Nicholas Blincoe es un escritor inglés que se fue a vivir a un edificio de apartamentos (‘pisos’ le dicen en España) en un barrio bastante chungo de Londres.

Los chavales del barrio se juntaban en la escalera, a fumar porros, beber, orinar y otras cosas.  Intentó poner orden, según los criterios morales positivos de la clase media: y un día los chavales le pegaron una paliza.

Blincoe cuenta el calvario que luego pasó con las autoridades y las consecuencias de todo esto, que seguramente no han terminado. Se puede leer con gran provecho en The Guardian

Me v the kids

For a year crime writer Nicholas Blincoe was harassed by a gang of children on his estate. Then, one night, his worst fears came true …

Pero hay un tocado en esto, como en todo.  La clase media británica engañó a la clase obrera, fue Thatcher, instándoles a imitar a las clases superiores y comprar las viviendas municipalizadas (‘social housing’ o ‘council housing’ que las llaman aquí) donde vivían de alquiler barato o incluso gratis.  La clase media largó este absurdo de inflación de los precios de sus casas, sin construir nuevas, pero las usaban para rehipotecar y sacar dinero para financiar su insostenible modo de vida: restaurantes caros, largas vacaciones por todo el mundo, chalets en el Mediterráneo o en Tailandia, coches supercaros, drogas, bebidas, ropas -ahí es nada el ropero lleno de ropas sin usar y zapatos que tiene cualquier inglesa manager de una empresa a punto de quebrar.  Al poco la bendita clase media no se puede permitir comprar vivienda en los barrios y pintorescos pueblos de la clase media, y tiene que comprar e irse a vivir entre el lumpen proletariado -porque no se les puede llamar trabajadores, la mayoría no trabaja y vive del paro, y de las ayudas familiares y pequeños trapicheos.  Blincoe y otros clasemedieros intentan imponer sus standares de clase media a los hijos de puta del lumpenaje, y les parten la cara.

El resultado es mucha labor policial y judicial -clase media todos ellos- y buenos, provechosos artículos escritos por la clase media periodista, deplorando este calvario, es decir, medrando de deplorar los males que ellos mismos causan.

Por Armando

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