.

Obra en que Pío Baroja desmonta la impostura del primer jesuita

La ►Compañía de Jesús (Societas Jesu, S. J.), cuyos miembros son comúnmente conocidos como jesuitas, es una orden religiosa totalmente masculina de la Iglesia católica fundada en 1534 por ►Ignacio de Loyola, junto con seis jóvenes, incluyendo a ►Francisco Javier , y ►Peter Faber, en la ciudad de Roma, siendo aprobada por el papa Paulo III en 1540.

De la importancia de esta orden religiosa todo lo que se diga es poco, el Papa actual es jesuita, y en España ha tenido un peso preponderante, tan abrumador ¡que hubo que expulsarlos varias veces ! sin embargo siempre vuelven.  Las clases medias y superiores españolas envían a sus hijos a los institutos de jesuitas, ahora también al Opus Dei -para que les enseñen a robar- así que esta gente tiene gran culpa del atraso del país.

Retrógrados hasta más no poder, no se crean que son muy españoles: vuelan más alto. En Paraguay, en Filipinas e incluso en el País Vasco promovieron siempre la lengua local y no el español, para que no tuvieran contacto con la civilización y dominarlos mejor.

Un jesuita en Filipinas, y la anécdota es muy conocida, cuando un filipino se dirigió a él en español, lo ató a un árbol y lo curtió a latigazos para que aprendiera a no ser culto.

Un jesuita vasco carlista y terrorista llegó a decir que prefería a los vascos todos muertos antes que hablando español, para que no se contaminaran de liberalismo.

En esa organización hubo o hay unos pocos sabios y unos pocos santos, y gran número de pillos que medran a la sombra de esos ilustres.

Han investigado mucho en Sismología -la ciencia de los terremotos llamada en broma la ciencia de los jesuitas- y a ellos se les debe el descubrimiento o al menos la extensión de la primera medicina realmente curativa contra una enfermedad infecciosa, la ►quinina, que mata al parásito protozoario que causa la ►malaria o paludismo. Hasta el descubrimiento de la ► penicilina (o se puede nombrar al ► Salvarsán, contra la Sífilis poco antes) la Quinina era la única verdadera medicina, y los jesuitas que tenían el monopolio efectivo de su producción y comercio desde América española a Europa, la usaban para promoverse en las cortes europeas de religión protestante, tratando a reyes y príncipes enfermos.

Algunos sabios, y algunos santos héroes, si por tal tenemos a sus religiosos que en territorios salvajes cristianizaban, y a veces sufrieron martirio por su labor.

Pero la inmoralidad jesuita causó horror entre ► los que los conocen. Es una moralidad acomodaticia, que mira a los fines y no repara en medios.

Fernando Garrido (1821-1883)
¡Pobres jesuitas! (1881)

No relajación de la moral, sino inmoralidad, y la más repugnante, ha esparcido la Compañía de Jesús, do quiera ha puesto la planta. Las doctrinas, las máximas de sus doctores, son la negación de la moral cristiana y hasta de la humana. No sabemos que haya existido jamás corporación alguna que ostentara con tanto cinismo la perversión del sentido moral, sacrificando al éxito toda noción de virtud, y con ella de humana dignidad; y por más que nos repugne, inspirándonos horror, no podemos menos que recordar aquí alguna de las máximas, opiniones, consejos y preceptos publicados por las lumbreras de la Compañía de Jesús.

No hay maldad, vicio, crimen que no estén dispuestos a perdonar, ¿qué digo perdonar? que no ensalcen, si ha de redundar en provecho de su causa.

¿El parricidio horroriza? pues oigamos al jesuita portugués Esteban Facúndez, en su tratado sobre Los diez mandamientos de la Iglesia, publicado en 1626:

«Los niños católicos pueden acusar a sus padres del crimen de herejía, aunque sepan que por esto serán quemados... y no tan solo podrán rehusarles el alimento, si pretenden apartarlos de la fe católica, sino que hasta pueden, sin pecar y en justicia asesinarlos...»

Dicastillo, jesuita español, en el tomo 2º de La justicia del Derecho, página 511 hace las siguientes pregunta y respuesta:

«¿Será lícito a un hijo matar a su padre cuando está proscrito? Muchos autores sostienen que sí, y si el padre fuera nocivo a la Sociedad Jesuita, opino lo mismo que esos autores.»

Juan de Cárdenas, jesuita español, dice en su Crisis teológica, publicada en Colonia en 1702:  «Es permitido a un hijo desear la muerte de su padre; pero a causa de la herencia y no de la muerte misma.»

He aquí un caso de adulterio:

«Si alguno sostuviese relaciones culpables con alguna mujer casada, no porque es casada, sino por su belleza, haciendo abstracción de la circunstancia del matrimonio, esas relaciones no constituyen el pecado de adulterio...»

Otro jesuita francés, llamado Bauny, escribía en 1653 esta edificante frase:  «Es lícito a toda clase de personas penetrar en las casa de prostitución, para convertir a las mujeres perdidas, aunque sea muy verosímil que pecarán; a pesar de que lo intentaran varias veces, y siempre se dejaran arrastrar hacia el pecado, por la vista y zalamerías de estas mujeres.»

De las virtudes y de los vicios, titulaba el jesuita portugués Castro Palao, una obra publicada en 1631, y en ella decía; página 18:

«Si a un criado le obligase la necesidad a servir a un amo lujurioso, esta misma necesidad le permite ejecutar las cosas más graves, pudiendo proporcionarle concubinas, y conducirle a los sitios más reprobados; y si su señor quisiera escalar una ventana para dormir con una mujer, puede sostenerle sobre sus hombros, o seguirle con una escala, quiat sunt, actionnes de se indifferentes.»

El jesuita Corneille de la Pierre, en sus Comentarios acerca del profeta David, publicados en París el año 1622, dice hablando de ►Susana: «Susana dijo: Si me abandono a los deseos impúdicos de esos viejos, soy perdida. En semejante extremidad, como temiera la infamia por un lado y la muerte por otro, Susana podía decir: no consentiré en acción tan vergonzosa; pero la sufriré sin desplegar los labios, a fin de conservar la vida y el honor.

[AGL. En realidad Susana quiere decir coño. En el relato original asociado al libro de Daniel hay varios juegos de palabras griegos así. ]

Las jóvenes inexpertas creen que para ser castas, es necesario pedir socorro y resistir con todas sus fuerzas al seductor. No se peca sino por el consentimiento y la cooperación, y no consintiendo ni cooperando, pudo permitir Susana que los viejos saciaran en ella su lujuria, pues no tomando parte interiormente, cierto es que no pecaba.»

Recordemos a un reciente presidente del Paraguay (donde los jesuitas siempre han sido poderosos) y obispo jesuita, ► Fernando Lugo, soltero por supuesto y con veinte hijos por ahí; aunque fue un buen presidente todo hay que decirlo.

Esto les pasa mucho a las ingenuas sudamericanas, que los jesuitas se las follan a modo, y ellas, tontas perdidas, se creen que es por liberales que son, y no que es para hincar la polla sin compromiso social -y lo digo por mujeres sudamericanas que me lo contaron.

.

☼ Los jesuitas o bajo su instigación, cometieron el primer asesinato político moderno -¡con pistola!- ► Balthasar Gérard mató a Guillermo 1, El Silencioso, líder independentista holandés y ►Juan de Jáuregui (no confundir con el poeta, en Wikipedia el enlace está mal) de Bilbao con Antonio de Venero, un joven de 19 años también de Bilbao, lo habían intentado antes, con lo que los vascos y jesuitas tienen esa triste primacía del terrorismo político, por ingenuidad, credulidad y fanatismo unido a barbarie -y por avaricia, a la familia de Gérard la ennoblecieron y enriqueció el rey de España.

A Baltasar Gérard los jesuitas lo quisieron hacer santo, la Iglesia no tragó tanto.

.

Pío Baroja sobre ‘Ignacio de Loyola’

Los primeros tiempos de Ignacio, de quien adelantamos que su verdadero nombre y lugar de origen son desconocidos, son una incógnita, ya que este hombre astuto y muy llorón (eso dice él, se pasaba llorando a la menor) disimuló su origen, y lo único que se sabe sobre él es incierto, ya que proviene de su propia Autobiografía.

►su Autobiografía, ← versión para imprimir

Baroja dice que estando en el exilio en Francia le plantearon escribir la biografía de Ignacio de Loyola, pero que no le dieron los medios, o sea el dinero necesario.

El otro día me proponía un escritor que está empleado en una casa editorial, les hiciera un libro biográfico sobre San Ignacio de Loyola, y que me lo publicarían. Yo le dije:
—Si me dan un cuarto bueno con una mesa grande y una estantería en la pared y me costean la vida durante un año, no tengo inconveniente ninguno en ponerme de inmediato a hacerlo.
El se reía como si se tratase de una humorada, pero lo cierto es que por mi parte no había tal, porque para reunir los datos precisos y ordenarlos debidamente, lo menos que se necesita es eso.
Escribir una vida de un santo o de cualquiera sin añadir algún dato nuevo, copiándola de otros libros, no vale la pena.
El editor de este libro no recuerdo quién era, aunque tengo la idea de que era belga. ¡Lástima que el asunto fracasase, pues me hubiera permitido vivir un año o algo más en París  haciendo un trabajo histórico!

Pío Baroja, Aquí París, XIX 

Baroja sobrevivía malamente en Francia, sostenido apenas por alguna colaboración en revistas y diarios de Buenos Aires como La Nación (y volvemos a encontrar cómo Argentina sostuvo la llama de la cultura hispánica, que perecía y murió en España) pero le dieron las fuerzas para este capítulo, que merece contarse entre los mejores de las obras no de ficción de la cultura española.

Baroja desmonta acá las patrañas de infancia y juventud de este impostor.

.

SAN IGNACIO DE LOYOLA Y LOS COMEDORES DE CARACOLES

(16 de junio de 1940)

El otro día un escritor me aseguraba que si yo hacía un libro documentado sobre San Ignacio de Loyola, tendría en seguida editor en Francia. Yo le dije que la cosa era difícil. Para hacer un libro así se necesitaría tener un cuarto espacioso con estanterías, una mesa grande y quizá contar con alguien que le ayudara en la catalogación de los documentos. Escribir un libro sin datos nuevos para mí no valdría la pena.

Hay gente que cree que esto de las biografías es algo actual que se ha inventado hace poco, y efectivamente lo sería si antes de Plutarco y de sus «Vidas paralelas», es decir, hace dos mil años, no se hubiera cultivado ya ese género. Lo que sucede en este tiempo es que unos cuantos publicistas han puesto, con su habilidad y su propaganda, este género de literatura a la moda; pero es tan viejo como todo lo demás.

La gente se engaña en el valor de las obras y en su originalidad. Cuando se estrenó «Cyrano de Bergerac», los escritores de Madrid se admiraban de su carácter, que les parecía nuevo porque ninguno de ellos había leído las novelas folletinescas de la mitad del siglo XIX. Lo mismo se admiraron de la novedad de las obras de d’Annunzio, del «Quo Vadis», de Sienkiewicz, y de las novelas de Proust. Sin embargo, todo ello era bastante viejo y manoseado, lo cual quiere decir que los especialistas como el público aciertan rara vez. En cambio, de Don Quijote dijo un autor ilustre del tiempo que acabaría en un muladar; de Dickens, a su muerte, escribió un crítico inglés que era un payaso y que de su obra no quedaría nada, y de Dostoievski, el vizconde Vogué afirmó que era un imitador de los folletinistas franceses.

El hacer una biografía auténtica y al mismo tiempo nueva de San Ignacio sería muy difícil; los datos que se saben de su vida están contados por él mismo y no se hallan contrastados con otros. El principal biógrafo de Loyola fué el padre Rivadeneira, que era casi un niño cuando conoció al vasco y ya un viejo cuando escribió su clásica vida de San Ignacio en 1564.

Otro biógrafo, el padre Luis Gonzálvez de Camara, portugués, era también mozo cuando vió a San Ignacio y escribió algo sobre su vida. Jerónimo Nadal, el mallorquín, y el burgalés Polanco lo trataron siendo ellos jóvenes.

Como casi todos los datos de su biografía, provienen del mismo santo, y él era, antes que nada, hombre dogmático y apologético, se puede sospechar que todo lo que le sirviera en sus recuerdos como algo ejemplar lo exagerara y que, en cambio, prescindiera de otros detalles.

Respecto a la fecha de su nacimiento, no se conoce. Se supone que nació a final del siglo XV, hacia el año 1490. No hay fe de bautismo suya.

Respecto a su apellido patronímico, se llamaba, según algunos, López; según otros, Pérez; otros creen que Yáñez, y algunos que García. El apellido de lugar es Loyola. Loyola es el nombre del valle que está entre Azpeitia y Azcoitia, cruzado por el Urola. Este nombre podía ser privativo de una familia como podía serlo de varias; podía suceder, como ocurre ahora entre ciertas clases de frailes, que el que nace en un pueblo tomara como apellido el nombre de éste.

También ha ocurrido durante mucho tiempo en España que la persona que se desplazaba y se marchaba a vivir a otra parte se llamaba primero con el nombre de bautismo, después con el patronímico y luego con el de la aldea o valle de donde había nacido.

El hidalguismo de Ignacio puede ser cierto y puede no serlo. Es cosa que no tiene gran importancia cuando se piensa que en las provincias vascongadas, que aun reunidas todas forman una de las comarcas más pequeñas de España, según una estadística había ciento diez y seis mil [116.000] familias hidalgas.

En el libro de «Las buenas andanzas y fortunas», de Lope García de Salazar, hay la historia más o menos romanceada de los principales linajes vascos. Hoy se ve que la mayoría de los apellidos citados por García de Salazar están difundidos entre la burguesía y el pueblo. Podría existir una rama de mayorazgos antes y ahora por vía directa, lo que sería ya muy raro en trescientos o cuatrocientos años; pero las otras ramas colaterales se vendrían abajo y llegarían pronto a la pobreza. Por eso el apellido significaba poco en las provincias vascas para representar nobleza, y quizás en las demás regiones sucedía lo mismo; era algo móvil y se cambiaba con mucha facilidad.

Podía ser efectivamente que San Ignacio perteneciera a la familia de unos Pérez de Loyola o de unos López de Loyola que fueran importantes y adinerados, pero hay algunos datos contradictorios que hacen dudar de esto. Así, una contemporánea suya dice que Ignacio en la infancia se crió en la casa de Eguibar, en Azpeitia, cosa un poco rara teniendo sus padres una vivienda importante.

También de vuelta de París, ya siendo hombre, cuando marchó a Azpeitia, en vez de hospedarse en la supuesta mansión solariega de la familia, se acoge a un hospital público, lo que también es un tanto incomprensible.

Respecto al nombre, hay que reconocer que el futuro santo no se llamaba Ignacio, sino Inico o Iñigo, que debía venir del vasco Enneco. Este nombre de Iñigo no tiene nada que ver con Ignacio más que una semejanza lejana de sonido. Al parecer, el futuro santo aceptó este último nombre por admiración por San Ignacio de Antioquía.

Otro de los puntos que no resultan claros son los hechos militares de Pamplona de nuestro héroe, que realmente no tienen nada de extraordinarios.

Un cura catalán llamado Pey Ordeix, que había sido familiar del poeta Verdaguer y que tenía antipatía por los jesuitas y por la máxima figura de San Ignacio, estaba hace unos veinte o veinticinco años en el Archivo Histórico Nacional de Madrid estudiando los procesos de la Inquisición y los datos de la vida del santo. No llegó a encontrar nada importante.

Sabido es que se ha dicho siempre que San Ignacio se encontraba dentro de Pamplona cuando la sitiaron los ejércitos de Foix y de Labrit, enviados por Francisco I contra Carlos V en la época de la sublevación de los Comuneros de Castilla.

Pey Ordeix buscó y encontró en el Archivo la lista de los oficiales que estaban en Pamplona, unos a las órdenes del general Herrera y otros que sin duda habían quedado de las fuerzas del Duque de Nájera. Yo vi esta lista. Allí no había ningún Loyola. Los historiadores jesuitas suponen que Ignacio y su hermano, sin duda enemigos de los Comuneros y partidarios de Carlos I, se acercaron a la ciudad con fuerzas de guipuzcoanos, que el hermano se retiró y el futuro santo entró en Pamplona, y en el ataque de los franceses al tomar la ciudadela fue herido.

Esto no se halla comprobado por ningún dato del tiempo y no se sabe hasta dónde llegan el mito y la realidad.

 [AGL. En el ataque de los franceses a Pamplona, las autoridades liberaron de la cárcel a algunos delincuentes y soldados vagabundos que tenían, con orden de pelear, y fueron buenos -es demostrado. Es muy posible que ‘el ignacio’ se contara entre ellos, y herido como un héroe, y se les perdonó. En el hospital herido, con las fiebres tuvo visiones y cambio de ideas y de modo de vida. ]

Después de esta época obscura viene otra tan misteriosa como ésta, en que San Ignacio debió de andar predicando por los pueblos de la misma manera que los iluminados o alumbrados.

De su vida en Montserrat y en Manresa, cuando tenía unos treinta años, hay datos más o menos legendarios.

De sus peregrinaciones por las ciudades de Castilla se sabe poco. Esta época de los iluminados, en el primer tercio del siglo XVI, fué un momento de agitación religiosa en España. Había muchos motivos de inquietud, primeramente la influencia de los judíos conversos, a los que se llamaba los marranos. Los conversos tendían a entrar en la Iglesia con grandes prerrogativas. Así, al final del siglo anterior, un rabino, Salemoh Halevi, convertido al cristianismo, fundó una verdadera dinastía eclesiástica, fue obispo de Burgos bajo el nombre de Pablo de Santa María, y su hijo Alonso de Cartagena lo fue también.

Además de los conversos se habían producido varias sectas místicas, la de los alumbrados, dejados, perfectos, que se reunían en conventículos. Se intentaba una reforma religiosa, y la influencia de Erasmo y la traducción de su «Enchiridion» al castellano, hacia 1526, había producido un enorme efecto en toda España. El «Enchiridion militis christiani» o «Manual del caballero cristiano» se hizo popularísimo.

[►Enchiridion, Manual of the Christian Knight, en inglés, descargar.  Advierto al lector, que no se trata de una obra demasiado amena para nuestro gusto actual… AGL]

 El Estado y la Inquisición, por otra parte, impregnada de semitismo, pues entre los frailes Jerónimos había muchos conversos, habían decidido practicar la investigación que se llamaba la limpieza de sangre.

Todo en la época vibraba en un sentido de emoción religiosa, y los conversos Zapata, Alcáraz, Vergara, los erasmistas, como Maldonado, Juan de Valdés y Francisco de Osuna, los que tenían cierta simpatía por la figura de Lutero, que iba destacándose en el mundo, producían un ambiente de inquietud.

En esta época de alumbrados, dejados y perfectos había oradores que predicaban en los atrios de las iglesias, en las ermitas, en los campos y en las plazas; fue un tiempo sin duda muy curioso en que germinaba una reforma religiosa próxima a la herejía de doctrinas secretas y que producía gran desconfianza en los inquisidores.

¿Es por estudio en los libros, o es por inspiración divina por lo que usted predica? — preguntaban los teólogos de la Inquisición o sus familiares a los místicos ambulantes.

Si el preguntado contestaba que era por estudio, le pedían sus títulos universitarios; si decía que era por inspiración divina, lo consideraban próximo al iluminismo y estaba expuesto a ir a las cárceles del Santo Oficio.

La Inquisición de España no sólo perseguía la herejía en el interior del Reino, sino también fuera de él; así, años después, intentó atraer con engaños a Miguel Servet. Este punto lo ha aclarado el profesor de la Sorbona Marcel Bataillon.

El cura Pey Ordeix buscó en los procesos inquisitoriales de alumbrados, dejados y perfectos, el nombre de Loyola, pero no lo encontró;  a veces pensaba si se le podría identificar con un Recalde vasco que aparecía en estos procesos.

La marcha de Loyola a París, el motivo de ésta, sus amistades, sus estudios, sus conocimientos, la captación de algunos de sus compañeros brillantes como ►Francisco Javier, [AGL. hidalgo verdadero de la nobleza navarra y que predicó en China y Japón ] todo ello no está muy claro; luego ya, al ir a Roma, la vida del santo entra en una zona de claridad y se la conoce con toda clase de detalles.

Respecto a los «Ejercicios espirituales», hay ya mucho escrito sobre ello y está bastante aclarado.

Los eruditos han trabajado con ahínco y han señalado las fuentes y las imitaciones de este libro.

Para mí, el caso de Loyola tiene una explicación étnica e histórica que no la doy, naturalmente, más que como una hipótesis.

Veamos la parte étnica. Según los antropólogos, en el país vasco hay tres tipos principales: el ibero, o berberisco, el kimri germánico centroeuropeo y el lapón (Aranzadi).

Yo creo que en Guipúzcoa, la provincia más pequeña de España, hay más tipos étnicos aun. Creo que se puede encontrar un hombre alto, moreno y fuerte; un hombre bajo, pequeño, moreno, seco y aguileño; un hombre rubio y corpulento de cabeza larga; un hombre moreno y corpulento de cabeza redonda, y ese tipo de aire lapón, de que habla Aranzadi.

Saber o pretender saber de dónde proceden primitivamente esos tipos es imposible; los que no creemos gran cosa en los arios ni en los semitas, ni tampoco en Sem, Cam y Jafet, no nos vamos a preocupar del origen lejano de esas gentes.

Como suposición un poco fantástica podríamos admitir que ese tipo alto, moreno y fuerte sería descendiente del hombre de las cavernas del Magdaleniense, artista y poco religioso. De esa capa podrían venir los Zurbarán y los Goya, que tienen origen vasco.

El hombre pequeño, moreno, seco, que abunda más en Navarra que en el país vasco, podría ser el capsiense; este capsiense, pariente del ibero o berberisco, es un producto africano que vino por Almería (El Algar), que trajo la civilización del cobre, que cruzó España por el lado este y subió por Francia hasta el norte de Europa. Era una raza violenta y apasionada que se caracterizaba en gran parte por ser comedores de caracoles. Se puede seguir todavía el rastro de los capsienses, por la afición o no afición que hay a comer caracoles. En el país vasco no hay afición por ello; donde la hay, ha habido, sin duda, una infiltración de los capsienses.

La raza capsiense era una variante de la del Mediterráneo como la de los ligures, iberos, judíos, fenicios, árabes, etc.

San Ignacio, por su aspecto físico y por su aspecto moral, era de la raza de los capsienses, comedores de caracoles.

La razón histórica de la furia y del tesón de Ignacio radicaba en que el cristianismo era y es muy moderno en el país vasco. Yo afirmé esto hace años en un artículo, y me escribieron cuatro o cinco cartas irritadas algunos vascófilos clericales. Tiempo después, un historiador malogrado, creo que jesuíta, García Villada, dijo lo mismo con datos históricos. Según él, en el país vasco, con relación a su cristianización, había que separar la urbe y el vico. En la urbe había comenzado el cristianismo hacia el siglo XI; en el vico, o sea, en el campo, hacia el siglo XIII o XIV. Es decir que, cuando vivió San Ignacio, el cristianismo no llevaba en el interior del país vasco arriba de doscientos o trescientos años. Esto hacía que estuviera en un período de incubación y que el santo tuviera la fe de un neófito.

La modernidad de la fe, unida al carácter apasionado, es lo que creo yo que da el carácter a San Ignacio. Pequeño, viejo, raído, cojo, enfermo del hígado, en ocasiones con ocena, es decir, con un aliento pestilente, sin cultura profunda, Loyola tenía que luchar con teólogos llenos de ciencia y de protección oficial y no sólo luchó con ellos, sino que los venció. Era la energía y la fibra del capsiense. Se puede llegar a la inteligencia por la pasión o por el fanatismo, como se puede llegar también por la frialdad y por el juicio.

Otro carácter lógico de San Ignacio era que tenía simpatía por los judíos. Es natural que un cristiano ferviente la tenga. El padre Lecina, que era un historiador jesuita de edad, a quien yo encontraba en Madrid en una librería de viejo, me decía que en una de sus cartas San Ignacio asegura que no le disgustaría ser de la raza de San José y de la Virgen. Esto es natural en un cristiano y en un católico, y más si como él se ha convivido con conversos y si se tiene en la misma orden hombres como Láinez, como Polanco, como el mismo Nadal y como otros muchos sospechosos de ser de la familia judía. Además, su comunidad étnica de capsiense lo inclina a esta simpatía.

Hay que reconocer que en el fondo San Ignacio es un realista, un materialista terrible. Es un comedor de caracoles. Un capsiense. Esto le da un carácter semítico, lo hace parecido a Mahoma. Por ese sentido materialista se aproxima a los comunistas y totalitarios actuales. Se dice que Stalin lee con frecuencia los «Ejercicios de San Ignacio». No es nada extraño; son un manual de psicología práctica y de materialismo realista.

La influencia de San Ignacio gravitó sobre la espiritualidad española; la inquietud desapareció y el espíritu religioso se convirtió en algo duro, pesado y mecánico. Se había luchado contra el monoteísmo primario del moro desharrapado física y espiritualmente, contra el concepto miserable y pobre del judío, y se caía en lo mismo: en la sequedad y en la unidad, en todo lo que parece vida y es muerte, pesadez y rutina. Se acabó toda posibilidad de filosofía, se exterminó toda posibilidad de libertad de pensamiento, ya no quedó más que la ironía, y como en la raza sobrevivía aún un fondo de genialidad y de paganismo primitivo que no pudieron matar ni los judíos dogmáticos ni los comedores de caracoles, aparece Cervantes con su sonrisa dolorosa ocultando sus lacras y convirtiéndolas en motivo de burla.

———————————————–

[ AGL. Hasta aquí el capítulo de Baroja, intenté incrustarlo como ePub para no ponerlo en el texto, pero las limitaciones del sistema que uso me lo impidieron, así quede eso. ]

.

PARA SABER MÁS

La literatura de y sobre y contra los jesuitas es inmensa, destaquemos acá

Los ejercicios espirituales

The spiritual exercises of St. Ignatius of Loyola
by Ignatius, of Loyola, Saint, 1491-1556; Roothaan, Joannes Philippus, 1785-1853; Seager, Charles, 1808-1878; Wiseman, Nicholas Patrick, 1802-1865

Ejercicios Espirituales
de   San Ignacio de Loyola

Autobiografía

.

☼  The ►Monita Secreta (also known as: Secret Instructions of the Jesuits, or the Secret Instructions of the Society of Jesus) was a feigned code of instructions alleged to be addressed by Claudio Acquaviva, the fifth general of the Society of Jesus, to its various superiors, and laying down methods to be adopted for the increase of its power and influence.

Por supuesto no hay página en Wikipedia en español sobre ella, la güikipedia está monopolizada por los jesuitas y el opus.

La monita secreta son instrucciones secretas para medrar, su lectura ilustrará al joven sobre las cosas como son, no como debieran ser, y es la observación de la verdadera forma de actuar de la sociedad de los jesuitas, y de todas las sociedades secretas parecidas, que en Sinapia mandan y medran, como es notorio, así que su lectura es muy iluminante, vea.  Puede descargarse, en inglés, de acá:

► Monita Secreta

tras pasar algunos controles, esto es ¡cosa secreta!

La Monita Secreta

No comprende el joven porqué esta distancia entre los principios que les inculcan sus mayores, la enseñanza de severos profesores que los llaman al idealismo, al sacrificio, al estudio, a darlo todo por la patria y el bien de la humanidad, los discursos entusiasmantes de estos líderes -vendedores de ilusiones- y la realidad corrupta, vil, falsaria: criminal y visible a los ojos. …

,,

Por Armando

2 comentarios en «100 mejores libros no-Ficción, 5, ‘San Ignacio de Loyola y los Comedores de Caracoles’»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.