Viñoly, arquitecto uruguayo rico y millonario regresaría al Uruguay. A hacer patria, no como otros que sólo hablan.

«El poderío de un hombre se nota con el dinero en la mano

Uruguay tiene el potencial de convertirse en un polo tecnológico atractivo para una inmigración europea joven y calificada, estimó el arquitecto uruguayo radicado en Nueva York, Rafael Viñoly.

Según Viñoly, de 65 años, «la falta de gran desarrollo económico ha ayudado mucho al Uruguay porque le ha evitado recorrer todos los errores que han sucedido en tantos otros países vecinos, y ahora puede tomar un atajo».

[ Un atajo.  Si el atajo fuera mejor y más corto que el camino, no sería el atajo, sería el camino. ]

Por ejemplo, otros países construyeron autopistas, trenes, metropolitanos subterráneos, levantaron fábricas, pusieron la Seguridad Social Sanitaria.  Como Uruguay no hizo nada, todo eso que se ahorraron.

Viñoly preconizó sin embargo evitar modelos de desarrollo y especulación inmobiliaria como los impulsados en países de América Central, que según él atraen a jubilados norteamericanos de poder adquisitivo y nivel cultural moderados -por no decir bajos, casi nulos comparados con los cultísimos y finos uruguayos.

«Hay que hacer al revés que esos que han tenido éxito: Uruguay tiene la capacidad de desarrollar una industria del conocimiento que necesite gente joven con un interés intelectual definido y redituable».
Citemos por ejemplo la milonga, las religiones chungas, y la estafa y el desfalco, en que Uruguay es un ejemplo redituable y mundialmente a imitar por lo rentable: que por pedir nadie se hizo pobre.

En un país que ya carece de intelectuales, de periódicos, de semanarios, de revistas de noticias o especializadas de nivel suficiente y donde la compra de estos medios pero del exterior es imposible -pues los uruguayos no tienen dinero ni para comprar el diario- y donde las televisiones y las radios son de pobre calidad y acaparadas por iglesias truchas como Pare de Sufrir y sus imitadores la idea de que puedan ir jóvenes europeos intelectuales además y creativos es de risa.

Salvo que quieran ver caer su nivel de vida 20 veces inmediatamente.  En ese sentido valdría que Viñoly recomendara se funden monasterios de la Madre Teresa, de los Budistas y otros que hagan voto de pobreza. Que si no son pobres cuando vayan, ya se encargarán los orientales de empobrecerlos enseguida.
«Lo único que se requiere es un lugar que tenga las ventajas que tiene el Uruguay. El tema de la seguridad, por ejemplo, en el Uruguay nunca fue una cosa dramática, es poquísima gente y se puede resolver muy fácilmente«.

Cita el ejemplo de la empresa de software india Tata, instalada en Montevideo con 600 empleados. «Podría haber 50 empresas más con desarrollo en microbiología, genética y tecnología».

Viñoly ahora que se vuelve con su dinero las va a fundar él, y Tata va a ser un poroto al lado suyo.

Y Ud, ¿De qué se ríe?

Por Armando

3 comentarios en «Arquitecto y Millonario Regresa al Uruguay»
  1. Probablemente el tema de la seguridad se solucione fácilmente…ahora que van a elegir un presidente que vivió durante años del asalto a bancos y el secuestro extorsivo.

    Que país generoso.

  2. A Viñoly no le tocan un pelo si dice que vota a la izquierda.
    Si sabe quien manda en la Universidad,en la Salud,en la Enseñanza, en los medios,en la Cultura, en los sindicatos y en la delincuencia callejera, este hombre vive en paz en el Uruguay con toda la guita que traiga porque la gente que trabaja de las 7 a las 9 de la noche, ya es pacífica de por sí.
    El problema del uruguay son los vagos en las áreas descriptas que siguen luchando por ganar dinero sin trabajar y se ponen malísimos cuando les salen las cosas al revés.
    Son los que no toman responsabilidad por sus actos y les echan las culpas de sus fracasos al mundo y al «sistema».
    Son los que emigran y luego desde el exterior quieren que gane la izquierda marxista para castigar a los «ricos por los que se tuvieron que ir».No les interesa si esa ideología nos revienta a los que también trabajamos con impuestos que solo sirven para financiar su demagogia y sus amigotes encajados en empleos públicos.
    Si el Uruguay entero entiende esto y se lo cuestionara al menos por un minuto, saldríamos del pozo negro en que estamos sumidos enseguida.
    Y no hablo de dinero.

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