La estadística ayuda a entender los graves acontecimientos climáticos: y la destrucción de Australia

Se habrán dado cuenta que el tiempo parece estar loco, ¿o es esto lo normal y esperable?

El cielo nos amenaza. O la atmósfera, al menos.

Hay tormentas de nieve en Reino Unido que paralizan el país, y no le deja a David Cameron echar su discurso sobre la UE.

Diríamos que nos tiene sobre ascuas, si eso nos diera un poco de calor.

Pero a lo mejor es su mal hacer, digo, el de la generación actual inglesa. Porque en 1947 ese invierno las hubo peores en Gran Bretaña, murió mucha gente por la nieve, el hielo y el frío.

Mientras en Australia se queman vivos. Esta familia se refugia en el agua protegida por un pequeño muelle.

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Podríamos hacer una lista de graves acontecimientos climáticos ahora ¡de hecho este año 2013, estas dos semanas ya son las más extremas que nunca!  ←  Y queda un poco de año 2013, no ha hecho más que empezar.

☼ El 70% de Australia sufrió temperaturas por encima de 42 ºC, hubo 49.6°C en Moomba in South Australia

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La interrogante que nos planteamos, ¿Es esto Normal?¿Está fuera de lo Normal?

Aunque la expresión es popular, hay una base estadística muy clara detrás de esas interrogantes.  Ahora bien, yo no puedo enseñar estadística en un artículo, ni siquiera puedo apuntar a un artículo de wikipedia donde puedan aprenderlo.  Yo les recomiendo que estudien estadística, se compren un libro, hagan los ejercicios.  Si Uds tienen una Hoja de Cálculo, un programa como Excel o el de Open Office, Uds tienen ahí un instrumento potentísimo para hacer ejercicios y enseñarse, o recordar si lo aprendieron y se les olvidó, o mejorar si tienen una idea algo turbia de aquello.

Cuestión, sigma o sea:: σ

En una distribución normal σ sigma indica la desviación standard alrededor de la media, y podemos marcar regiones a una, dos y tres sigmas alrededor de la media, como en la figura marcadas.

Y aquí merece recordemos una regla muy útil, tres números fáciles que son

68 – 95 –  99,7

68, indica que a un desvío standard a un lado y al otro de la media, están el 68% de las observaciones

Esto son las más frecuentes, pero ojo, porque 32% de las observaciones no están incluidas y 32% es una proporción grande.

95, ya indica que el 95% de las observaciones caen a dos sigma a cada lado de la media mu = μ

99,7  son tres desvíos standard, 3 sigmas a un lado y otro de la media.  se incluyen entonces el 99,7% de las observaciones y por lo tanto cosas que pasen a más de 3 desvíos standard, a más de 3 sigmas, son acontecimientos muy raros, no imposibles, pero que deberían pasar muy pocas veces -grandes fríos, grandes calores, records en las temperaturas alcanzadas sea en bajas o en altas temperaturas, o en lluvias en volumen de agua caída-

Estos acontecimientos que se hallan a más de tres sigmas de la media, casos extremos, pueden darse a lo mejor una vez en la vida de una persona nada más.

«No es normal» que año tras año se rompan récords de temperatura, o de sequía, o de lluvia, o de nevadas.

Y eso «que no es normal» está ocurriendo.

Son acontecimientos antes extremos que ahora traen una nueva normalidad.

Pero ojo, no podemos vivir con ese cambio, porque nuestra sociedad y cultura se desarrolló entre ciertos, cómodos, límites y si esos límites a más de tres sigmas se sobrepasan esa nueva normalidad es tragedia y ruina.

Porqué lo que antes era raro ahora se hace más frecuente, y porqué aparecen fenómenos desconocidos antes.

La razón es que un grado de calentamiento, parece algo insignificante, pero desvía la media y cambia la posición de las tres sigmas y trae eventos extremos de la tempera, raros o desconocidos.

El calentamiento global antropógeno aumenta las temperaturas y su variabilidad.  La curva gris ahora se vuelve la marcada en color negro.  El calor extremo, antes en el extremo 3 sigma, ahora cae en la nueva situación dentro de dos sigmas y se vuelve «normal» -o sea, que pasa casi siempre todos los años-, y un calor sin precedentes, algo que caía lejos de 4 sigmas, algo «imposible, rarísimo, sin precedentes» aparece entre dos y tres sigmas de desviación de la media.

La variabilidad además ha aumentado  -la curva es más baja, más chata: hay cambios bruscos, frecuentes, inesperados.

☼  Ahora les queda claro, un sigma, dos sigmas, incluso tres sigmas  puede entenderse «lo normal».  Pero si la media aumenta 1 ºC, la temperatura media de la tierra está aumentando un grado centígrado, entramos en el terreno desconocido, extremos de temperatura ahora son frecuentes antes, en la memoria histórica, desconocidos o muy raros.

☼  Y la tierra, el planeta Tierra, se va a calentar 2 ºC, y seguramente más de 3 ºC, quizás 4 ºC. Esto queda muy, muy lejos de 3 sigmas, esto entra en territorio desconocido, esto será un planeta completamente diferente al que habitamos.

Y la culpa es la producción de CO2 por el hombre.

☼ Por supuesto, siempre salen charlatanes corruptos mentirosos como el alcalde de Londres Boris Johnson que gana 400.000 libras al año en el Daily Telegraph por escribir cosas como esta, para tranquilizar a las ovejas y ganar puntos con los ricos. Y es que el vivo vive del bobo, y Boris Johnson, graduado en idioma griego, lo sabe perfectamente. (un licenciado en griego en España es un pobre diablo, pero el Boris se recibió en Oxford y los ingleses tienen la superstición de que el que vale para algo que no vale para nada, ese vale para todo).

It’s snowing, and it really feels like the start of a mini ice age

Something is up with our winter weather. Could it be the Sun is having a slow patch? , eso dice el payaso Boris Johnson, alcalde de Londres

Los modelos de Cambio Climático, y el sentido común, y la física, explican esto perfectamente. Hay más vapor de agua en la atmósfera, por lo tanto cuando llueve quizás llueve más, si se dan las condiciones para nevar, nieva más.  Pero en este caso ni siquiera nevó mucho, porque en Alemania nieva mucho más y los trenes no se detienen, lo que pasa que los alemanes son unos capos y los ingleses son capos del lloriqueo y el mal hacer.

El trágico destino de Australia

Imágenes de tremendos incendios en Australia, este 2013

En su famoso libro Collapse, Jared Diamond al que tanto nos referimos en este sitio tiene escrito algo lapidario y sorprendente. en el capítulo sobre Australia, Capítulo 13, hablando de la inmigración en Australia, dice,

A largo plazo, ni siquiera está claro que Australia pueda mantener a su actual población: la estimación más favorable de la población que puede albergar con los actuales niveles de vida es de ocho millones de habitantes, menos de la mitad que la cifra actual. (23 millones actualmente)

Las tremendas limitaciones de la geografía de Australia -es el continente más seco, el más infértil, su tierra, su agua y hasta ¡el mar de Australia! es infértil, la degradación ambiental y la destrucción del suelo- unido al destructor cambio climático -el año pasado 2012 parte de Australia ardía por el fuego mientras otra parte era destruida por las inundaciones- lo muestran como el primer continente que entra en colapso.

No end in sight for Gippsland fire ferocity

En 24 horas el fuego saltó de nada, a quemar 40.000 hectáreas:

»To think that in nearly 24 hours this fire went from nothing to more than 40,000 hectares is quite staggering. It has moved very quickly, burnt very hard, come out of the forest around Seaton, it has travelled in a south-easterly direction in a sausage sort of footprint, the winds changed and the sausage has started to roll to the north-east – it has got a long way to go,» he said.

»There is a remaining concern that if the fire gets into the wilderness area it will be very much unfightable

Video: On Victoria’s bushfire front – Blaze expands from 950 to 20,000 hectares – ‘It was unbelievable to see the whole sky light up’

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☼  Obama, nuestra esperanza

En su segundo mandato Obama pone el cambio climático como prioridad !!

Climate change moves to forefront in Obama’s second inaugural address

President’s affirmation of climate science – more prominent than in the campaign – wins praise from environmental groups

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Materiales adicionales.

Pego acá algunas partes del libro de Jared Diamond que se refieren a Australia, e invito a los promitentes lectores a que lo compren.

Porque me parece claro, que si Jared Diamond tiene razón y Australia, que ahora tiene 23 millones de habitantes sólo puede mantener el standard de vida para 8 millones, entonces España, que tiene 46 millones de habitantes y es bastante más pequeña que Australia :-)), una ecología destruida, sin recursos y hundiéndose, no puede mantenerlo tampoco.

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Australia ha estado y todavía está “extrayendo” sus recursos renovables como si se tratara de minerales. Es decir, se están explotando de forma excesiva a ritmos más rápidos que los de renovación, consecuencia de lo cual es que están disminuyendo. Al ritmo actual de explotación, los bosques y las pesquerías de Australia desaparecerán mucho antes que sus reservas de carbón y hierro, lo cual resulta irónico si tenemos en cuenta el hecho de que

Aunque en la actualidad hay muchos otros países además de Australia que están explotando sus recursos como si de minas se tratara, Australia representa por diversas razones una opción particularmente adecuada para que le dediquemos este último estudio de casos de sociedades del pasado y del presente.

A diferencia de Ruanda, Haití, la República Dominicana y China, Australia es un país del Primer Mundo similar a los demás países en los que viven la mayoría de los probables lectores de este libro. De entre los países del Primer Mundo, su población y economía son de mucho menor envergadura y complejidad que las de Estados Unidos, Europa o Japón; de modo que es más fácil comprender la situación global de Australia que la de aquellos otros países.

Desde el punto de vista ecológico, el medio ambiente australiano es excepcionalmente frágil: el más frágil de los países del Primer Mundo, a excepción quizá del de Islandia. Como consecuencia de ello, muchos problemas que podrían resultar catastróficos en otros países del Primer Mundo y que ya lo son en algunos del Tercer Mundo -como el abuso del pastoreo, la salinización, la erosión del suelo, la introducción de especies foráneas, la escasez de agua o las sequías producidas por el ser humano- en Australia han adquirido ya cotas de gravedad. Es decir, aunque Australia no presenta indicios de sufrir un colapso como el de Ruanda o Haití, sí que nos ofrece un anticipo de los problemas que aflorarán de hecho en todos los lugares del Primer Mundo si se mantienen las tendencias actuales.

Sin embargo, las posibilidades que tiene Australia de resolver estos problemas ofrecen alguna esperanza y no resultan descorazonadoras. Además, Australia cuenta por otra parte con una población que ostenta niveles de vida y educativos muy elevados, así como unas instituciones políticas y económicas relativamente honestas para la media mundial. Así pues, los problemas medioambientales de Australia no pueden dejarse de lado porque sean producto de la mala gestión ecológica por parte de una población sin educación y en situación de pobreza desesperada o de un gobierno y unas empresas escandalosamente corruptas, como quizá tendríamos tendencia a pensar en el caso de algunos otros países a la hora de buscar una explicación a sus problemas medioambientales.

Otra virtud más de Australia como candidata a ser objeto de este capítulo es que ilustra a la perfección los cinco factores cuya interacción he sostenido a lo largo de este libro que son útiles para comprender los posibles declives ecológicos o el colapso de las sociedades. Los seres humanos han ocasionado un impacto masivo evidente en el entorno australiano. En la actualidad, el cambio climático está acentuando dichos impactos. Las relaciones amistosas de Australia con Gran Bretaña, que es su socio comercial y modelo de sociedad, han dado forma a las políticas medioambientales y demográficas australianas. Aunque la moderna Australia no ha sido invadida por enemigos exteriores -sí fue bombardeada, pero no invadida-, la percepción que tiene el país de cuáles son sus enemigos exteriores reales y potenciales también ha contribuido a dar forma a las políticas medioambientales y demográficas que ha llevado a cabo. El caso de Australia también atestigua la importancia que adquieren los valores culturales para comprender los impactos medioambientales, incluidos algunos valores importados que podrían considerarse inadecuados para el entorno australiano.

Quizá en mayor medida que cualesquiera otros ciudadanos del Primer Mundo que conozca, los australianos están empezando a reflexionar de forma radical sobre la pregunta fundamental: ¿cuáles de los valores que constituyen nuestro núcleo tradicional de valores podemos conservar y cuáles, por el contrario, no nos resultan ya de utilidad en el mundo actual?

 

Hay tres rasgos del entorno australiano que resultan particularmente importantes para comprender mejor los impactos humanos actuales que sufre: los suelos, sobre todo en lo que respecta a sus niveles de nutrientes y de sal; la disponibilidad de agua dulce; y las distancias, tanto en el interior de Australia como entre Australia y sus socios comerciales y potenciales enemigos exteriores.

Cuando comenzamos a pensar en los problemas medioambientales de Australia lo primero que nos viene a la mente es la escasez de agua y los desiertos. Pero en realidad los suelos de Australia han desencadenado problemas aún mayores que la escasez de agua. Australia es el continente más improductivo del mundo: el único cuyos suelos ostentan los niveles medios de nutrientes más bajos, las tasas de crecimiento vegetal más lentas y la productividad también menor. Esto se debe a que los suelos australianos son en su mayoría tan antiguos que han filtrado sus nutrientes con la lluvia en el transcurso de miles de millones de años. Las rocas más antiguas de la corteza terrestre, de casi cuatro mil millones de años, se encuentran en la cordillera de Murchison, al oeste de Australia.

Los suelos que han perdido sus nutrientes renuevan sus niveles de los mismos mediante tres procesos fundamentales, todos los cuales han sido deficientes en Australia en comparación con otros continentes. En primer lugar, los nutrientes pueden renovarse mediante las erupciones volcánicas que arrojan sobre la superficie de la Tierra nuevos materiales procedentes del interior de esta. Aunque este ha sido un factor esencial en la creación de suelos fértiles en muchos países, como Java, Japón o Hawai, solo unas pocas y reducidas extensiones del este de Australia han experimentado actividad volcánica en los últimos cientos de millones de años. En segundo lugar, el avance y retroceso de los glaciares deshace, arranca, pulveriza y vuelve a depositar la corteza terrestre, y los suelos procedentes de esos nuevos depósitos producidos por los glaciares (o arrastrados por el viento desde los depósitos glaciares) suelen ser fértiles. Casi la mitad de la extensión de América del Norte, más de once millones de kilómetros cuadrados, se ha visto sometida a la acción de los glaciares en el último millón de años, cosa que solo ha ocurrido en el 1 por ciento de la masa terrestre australiana: solo unos 32 kilómetros cuadrados en el sudeste de los Alpes australianos y unos 1.600 kilómetros cuadrados de la isla australiana de Tasmania. Por último, la lenta elevación de la corteza terrestre también hace emerger nuevos suelos y ha contribuido a aumentar la fertilidad de amplias zonas de América del Norte, la India y Europa. Sin embargo, una vez más, solo unas pocas zonas de Australia han sufrido elevaciones en el curso del último centenar de millones de años, sobre todo en la Gran Cordillera Divisoria, al sudeste de Australia, y en la zona sur de Australia, en torno a Adelaida…

 

Como veremos, esas pequeñas parcelas de paisaje australiano que han renovado sus suelos gracias al efecto del vulcanismo, los glaciares o la elevación de terrenos constituyen excepciones a la que, por otra parte, es la pauta dominante de suelos improductivos en Australia, y en la actualidad contribuyen de forma desproporcionada a la productividad agrícola de la Australia moderna. La baja productividad media de los suelos australianos ha obrado consecuencias económicas fundamentales para la agricultura, la silvicultura y las pesquerías australianas. Los nutrientes de los suelos roturables existentes en los comienzos de la agricultura europea se agotaron con rapidez. De hecho, los primeros agricultores de Australia extraían los nutrientes del suelo sin darse cuenta, como si de una explotación minera se tratara. Desde entonces, siempre ha habido que incorporar nutrientes de forma artificial mediante fertilizantes, con lo cual se han incrementado los costes de producción agrícola en comparación con los de los suelos más fértiles del exterior de Australia. La baja productividad del suelo se traduce en unas tasas muy bajas de crecimiento vegetal y rendimiento medio de los cultivos. De ahí que en Australia haya que cultivar una extensión de tierra mayor que en otros lugares para obtener de la cosecha un rendimiento equivalente, y que los costes de combustible para maquinaria agrícola como tractores, sembradoras o cosechadoras (aproximadamente proporcionales a la extensión de tierra que deben trabajar esas máquinas) también sean por regla general más elevados en términos relativos.

Un caso extremo de suelos infértiles es el que se da en el sudoeste de Australia, en el denominado “cinturón de trigo de Australia”, que constituye una de sus zonas agrícolas más valiosas. Allí el trigo se cultiva en suelos arenosos de los que han desaparecido los nutrientes y a los que es necesario añadírselos prácticamente todos de forma artificial mediante fertilizantes. En realidad, el cinturón de trigo australiano es una gigantesca maceta en la que, al igual que sucede en una maceta real, la arena no aporta nada más que el sustrato físico al que deben incorporarse todos los nutrientes.

 

Una consecuencia de los costes adicionales de la agricultura australiana debidos a unos gastos en fertilizante y combustible desproporcionadamente altos es que los agricultores australianos que venden sus productos en el mercado interior australiano no pueden competir en ocasiones con los agricultores extranjeros, que envían en barco esos mismos cultivos a Australia a través del océano a pesar de los costes añadidos del transporte marítimo. Por ejemplo, con la actual globalización resulta más barato cultivar naranjas en Brasil y transportar el concentrado de zumo de naranja resultante casi 13.000 kilómetros en barco hasta Australia que comprar zumo de naranja elaborado a base de cítricos australianos. A la inversa, solo en algunos “nichos de mercado” especializados -por ejemplo, el de los productos agrícolas y ganaderos con un alto valor añadido que supera los costes de cultivo corrientes, como el vino- pueden los agricultores australianos competir con éxito en los mercados exteriores.

 

La segunda consecuencia económica de la baja productividad del suelo australiano afecta a la silvicultura de plantación, o cultivo de árboles, tal como expusimos en el capítulo 9 que la practica Japón. En los bosques australianos la mayor parte de los nutrientes se encuentran en fealdad en los propios árboles, no en los suelos. Por tanto, una vez que desaparecieron los bosques autóctonos originales que talaron los primeros colonizadores europeos, cuando los modernos australianos volvieron a talar los bosques autóctonos regenerados o invirtieron en silvicultura de plantación creando plantaciones de árboles, las tasas de crecimiento de los mismos en Australia eran bajas en comparación con las de otros países productores de madera. Curiosamente, la principal madera autóctona de Australia (el eucalipto azul de Tasmania) se está cultivando en la actualidad en muchos otros países con costes muy inferiores a los de la propia Australia.

 

La tercera consecuencia me sorprendió y puede sorprender también a muchos lectores. No es fácil imaginar de forma inmediata que las pesquerías dependan de la productividad del suelo: al fin y al cabo, los peces viven en los ríos y en el océano, no en el suelo. Sin embargo, todos los nutrientes de los ríos, y al menos parte de los de los océanos próximos al litoral, proceden del drenaje de sedimentos que realizan los. ríos y que después transportan hasta el océano. Por tanto, los ríos y las aguas litorales de Australia también son relativamente improductivos, con lo cual las pesquerías se han explotado de forma abusiva, del mismo modo que las tierras de cultivo y los bosques, extrayendo sus recursos como si se tratara de minerales. Una tras otra, las pesquerías marinas han sido sobreexplotadas, hasta el punto de que a menudo se han vuelto antieconómicas al cabo de solo unos años del hallazgo de la misma. En la actualidad, de los casi doscientos países del mundo, Australia es el tercero por la cantidad de zona marina de uso exclusivo que la rodea, pero solo ocupa el puesto 55 por el valor de sus caladeros marinos, al tiempo que el valor de sus poblaciones piscícolas fluviales es en la actualidad despreciable. Un rasgo más de la baja productividad del suelo de Australia es que los primeros colonos europeos no pudieron percibir este problema.

 

Por su parte, cuando encontraron espléndidos y vastos bosques en los que crecían los que eran quizá los árboles más altos del mundo actual (el eucalipto azul de Gippsland, en el estado de Victoria, de hasta 120 metros de altura), se dejaron llevar por las apariencias y pensaron que la tierra era enormemente productiva. Pero una vez que los leñadores eliminaron la primera remesa de árboles y después las ovejas pastaron en el manto de hierba existente, los colonos se sorprendieron al descubrir que los árboles y la hierba volvían a crecer a un ritmo muy lento, que la tierra era poco rentable desde el punto de vista agrícola y que en muchas zonas había que abandonarla después de que los pastores y los agricultores hubieran hecho grandes inversiones de capital para construir casas, levantar cercados y edificaciones e introducir otras mejoras agrícolas. Desde los primeros tiempos de la colonización hasta la actualidad, el aprovechamiento de la tierra australiana ha atravesado muchos de estos ciclos de eliminación de árboles, inversión de recursos, quiebra económica y abandono.

 

Todos estos problemas económicos de la agricultura, la silvicultura, las pesquerías y el desarrollo rural fallido australianos son consecuencia de la baja productividad de sus suelos.

El otro gran problema de los suelos de Australia es que en muchas zonas no solo son bajos en nutrientes, sino que también albergan un alto contenido de sal como consecuencia de tres factores. Uno se da sobre todo en el cinturón de trigo del sudoeste de Australia, donde las brisas marinas del océano índico han transportado la sal al suelo en el curso de millones de años. Otro se produce en el sudeste de Australia, donde se encuentra el sistema fluvial más importante del país, el de los ríos Murray y Darling; esta zona, que rivaliza en productividad agraria con el cinturón de trigo, se encuentra a muy poca altitud y, en reiteradas ocasiones, ha quedado inundada por el mar y después desecada de nuevo, lo cual ha dejado allí mucha sal. El tercer factor se da en otra cuenca natural de poca altitud más hacia el interior de Australia, la cual se rellenó inicialmente con un lago de agua dulce que no desembocaba en el mar; el lago se volvió salado poco a poco por la evaporación (como el Gran Lago Salado de Utah o el Mar Muerto de Israel y Jordania) y acabó por secarse, dejando depósitos de sal que fueron transportados por el viento a otras zonas del este del país. Algunos suelos de Australia contienen casi cien kilos de sal por cada cien metros cuadrados de superficie. Más adelante analizaremos las consecuencias de toda esa sal del suelo: en pocas palabras, suponen el problema de que la sal aflora a la superficie con facilidad cuando se eliminan los árboles y se practica la agricultura de regadío, lo cual da lugar a que las capas superficiales del suelo absorban mucha sal y no se pueda cultivar nada en ellas. Del mismo modo que los primeros agricultores de Australia no podían saber nada de la pobreza de nutrientes de aquellos suelos, puesto que carecían de los modernos análisis de la química del suelo, tampoco podían saber que el suelo contenía toda esa sal. No pudieron prever el problema de la salinización mejor que el del agotamiento de nutrientes ocasionado por la propia agricultura. Mientras que la infertilidad y la salinidad de los suelos de Australia eran imperceptibles para los primeros agricultores y en la actualidad no son muy conocidas fuera de Australia entre el público no especializado, los problemas de agua de Australia sí son obvios y familiares; hasta tal punto que lo primero que le viene a la imaginación a la mayor parte de la gente de fuera de Australia cuando se le pregunta por su entorno es el “desierto”. Esa fama está justificada: una parte exageradamente grande de la extensión de Australia tiene una pluviosidad muy baja o constituye un desierto de condiciones extremas donde sería imposible practicar la agricultura sin regadío. Gran parte de la extensión de Australia continúa siendo inútil en la actualidad para toda forma de agricultura o pastoreo. En aquellas zonas en las que la producción de alimento es no obstante viable, la pauta habitual es que la pluviosidad sea más alta cerca de la costa que en el interior. Así, a medida que nos adentramos en el país encontramos, en primer lugar, tierras de cultivo y alrededor de la mitad; del ganado vacuno de Australia, con unas tasas de acumulación elevadas; más hacia el interior, explotaciones de ganado ovino; aún más al! interior, explotaciones de ganado vacuno (la otra mitad del ganado vacuno de Australia, con tasas de acumulación bajas), ya que en zonas de menor pluviosidad sigue siendo más rentable criar ganado vacuno que 1 ganado ovino; y por último, aún más hacia el interior está el desierto, en el que no se produce ningún tipo de alimentos.

Un problema más sutil de la pluviosidad de Australia es que no pueden predecirse los bajos valores de la misma. En muchas zonas del mundo que admiten la práctica de la agricultura puede predecirse de un año para otro la estación en la que lloverá: por ejemplo, en el sur de California, donde vivo, se puede tener casi la certeza de que la lluvia que caiga se concentrará en el invierno, y que en verano lloverá poco o nada. En muchas de esas zonas agrícolas productivas fuera de Australia no solo el carácter estacional de las lluvias, sino también su incidencia, es relativamente fiable de un año para otro: las sequías importantes son poco frecuentes y un agricultor puede permitirse el esfuerzo y el gasto de arar y sembrar todos los años esperando que llueva lo suficiente para que su cosecha madure. Sin embargo, en la mayor parte de Australia la lluvia depende de la denominada OMEN (Oscilación Meridional de El Niño), lo cual significa que la lluvia es impredecible de un año para otro. Los primeros agricultores y pastores europeos que se instalaron en Australia no tenían modo alguno de saber que el clima de Australia se ve afectado por la OMEN, ya que el fenómeno es difícil de detectar en Europa y los climatólogos profesionales solo han conseguido identificarlo hace pocas décadas. En muchas zonas de Australia los primeros agricultores y pastores tuvieron la desgracia de llegar durante un período de años húmedos. Por ello, erraron al valorar el clima australiano y comenzaron a cultivar y criar ovejas con la expectativa de que las condiciones favorables que veían constituían la norma.

En realidad, en la mayoría de las explotaciones agrarias de Australia la pluviosidad solo es suficiente para hacer madurar los cultivos algunos años: en la mayor parte del país, no más de la mitad de todos los años; y en algunas zonas agrícolas, solo dos de cada diez años. Esto contribuye a encarecer la agricultura australiana y hacerla poco rentable: el agricultor corre con el gasto de arar y sembrar, y, después, la mitad o más de los años no obtiene cosecha alguna. Una lamentable consecuencia adicional es que, cuando el agricultor ara la tierra y levanta la cubierta de malas hierbas que haya crecido allí desde la última cosecha, queda al descubierto el suelo desnudo. Si los cultivos que el agricultor siembra no maduran, el suelo continúa desnudo, ni siquiera cubierto por las malas hierbas, y por tanto más expuesto a la erosión. Por consiguiente, a corto plazo, el carácter impredecible de las lluvias en Australia encarece aún más la agricultura, y a largo plazo incrementa la erosión. La principal excepción a la impredecible pauta de lluvias de Australia derivada de la OMEN es el cinturón de trigo del sudoeste, donde (al menos hasta hace poco) llovía en invierno un año tras otro de forma fiable, y casi todos los años un agricultor podía confiar en obtener una cosecha de trigo. En las últimas décadas, esa garantía de lluvias se tradujo en que el trigo desplazó a la lana y a la carne del primer puesto de las exportaciones agrarias de Australia. Como ya hemos mencionado, ese cinturón de trigo también resulta encontrarse en la zona en que los problemas de baja fertilidad y alta salinidad del suelo son más acusados. Pero el cambio climático global de los últimos años ha venido socavando incluso esa ventaja comparativa de poder pronosticar lluvias en invierno: en el cinturón de trigo, la lluvia ha descendido de forma espectacular desde 1973, mientras que las cada vez más frecuentes tormentas veraniegas caen sobre la tierra desnuda ya cosechada e incrementan la salinización. Así pues, como ya señalé en el caso de Montana en el capítulo 1, el cambio climático global está produciendo tanto ganadores como perdedores, y Australia perderá aún más que Montana.

 

Pero dentro de la propia Australia opera una tiranía de la distancia suplementaria. Las zonas productivas o habitadas de Australia son pocas y están dispersas: el país cuenta con una población que representa solo una catorceava parte de la de Estados Unidos y está diseminada en una extensión igual a la de sus 48 estados continentales. Los elevados costes de transporte en el interior de Australia encarecen los costes de mantenimiento de una población del Primer Mundo. Por ejemplo, el gobierno australiano paga la conexión telefónica a la red telefónica nacional de cualquier hogar o empresa australianos en cualquier lugar del país, incluso en las zonas despobladas del interior situadas a cientos de kilómetros de la centralita más próxima.

En la actualidad, Australia es el país más urbanizado del mundo, pues el 58 por ciento de su población se concentra únicamente en cinco grandes ciudades (Sidney, con 4 millones de habitantes; Melbourne, con 3,4 millones; Brisbane, con 1,6 millones; Perth, con 1,4 millones; y Adelaida, con 1,1 millones; todas ellas según datos de 1999). De esas cinco ciudades, Perth es la urbe más aislada del mundo, ya que es la que más lejos se encuentra de la gran ciudad más próxima (Adelaida, situada casi 2.100 kilómetros al este). No por casualidad, dos de las empresas más grandes de Australia son las que se dedican a salvar estas distancias: la compañía aérea nacional australiana Qantas y la empresa de telecomunicaciones Telstra. La tiranía de la distancia interior en Australia, unida a las sequías, es responsable también del hecho de que los bancos y otras empresas estén cerrando sus sucursales en las ciudades más aisladas del país, ya que dichas sucursales se han vuelto poco rentables. Los médicos están abandonando esas ciudades por la misma razón. Como consecuencia de ello, mientras que en Estados Unidos y Europa el tamaño de los asentamientos se distribuye de forma continua -grandes urbes, ciudades de tamaño medio y pueblos pequeños-, Australia carece cada vez más de ciudades medianas. Por su parte, la mayoría de los australianos viven hoy día, o bien en unas pocas grandes urbes que disponen de todos los servicios del Primer Mundo moderno, o bien en pequeños pueblos y asentamientos del interior que carecen de bancos, médicos y otros servicios. Los pueblos pequeños de Australia que cuentan con unos pocos cientos de habitantes pueden sobrevivir a una sequía de cinco años como las que se producen a menudo bajo el impredecible clima de Australia, ya que, en cualquier caso, el pueblo despliega muy poca actividad económica. Las grandes urbes también pueden sobrevivir a una sequía de cinco años, puesto que su economía está integrada en grandes cuencas de captación de aguas. Pero una sequía de cinco años suele acabar con las ciudades de tamaño medio, cuya existencia depende de su capacidad para abastecer a sucursales de empresas y servicios que sean competitivos con los de las ciudades más lejanas, pero no llegan a ser lo bastante grandes para abarcar una gran cuenca de captación. Cada vez en mayor medida, la mayoría de los australianos no dependen del campo ni viven de él, sino que, por el contrario, viven en esas cinco grandes urbes, que mantienen más vínculos con el mundo exterior que con el entorno australiano.

☼ Para saber más

Wild weather: Extreme is the new normal

EDITORIAL:  New Scientist 18 January 2013

The wild weather that greeted the new year is a taste of things to come

ALL eyes have been on Australia in recent weeks as a blistering heatwave triggered huge wildfires. The result has been a slew of amazing stories, including a family escaping by jumping into the sea and meteorologists adding new colours to heat maps.

But Australia’s fires are just the most dramatic of a cluster of ongoing extreme weather events, including droughts in the US and Brazil and a lethal cold snap in Asia (see «Drought, fire, ice: world is gripped by extreme weather«).

Lumping extreme weather events under a single umbrella can be misleading. Al Gore got into trouble when his film An Inconvenient Truth stitched together footage of numerous hurricanes and presented them as «evidence» of climate change.

But in this case it seems there really is a bigger picture. Scientists have warned for years that extreme weather would become more common, and now it is. What’s more, although single events can rarely be confidently attributed to climate change, clusters probably can.

Many expected that such weather disasters would be what finally spurs governments into action. Perhaps surprisingly, there are signs that this is happening. A report by GLOBE International – a collective of environmentally concerned parliamentarians, of which Gore was a founder – says that politicians are doing more to combat climate change than they are given credit for (see «Progress on climate change action at national level«). It is a reminder that the impotent United Nations negotiations are not the only game in town.

But don’t expect too much. Even if we began seriously cutting emissions, it would make little difference in the short term. A new study on stopping the impacts of climate change shows that rapid emissions cuts now would have only a small effect by 2050. The big dividends only emerge around 2100 (Nature Climate Change, doi.org/j7g).

This effectively means that emissions cuts cannot help us or our children. That is not an argument for giving up, but it doesn’t inspire confidence that emissions reductions will ever be made a priority.

The spate of extreme weather, then, is a snapshot of the not-too-distant future. Soon, this will be the new normal. We call events like the Australian heatwave «extreme weather», but within the next few decades they will simply be «weather».

(Este editorial de New Scientist, tan importante, sólo se deja leer gratis en su sitio unos días, lo pegué acá para su ilustración.)

☼ Un relato de Especulación Científica, del Dr Turiel

Distopía III: La Tempestad

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Por Armando

12 comentarios en «3-sigma y cambio climático»
  1. Muy buena entrada.
    Tengo el libro de Colapso, pero no recuerdo que hablara tanto de Australia. ¿Ha incorporado nuevos datos en su última edición? Voy a tener que releérmelo.

  2. No, tal cual.
    En el Capítulo 13.
    Lo que pasa que termina ese capítulo con espíritu positivo, porque tiene amigos australianos, porque Australia intentaba entonces hacer ciertas cosas para cambiar esas tendencias destructivas (pero no las siguieron, o el problema es demasiado grande para iniciativas personales pequeñas) y porque no querría que los australianos lo calificaran de Profeta de la Catástrofe -Prophet of Doom.
    .
    Otro tema es que si tiene el libro en versión digital la lectura en ese formato deja poco sedimento.
    Yo tengo tres ejemplares,
    * uno es una copia de prueba de la editorial, formato grande, hojas en blanco donde debían ir las imágenes.
    * Otro es la versión impresa, entera con esquemas dibujos y fotos.
    Estos dos en Inglés.
    * Y el tercero es la versión digital, en Castellano.
    Lo leo un poco más que la Biblia …

  3. Lo tengo en inglés en papel, tapa dura. Lo compré en Amazon Uk hace como 6 o 7 años y como lo van reeditando, a veces el autor cambia o añade cosas, como en Ármas, gérmenes y acero (también muy interesante). Por eso pensé que quizá en una nueva reedición habría añadido o revisado más información.
    La Biblia hace tiempo que no la leo, aunque solo me interesa el Nuevo Testamento. De hecho nunca la acabé. Preferí siempre el Silmarillion :)

  4. Jared Diamond ha publicado otro libro recientemente, The World Until Yesterday.
    Va de las sociedades tradicionales, que conoce muy bien.
    Le han dado como en bolsa, por ejemplo, en The Guardian
    Pero la crítica en ese diario está muy bien, un documento excepcional en sí misma.

  5. Muy buena nota,
    Trabajé unos cuantos años en Aseguramiento de Calidad en empresas de excelencia. Trabajábamos con un standard de 4 sigma, que (99,38%) son 6.230 eventos por millón fuera de norma, y no alcanzaba. Que decir de 3 sigma, que son 66000, hubiera sido inaceptable. Al menos, los que lean esta nota y trabajen en calidad lo entenderán porque lo sufren en carne propia.
    ¿Porque 4 sigma para las grandes empresas no alcanza si se trata de producción y sin embrago no dan importancia a un sesgo de 3 sigma cuando se trata de ecología?
    Ojalá mucha mas gente constatara que el cambio climático es real y que la humanidad se juega su futuro a corto plazo.
    El cambio climático no es mas que otro aspecto de esta crisis que estamos viviendo, que unido al peak-oil, la crisis energética.
    Todo producto de la contradicción entre el crecimiento que necesita el sistema capitalista y un mundo globalizado con recursos finitos de energía, materia primas y superficie y exceso de población. Esta contradicción no hace a teorías políticas antagónicas sino
    a una contradicción entre política y ciencia.
    Es necesario dar mas voz a la ciencia, decrecer no es imposible: localizar la producción, disminuir la población, reducir el uso de energía pasando gradualmente a renovables no contaminantes, ahorrando combustible y disminuyendo la producción.
    Génesis 9:1-3: «Después bendijo Dios a Noé y a sus hijos. Y les dijo: Creced y multiplicaos y poblad la tierra. Que teman y tiemblen ante vosotros todos los animales de la tierra, y todas la aves del cielo, y todo cuanto se mueve sobre la tierra: todos los peces del mar están sujetos a vuestro poder. Y todo lo que tiene movimiento y vida os servirá de alimento: todas las cosas os las entrego, así como las legumbres y la hierbas.»
    Pues, se nos fue la mano.

  6. Hay, además de Collapse de Jared Diamond hay otro gran libro que vale la pena leer:

    The Party’s Over: Oil, War and the Fate of Industrial Societies,
    de Richard Heinberg
    (Gabriola Island, British Columbia: New Society Publishers, 2003; ISBN 0-86571-482-7)

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