumanas, estas sospechas se pueden ver como torvos pensamientos de necios puebleros que nunca han salido de la capital y que hablan de ‘nuestra tierra’, cuando la única tierra suya la tienen en las orejas.
Os asombrará que Gran Bretaña en una isla de Escocia ha reproducido la ecología patagónica, trasladaron y plantan ejemplares de su flora, araucarias, etc. No hay que hacer una lectura ominosa de esta positiva investigación: la ecología de Escocia es en realidad muy pobre, de baja diversidad específica. Son tierras que estaban bajo los glaciares hasta hace relativamente poco, hay pocas especies de plantas y reproducir ahí ese rico ambiente del continente sur permite investigaciones que en Kew Garden serían imposibles.

En todo caso, muchos galeses se instalaron en la Patagonia hace un siglo. Chatwin lo cuenta con algo de inquina: miraron donde podían ir en el mundo y que no hubiera ingleses, lo más lejos posible de ellos, y se fueron a la Patagonia, nos cuenta. No les ha ido excesivamente bien, pero ahí viven, es su tierra, no es de los que viven en la Boca, y van a pedir un pago de Jefe/Jefa del hogar.

COMENTARIOS DE AMIGOS
From ENTREGA 2000 Subject:Delirios Patagonicos

A Todos: El tema de la Patagonia es lindo, y uno no sabe nada, pero te garanto que en un mínimo cruce y sin llegar ni cerca a Tierra del Fuego, da la idea que la suma de falta de lluvias + viento, hace muy difícil la vida de árboles, lo único que hay es arbustos bajos o un poco menos bajos. Y hay ovejas, porque donde un vacuno se muere de hambre, una oveja engorda, es de lo más buscavidas y se planta en el mejor lugar de pastos. Aparte que la humedad (en el Uruguay al menos) a las razas habituales las embroma mucho, por vía de parásitos y enfermedades podales. El libro de Marks es buenazo, después se diluye un poco, pero de primera te lleva, me gustó mucho..
Por este campo de San Dios, URUGUAY, uno de los recorridos posibles para llegar al cerro de los Claveles (estamos a menos de 2 leguas por derecho), ha hecho que hayan pasado (y parado en la estancia) por lo menos dos estudiantes buscando hacer su mismo recorrido, uno a caballo, y el otro en bicicleta. Recuerdo uno norteamericano en especial que iba a hacer su tesis sobre Darwin, pero nunca más supe nada de él. Y uno de esos autores tiene razón, nadie llama Villa Darwin a Sacachispas, cuyo nombre primero y real para mí sería Perico Flaco. Pero el padre de una familia grande le llamó así, porque los hombres se sacaban chispas en el cuchillo, y las mujeres con la lengua… dejalo ahí. Como explicarle quién fue Darwin, a los que hoy se dicen chisperos, y nada más, porque popularmente es el Chispa el nombre del pueblo. Los otros dos han sido aceptados en el ámbito municipal, aunque por suerte predomina el Villa Darwin. Pero los oficios para el Juzgado siguen viniendo como 10ª sección judicial Perico Flaco.
La nota tuya muy linda Armando, pero es larguísima, trataré de buscarle un lugar. Y espero que el Támesis no te inunde el rancho. Pepe

From A. M.
Está claro Armando que no hay nada como leer los originales, pero en este país empobrecido económica y culturalmente, es muy difícil conseguir libros en su idioma original. Puede ser que Amazon sea una solución, pero no para sueldos en pesos uruguayos. a veces el libro en sí puede ser accesible, pero luego te agregan el empacado y el flete y, a veces, duplica el valor. Los afortunados que tienen un sueldo en libras o dólares y viven en el primer mundo tienen otras posibilidades. A veces se consiguen muy buenas ofertas en libros de segunda mano en ABE Books (he hecho excelentes «negocios» con ese pool de anticuarios; creo que ya son alrededor de 10.000 de todo el mundo).

Ampliando un poco lo dicho por Armando, les comunico, para aquellos que no lo sepan, que el libro de Toby Green se tradujo al español bajo el título Tras las huellas de Darwin (Editorial Sudamericana, 2000, en la colección RumboSur).
Otros dos títulos de interés son: Nichols, Peter. 2003. La sombra de Darwin (Evolution’s captain. The dark fate of the man who sailed Charles Darwin around the World). Emecé Editores, Buenos Aires. Una buena biografía de FitzRoy, en paralelo con la de Darwin.
Marks, Richard Lee. 1994. Tres hombres a bordo del Beagle (Three men of the Beagle). Javier Vergara Editor, Buenos Aires. Trata de las vidas de Darwin, FitzRoy y Jemmy Button, el patagón que FitzRoy se llevara a Londres y se viera obligado a devolver a su tierra y con ello el viaje del Beagle.
Con respecto a la pobreza de productividad de la Patagonia, una región árida e inhóspita si las hay, en buena medida se debe al excesivo pastoreo ovino al que se vio sometida, principalmente por galeses, pero podríamos decir por británicos en general. Hoy, buena parte de la Patagonia es propiedad de la familia Benneton.

Por Armando

2 comentarios en «DELIRIOS PATAGÓNICOS»
  1. Hola
    El libro Tres hombres a bordo del Beagle es historia o ficción?
    Saludos
    Débora
    Comentario de a.g.l. No lo he leído. Si la memoria no me engaña ¿trata de Darwin, FitzRoy y el indígena patagón? Si es el caso, puesto que sí he leído Voyage of the Beagle y el cuaderno de Darwin del viaje del Beagle, y cosas de FitzRoy y todo el tema en abundancia, debe pertenecer a este peculiar género británico de ficción histórica (de gran éxito) que reconstruye los personajes y ambientes ajustándose de cerca a los hechos históricos, pero dramatiza, simplifica y selecciona para amenizar la narrativa.
    Ficción histórica, entonces. Es decir, ficción: la historia es otra cosa.

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