La Crisis

            Es agosto, en una pequeña ciudad de la costa mediterránea, en plena temporada; cae una lluvia torrencial y hace varios días que la ciudad parece desierta.

Hace rato que la crisis viene azotando este lugar, todos tienen deudas y viven a base de créditos. Por fortuna, llega un ruso mafioso forrado de guita y entra en el único pequeño hotel del lugar. Pide una habitación. Pone un billete de 100 dólares en la mesa de la recepcionista y se va a ver las habitaciones.

El jefe del hotel agarra el billete y sale corriendo a pagar sus deudas con el carnicero. Éste toma el billete y corre a pagar su deuda con el criador de cerdos. A su turno éste sale corriendo para pagar lo que le debe al molino proveedor de alimentos para animales.

El dueño del molino toma el billete al vuelo y corre a liquidar su deuda con María, la prostituta a la que hace tiempo que no le paga. En tiempos de crisis, hasta ella ofrece servicios a crédito. La prostituta con el billete en mano sale para el pequeño hotel donde había traído a sus clientes las últimas veces y que todavía no había pagado y le entrega el billete al dueño del hotel.

En este momento baja el ruso, que acaba de echar un vistazo a las habitaciones, dice que no le convence ninguna, toma el billete y se va. Nadie ha ganado un centavo, pero ahora toda la ciudad vive sin deudas y mira el futuro con confianza.

Inmoraleja: ¡¡¡si el dinero circula se acaba la crisis!!!

Esta parábola keynesiana con inmoraleja tiene una lección seria.   Es equivalente a prestarle dinero a bajo interés a cualquiera de los implicados en este círculo comercial y crediticio.  Es precisamente lo que no hacen ahora en España.

Hay ciertas soluciones pero francamente yo prefiero exponer riesgos ciertos muy graves y contar lo que ocurre y se sabe poco –secretos a mi no me cuenta nadie ni los puedo averiguar yo– que dar soluciones.  Para eso cobran ellos, los unos y los otros.

En primer lugar porque los mandamases no hacen caso de consejos gratuitos.  Sólo lo valoran si les cobran caro, como Krugman y otros así.

Y en segundo lugar porque pienso que los españoles se lo tienen bien merecido.

Peor aún les irá.  Si en Junio vean lo que ocurre, y el verano lo van a pasar muy mal, en cuanto empiece Septiembre se les viene el mundo arriba.

Les voy a pasar un dato sin embargo,  chicatos que no se enteran.  Uno de esos datos desconocidos, no secretos pero desconocidos que dan el pulso de la cosa comercial.

Un amigo que sabe, inglés y que trabaja en una de las más importantes compañías de productos veterinarios de Europa me cuenta que por primera vez en veinte años están asustados.  Hasta hace unos meses todo era expansión.  De repente la gente ha dejado de llevar los animales al veterinario.  El granjero no lleva su ganado al veterinario ni lo llama si se enferman.  Los ciudadanos no llevan a sus perros, gatos y pajaritos al veterinario. Así que no hay tratamientos, no hay recetas y no hay ventas  –relativamente claro está,  pero una considerable caída.

La gente se guarda su dinero porque tiene miedo a la ruina que ven caer y que los periódicos describen.

¿Seguramente irán de vacaciones a España?  Sí, pero irán menos y gastarán menos. ,,

Por Armando

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