¿Y entonces qué tendríamos que hacer los fracasados de la vida?

Adolf Merckle, que heredó una pequeña compañía farmacéutica de su padre, la convirtió en uno de los holdings más ricos del mundo, con empresas químicas, cemento y farmaceuticas. Su fortuna era superior a los 6 mil millones de euros. Se tiró delante de un tren, porque los negocios ya no le iban bien.

Quiso hacerse mucho más billonario todavía intentando apoderarse de Volkswagen/Porsche, en un reciente choque financiero, y perdió mucho dinero, aunque seguramente no se iba a la cama sin cenar.  Los bancos le negaron dinero que pedía para seguir sus tejemanejes y se mató de la rabia que le vino al viejo avaro.

Descrito por uno de sus directores alemanes de la farmacéutica, como Envidioso, Avariento, y Resentido lleno de odios, el mundo es un lugar un poquito mejor sin él, y ojalá otros como él siguieran su ejemplo.

Por Armando

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