Cuando un emigrante sudamericano o un retornado aterriza en Barajas comienza a ocurrirle un proceso bioquimico interesante.¿Habeis visto la película GATTACCA, guanina, adenina, timina, citosina? Durante el trayecto desde el avion a la aduana, a nuestro forastero se le va desprendiendo una lluvia de células muertas, vellos partidos, partículas superficiales. Por efecto de los insecticidas esparcidos en el avión, tambien algún micro-insecto, algún ácaro, que una visión sobrehumana, microscópica veria como una nube radiante que se esparce como la cola de un cometa.

El visitante toma su primer vaso de agua. E instantáneo, por un proceso bien estudiado, los átomos de hidrógeno extranjero que traia, se intercambian por átomos de H español. Que no son lo mismo, qué esperanza. Ese proceso continua inexorablemente. Antes de un mes, ni uno solo de sus eritrocitos es de los que había traido. Los átomos de N, O, Na, K se van reemplazando por las versiones nacionales. En seguida se sorprenderá de que las caries que tanto le molestaban, han detenido su avance y en algunos casos se han remineralizado por el alto contenido en flúor, sodio, fosfato y calcio de la dieta española y olé. Sus proteinas resintetizadas son ya españolas -su tercer corte de pelo, ya es de pelo español total- y muchas de sus células inexorablemente se han reconstituido como células vivas españolas. Su DNA tambien empieza a cambiar, desde luego el mRNA ha sido español desde la primera semana. Y aquí ocurre un proceso que le puede resultar desconcertante. Las ribonucleoproteinas de la memoria, las antiguas, empiezan a desaparecer. Se pierden primero las de los malos recuerdos, frustraciones, minucias locales, cosas feas y resisten las mejores, las de los recuerdos lindos, y de las cosas buenas.

Tomemos por un instante a nuestro español retornado. Su organismo está realizando a la inversa un cambio que hizo hace años.
Pero ahora comprueba el retornado con decepción que esas moléculas de la memoria le han jugado una mala pasada. El país al que regresó no es el mismo que aquél del que se fue. No sólo cambio el país, sino que también cambió él, y se olvidó de mucho y mucho de eso era malo o a él se lo parece. Extraña la comida, que le parece muy industrial -aunque recupere platos y sabores olvidados- extraña el idioma, que debe recuperar. Ahora tiene que coger, en el Rio de la Plata, las cosas sólo las agarraba o tomaba. Los vasos no tienen fondo, ni las botellas, pues tienen culo y las chicas no tienen colita, que vaya que son raras las chicas en el Rio de la Plata, no tienen culo como las españolas, tienen cola.

Tambien extraña el buen trato de los conocidos de su barrio, sus amigos, los parientes que haya dejado, su club de fútbol, sus programas de radio y TV habituales. Todo. A los nuevos, aun reconociendo que no son peores que los otros, les ve defectos que perdonaba en los otros. Tampoco encuentra a sus compatriotas tan honestos como los recordaba -y es que los españoles que se fueron a América eran honrados a toda prueba, los que se quedaron, en fin: hay de todo y las cárceles no están vacias- y los encontrones con ellos y con la horrorosa burocracia española lo irritan demasiado.

Y así, al tiempo las cosas se juntan, se lia nuestro retornado la manta a la cabeza y se vuelve de nuevo a Montevideo o Buenos Aires. Al poco se da cuenta de que la memoria ha vuelto a engañarle. Las riboproteinas chungas se han destruido, sólo le quedaban las de los buenos recuerdos y ahora ve con nuevos ojos un panorama que ha empeorado desde que se fue y recuerda con nostalgia que en España se habia comprado un coche o un piso con facilidad, que malvendió y eso en su recuperado lugar aparece como imposible. La cuestión social está peor, el trabajo y el empleo, fatal.
Y así, un nuevo cruce del Atlántico que puede traer nuevas decepciones.

Dijo Benjamin Franklyn que tres mudanzas equivalen a un incendio, y eso en el tiempo que la gente se mudaba en carro. Con 20 kgs en avión, este proceso de pérdida y desastre en el retornado acumula desconcierto y frustración, cambios destructivos que los psicoanalistas han bautizado como ‘incidio’.

En cuanto a nuestro rioplatense, forastero que se aclimata, los cambios bioquímicos esbozados arriba tienen lugar hasta que empieza un proceso que ataca al ‘gen egoista’ de Dawkins. Cuando el DNA del Yo -tómese como una metáfora, no como una verdad literal- empieza a verse reemplazado por nuevos genes invasores, siente una irresistible fuerza que lo lleva a sus pagos, a los que en realidad sabe su conciencia que no puede volver. En estos tiempos de viajes fáciles, lo explica como ansia de turismo y naturalmente regresa de visita. Alegrias, decepciones. Las reacciones que conté del retornado, tambien ocurren en su caso y es a la vez, mejor y diferente.
El caso es peor cuando decide regresar a las costas del Rio de la Poca Plata, luego de hacer unos ahorros o pequeña fortuna. Lleva su capital, guardado a base de privaciones, dispuesto a invertir de nuevo en su patria el esfuerzo y valer que puso en su anterior emigración. Es innecesario decir que se suele arruinar casi inmediatamente. Ahí aprende, ya muy tarde, que su éxito no fue propio, sino que era por estar en la corriente de una sociedad que lo llevaba y ahora, en la propia, le va como les va a los demas: posiblemente mal.
Es que como dijo el filósofo, ‘Yo no soy Yo: Yo soy Yo, y mi circunstancia’.

Tristezas del emigra.

Publicado Impreso en el semanario Entrega 2000, Mercedes, Uruguay. Editor: José Olazarri
http://www.sorianototal.com/ENTREGA%202000/semanario.htm

Por Armando

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